¡Jesús, en Ti confío!
 

Palabras de Jesús más importantes del diario de Santa Faustina Kowalska

“Esta imagen ha de recordar las exigencias de Mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte que sea, es inútil” (Diario, 742).

Así comprendido el culto a la imagen, a saber, la actitud cristiana de confianza y misericordia, vinculó el Señor Jesús promesas especiales de: la salvación eterna, grandes progresos en el camino hacia la perfección cristiana, la gracia de una muerte feliz, y todas las demás gracias que le fueren pedidas con confianza. “Por medio de esta imagen colmare a las almas con muchas gracias. Por eso quiero, que cada alma tenga acceso a ella” (Diario, 570).

Las promesas extraordinarias que el Señor Jesús vinculo a la Fiesta demuestran la grandeza de la misma. “Quien se acerque ese día a la Fuente de Vida – dijo Cristo – recibirá el perdón total de las culpas y de las penas” (Diario, 300). “Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre aquellas almas que se acercan al manantial de Mi misericordia; (….) que ningún alma tenga miedo de acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata” (Diario, 699).

Para poder recibir estos grandes dones hay que cumplir las condiciones de la devoción a la Divina Misericordia (confiar en la bondad de Dios y amar activamente al prójimo), estar en el estado de gracia santificante (después de confesarse) y recibir dignamente la Santa Comunión. “No encontrará alma ninguna la justificación – explicó Jesús – hasta que no se dirija con confianza a Mi misericordia y por eso el primer domingo después de la Pascua ha de ser la Fiesta de la Misericordia. Ese día los sacerdotes deben hablar a las almas sobre Mi misericordia infinita” (Diario, 570).

La Hora de la Misericordia. En octubre de 1937, en unas circunstancias poco aclaradas por Sor Faustina, el Señor Jesús encomendó adorar la hora de su muerte: “Cuantas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y, especialmente, para los pobres pecadores, ya que en ese momento, se abrió de par en par para cada alma” (Diario, 1572).

El Señor Jesús definió bastante claramente los propios modos de orar de esta forma de culto a la Divina Misericordia. “En esa hora – dijo a Sor Faustina – procura rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo permitan tus deberes; y si no puedes rezar el Vía Crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que esta lleno de misericordia. Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante” (Diario, 1572).

“Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo, ni excusarte, ni justificarte” (Diario, 742). Cristo desea que sus devotos hagan al día por lo menos un acto de amor hacia el prójimo.

19. (…) Vi a la Madre de Dios que visitaba a las almas en el Purgatorio, Las almas llaman a Maria “La Estrella del Mar”. Ella les trae alivio. Deseaba hablar más con ellas, sin embargo mi Ángel de la Guarda me hizo seña de salir. Salimos de esa cárcel de sufrimiento. [Oí una voz interior que me dijo: Mi misericordia no lo desea, pero la justicia lo exige. A partir de aquel momento me uno más estrechamente a las almas sufrientes


30. Una vez, estaba yo reflexionando sobre la Santísima Trinidad, sobre la esencia divina. Quería penetrar y conocer necesariamente, quién era este Dios… En un instante mi espíritu fue llevado como al otro mundo, vi un resplandor inaccesible y en él como tres fuentes de claridad que no llegaba a comprender. De este resplandor salían palabras en formas de rayos y rodeaban el cielo y la tierra. No entendí nada de ello, me entristecí mucho. De repente del mar del resplandor inaccesible, salió nuestro amado Salvador de una belleza inconcebible, con las llagas resplandecientes. Y de aquel resplandor se oyó la voz: Quién es Dios en su esencia, nadie lo sabrá, ni una mente angélica ni humana. Jesús me dijo: Trata de conocer a Dios a través de meditar sus atributos. Tras un instante, Jesús trazó con la mano la señal de la cruz y desapareció.

44. Un día Jesús me dijo: Abandonaré esta casa…porque hay cosas que no Me gustan en ella.

48. Prometo que el alma que venera esta imagen no perecerá. También prometo, ya aquí en la tierra, la victoria sobre los enemigos y, sobre todo, a la hora de la muerte. Yo Mismo la defenderé como Mi gloria.

50. Deseo que los sacerdotes proclamen esta gran misericordia que tengo a las almas pecadoras. Que el pecador no tenga miedo de acercase a Mi. Me queman las llamas de la misericordia, deseo derramarlas sobre las almas humanas.

Jesús se quejó conmigo con estas palabras: La desconfianza de las almas desgarra Mis entrañas. Aún mas Me duele la desconfianza de las almas elegidas; a pesar de Mi amor inagotable no confían en Mí. Ni siquiera Mi muerte ha sido suficiente para ellas. ¡Ay de las almas que abusen de ella!

85. El viernes, después de la Santa Comunión fui trasladada en espíritu delante del trono de Dios. Delante del trono de Dios vi. las Potencias Celestiales que adoran a Dios sin cesar. Más allá del trono vi. una claridad inaccesible a las criaturas; allí entra solamente el Verbo Encarnado como Intercesor. Cuando Jesús entro en esa claridad, oí estas palabras: Escribe en seguida lo que vas a oír: Soy el Señor en Mi Esencia y no conozco mandatos ni necesidades. Si llamo a las criaturas a la vida, esto es el abismo de Mi misericordia. En aquel mismo momento me vi. en nuestra capilla, como antes en mi reclinatorio. La Santa Misa terminó. Ya tenía escritas estas palabras.

86. Cuando vi cuanto mi confesor [66] debía sufrir a causa de la obra que Dios realizaba a través de el, me espanté durante un momento y dije al Señor Jesús, después de todo esta obra es Tuya, pues ¿por qué (36) Te portas con él de tal modo que parece que se la dificultas, mientras exiges que la lleve adelante?

Escribe que día y noche Mi mirada descansa sobre él y permito estas contrariedades para multiplicar sus meritos. Yo no recompenso por el resultado positivo sino por la paciencia y el trabajo emprendido por Mí.

87. Cuando iba con las alumnas [67] de la huerta a cenar, eran las seis menos diez, vi. al Señor Jesús encima de nuestra capilla bajo la misma apariencia que tenía cuando lo había visto por primera vez. Tal y como está pintado en esta imagen. Esos dos rayos que salían del Corazón de Jesús, envolvieron nuestra capilla y la enfermería y después toda la ciudad y se extendieron sobre el mundo entero. Eso duro quizás unos cuatro minutos y desapareció. Una de las jovencitas que estaba junto a mí, un poco detrás de las otras, también vio esos rayos, pero no vio a Jesús ni vio de donde esos rayos salían. Quedo muy impresionada y [lo] contó a otras muchachas. Las muchachas empezaron a reírse de ella, [diciendo] que fue una alucinación o tal vez la luz de un aeroplano, pero ella se obstinaba fuertemente en su opinión y decía que nunca en su vida había visto tales rayos. Cuando las jovencitas le reprochaban que a lo mejor era un reflector, ella contesto que conocía la luz del reflector. Rayos como aquellos nunca los había visto. Después de la cena esa muchacha se dirigió a mí y me dijo que esos rayos la habían impresionado tanto que no conseguía calmarse; habría hablado continuamente de ello, sin embargo no vio al Señor Jesús. Y me recordaba esos rayos sin cesar poniéndome así en cierta dificultad, dado que no le podía decir que había visto al Señor Jesús. Oré por esa querida alma pidiendo que el Señor le concediera las gracias que ella tanto necesitaba. Mi corazón se alegró porque Jesús Mismo se hace conocer en su obra. Aunque por ese motivo tuve grandes disgustos, no obstante por Jesús se puede soportar todo.

90. Un día vi interiormente lo mucho que iba a sufrir mi confesor. Los amigos lo abandonarán y todos se opondrán a usted y las fuerzas físicas disminuirán. Lo vi como un racimo de uva elegido por el Señor y arrojado bajo la prensa de los sufrimientos, su alma. Padre, en algunos momentos estaré llena de dudas respecto a mi y a esta obra. Y vi como si Dios Mismo le fuera contrario, y pregunté al Señor ¿por qué se portaba así con el?, como si le dificultara lo que le encomendaba. Y el Señor dijo: Me porto así con el para dar testimonio de que esta obra es Mía. Dile que (38) no tenga miedo de nada, Mi mirada esta puesta en él, día y noche. En su corona habrá tantas coronas cuantas almas se salvaran a través de esta obra. Yo no premio por el éxito en el trabajo sino por el sufrimiento.

93. Resumen del Catecismo de los votos religiosos [69]:

El voto de castidad

P. ¿A qué obliga este voto?

R. A renunciar al matrimonio y a evitar todo lo que está prohibido por el sexto y el noveno mandamientos.
P. ¿La falta contra la virtud es una violación del voto?
R. Cualquier falta contra la virtud es a la vez una violación del voto, porque en esto no hay tal diferencia entre el voto y la virtud como en la pobreza y en la obediencia.
(42) P. ¿Todo pensamiento malo es pecado?
R. No todo pensamiento malo es pecado, pero llega a serlo solamente cuando a la reflexión de la mente se una la conformidad de la voluntad y el consentimiento.
P. ¿Además de los pecados contra la castidad hay algo mas que perjudica la virtud?
R. La virtud se ve perjudicada por la falta de control de los sentidos de la imaginación, y de los sentimientos, la familiaridad y las amistades sentimentales.
P. ¿Cuáles son los métodos para conservar la virtud?
R. Combatir las tentaciones interiores con la presencia de Dios y además luchar sin temor. En cuanto a las tentaciones exteriores, evitando las ocasiones. En total hay siete métodos principales. El primero, la guarda de los sentidos, y [luego] evitar las ocasiones, evitar el ocio, alejar prontamente las tentaciones, evitar cualquier amistad y especialmente las particulares, [cultivar] el espíritu de mortificación, revelar las tentaciones al confesor.

Además hay cinco medios para conservar la virtud: la humildad, el espíritu de oración, la observancia de la modestia, la fidelidad a la regla, una devoción sincera a la Santísima Virgen Maria.

156. Una vez deseaba mucho acercarme a la Santa Comunión, pero tenia cierta duda y no me acerqué. Sufrí terriblemente a causa de ello. Me parecía que el corazón se me reventaría del dolor. Cuando me dedique a mis tareas, con el corazón lleno de amargura, de repente Jesús, se puso a mi lado y me dijo: Hija Mía, no dejes la Santa Comunión, a no ser que sepas bien de haber caído gravemente, fuera de esto no te detengan ningunas dudas en unirte a Mi en Mi misterio de amor. Tus pequeños defectos desaparecerán en Mi amor como una pajita arrojada a un gran fuego. Debes saber que Me entristeces mucho, cuando no Me recibes en la Santa Comunión.

157. Por la noche, al entrar en la pequeña capilla, oí en el alma estas palabras: Hija Mía, considera estas palabras: y sumido en la angustia, oraba más tiempo. Cuando empecé a reflexionar mas profundamente sobre ellas, mucha luz me ilumino que de tal fatigosa oración depende a veces nuestra salvación.

158. Cuando fui a Kiekrz [87], para sustituir algún tiempo a una de las hermanas [88], una tarde atravesé la huerta y me detuve a la orilla del lago, y durante un largo momento me quedé pensando en aquel elemento de la naturaleza. De repente vi a mi lado al Señor Jesús que me dijo amablemente: Lo he creado todo para ti, esposa Mía, y has de saber que todas las bellezas son nada en comparación con lo que te he preparado en la eternidad. Mi alma fue inundada de un consuelo tan grande que me quedé allí hasta la noche y me pareció que estuve un breve instante. Aquel día lo tenia libre, destinado al retiro espiritual de un día [89], (75) pues tenia plena libertad para dedicarme a la oración. Oh, que infinitamente bueno es Dios, nos persigue con su bondad. Con mucha frecuencia el Señor me concede las mayores gracias cuando yo no las espero en absoluto.

160. (…) Cuando tenía la Hostia (76) en las manos, sentí tanta fortaleza del amor que durante el día entero no pude comer nada, ni recobrar el conocimiento. De la Hostia oí estas palabras: Deseaba descansar en tus manos, no solamente en tu corazón, y de repente en aquel momento vi al Niño Jesús. Pero al acercarse el sacerdote, otra vez vi la Hostia.

184. La Hora Santa. Durante esta hora procuraba meditar la Pasión del Señor. No obstante mi alma fue inundada de gozo y de repente ví al pequeño Niño Jesús. Y su Majestad me penetró y dije: Jesús, Tú eres tan pequeño, pero yo sé que Tú eres mi Creador y Señor. Y Jesús me contestó: Lo soy y trato contigo como un niño para enseñarte la humildad y la sencillez.

188. En los últimos días de carnaval, mientras celebraba la Hora Santa, vi. Al Señor Jesús sufriendo la flagelación. ¡Oh, que suplicio inimaginable! Cuán terriblemente sufrió Jesús durante la flagelación. ¡Oh pobres pecadores! ¿cómo se encontrarán el día del juicio, con este Jesús a quien ahora están torturando tanto? Su Sangre fluyó sobre el suelo y en algunos puntos la carne empezó a separarse. Y vi en la espalda algunos de sus huesos descarnados… Jesús emitía un gemido silencioso y un suspiro.

198. Una vez el Señor me dijo: Hija Mía, tu confianza y tu amor impiden Mi justicia y no puedo castigar porque Me lo impides. Oh. Cuanta fuerza tiene el alma llena de confianza.


215. Hija Mía, quédate tranquila, Me encargo de todos los asuntos. Yo Mismo los resolveré con las Superioras y con el confesor. Habla con el Padre Andrasz con la misma sencillez y confianza con la que hablas Conmigo.

290. Un día, cuando estaba muy conmovida por la eternidad y sus misterios, mi alma empezó a tener miedo y después de reflexionar un momento mas, empezaron a atormentarme varias dudas. Entonces Jesús me dijo: Niña Mía, no tengas miedo de la casa de tu Padre. Deja a los sabios de este mundo las investigaciones inútiles. Yo quiero verte siempre como una niña pequeña. Pregúntale todo con sencillez a tu confesor y Yo te contestaré por su boca.

291. En cierta ocasión conocí a una persona que pensaba cometer un pecado grave. Pedí al Señor que me enviara los peores tormentos, para que aquella alma fuera preservada. (128) De repente sentí en la cabeza el atroz dolor de la corona de espinas. Eso duró bastante tiempo, pero aquella persona permaneció en la gracia de Dios. Oh Jesús, que fácil es santificarse; es necesario solamente un poco de buena voluntad. Si Jesús descubre en el alma ese poquito de buena voluntad, entonces se apresura a entregarse al alma y nada puede detenerlo, ni los errores, ni las caídas, nada en lo absoluto. Jesús tiene prisa por ayudar a esa alma, y si el alma es fiel a esta gracia de Dios, entonces en muy poco tiempo puede llegar a la máxima santidad a la que una criatura puede llegar aquí en la tierra. Dios es muy generoso y no rehúsa a nadie su gracia, da más de lo que nosotros le pedimos. La fidelidad en el cumplimiento de las inspiraciones del Espíritu Santo es el camino mas corto.

292. Cuando un alma ama sinceramente a Dios, no debe temer nada en su vida espiritual. Que se someta a la influencia de la gracia y que no ponga límites a la unión con el Señor.

293. Cuando Jesús me fascinó con su belleza y me atrajo a si, entonces vi. lo que no le agradaba en mi alma y decidí eliminarlo a toda costa y con la ayuda de la gracia lo eliminé en seguida. Esta generosidad le agrado al Señor y desde aquel momento Dios empezó a concederme gracias superiores. No hago ningunos razonamientos en la vida interior, no analizo nada por cuales caminos me lleva el Espíritu Divino; me basta saber que soy amada y que yo amo

303. Una vez, cuando tenía un gran sufrimiento, dejé mi trabajo para correr a Jesús y pedirle que me ayudara. Después de una corta plegaria volví al trabajo llena de entusiasmo y alegría. En ese momento una hermana me dijo: Sin duda, hermana, usted tiene hoy muchas consolaciones, dado que está tan radiante. Dios seguramente no le da ningún sufrimiento, sino exclusivamente consolaciones. Contesté: Usted, hermana, está equivocada, ya que justamente cuando sufro mucho, mi gozo es mayor, mientras que cuando sufro poco, también mi gozo es mas pequeño. Pero aquella alma me daba a entender que no me comprendía. Traté de explicárselo: Cuando sufrimos mucho, tenemos una gran oportunidad de demostrarle a Dios que lo amamos, mientras cuando sufrimos poco, tenemos poca posibilidad de demostrar a Dios nuestro amor y cuando no sufrimos nada, entonces nuestro amor no es grande ni puro. Con la gracia de Dios podemos llegar [al punto] en que el sufrimiento se transformará para nosotros en gozo, puesto que el amor sabe hacer tales cosas en las almas puras.

307. (133) + 1934. Una vez, durante la Cuaresma, encima de nuestra capilla y de nuestra casa, vi. una gran claridad y una gran oscuridad. Vi la lucha de estas dos potencias…



308. Jueves Santo. Jesús me dijo: Deseo que te ofrezcas como victima por los pecadores y, especialmente, por las almas que han perdido la esperanza en la Divina Misericordia.

313. Una vez, cuando estaba en [el taller] de aquel pintor [135] que pintaba esa imagen, vi. que no era tan bella como es Jesús. Me afligí mucho por eso, sin embargo lo oculté profundamente en mi corazón. Cuando salimos del taller del pintor, la Madre Superiora [136] se quedó en la ciudad para solucionar diferentes asuntos, yo volví sola a casa. En seguida fui a la capilla y lloré muchísimo. ¿Quién te pintará tan bello como Tú eres? Como respuesta oí estas palabras: No en la belleza del color, ni en la del pincel, está la grandeza de esta imagen, sino en Mi gracia.

314. En cierta ocasión, cuando por la tarde fui a la huerta, el Ángel Custodio me dijo: Ruega por los agonizantes. Comencé en seguida el rosario por los agonizantes junto con las jovencitas que ayudaban en la huerta. Terminando el rosario rezamos varias invocaciones por los agonizantes. Terminadas las plegarias, las alumnas se pusieron a hablar alegremente. (135) A pesar del ruido que hacían oí en el alma estas palabras: Ruega por mí. Como no lograba entender bien estas palabras, me alejé unos pasos de las alumnas, pensando en ¿quién podría ser aquel que me hacia rezar? De repente oí estas palabras: Soy Sor [137]…. Esa hermana estaba en Varsovia, mientras yo estaba entonces en Vilna. Ruega por mí hasta que te diga cesar. Estoy agonizando. En seguida empecé a orar con fervor por ella al Corazón agonizante de Jesús y, sin descansar, rogué así desde las tres hasta las cinco de la tarde. A las cinco oí esta palabra: Gracias. Entendí que ya había muerto. No obstante, al día siguiente, durante la Santa Misa rogué con fervor por su alma. Por la tarde llegó una tarjeta que decía que la hermana … había fallecido a tal hora. Me di cuenta de que era la misma hora en la que me dijo ruega por mi.

316. Una vez me visitó la Virgen Santísima. Estaba triste con los ojos clavados en el suelo; me dio a entender que tenía algo que decirme, pero por otra parte me daba a conocer como si no quisiera decírmelo. Al darme cuenta de ello, empecé a pedir a la Virgen que me lo dijera y que volviera la mirada hacia mí. En un momento Maria me miró sonriendo cordialmente y dijo: Vas a padecer ciertos sufrimientos a causa de una enfermedad y de los médicos, además padecerás muchos sufrimientos por esta imagen, pero no tengas miedo de nada. Al día siguiente me puse enferma y sufrí mucho, tal y como me lo había dicho la Virgen, pero mi alma está preparada para los sufrimientos. El sufrimiento es el compañero permanente de mi vida.

318. A veces, después de la Santa Comunión, siento la presencia de Dios de modo particular, sensible. Siento que Dios está en mi corazón. Y el hecho de sentir a Dios en el alma, no me impide en absoluto cumplir mis tareas; aún cuando realizo los más importantes asuntos que requieren atención, no pierdo la presencia de Dios en el alma y quedo estrechamente unida a Él. Con Él voy al trabajo, con Él voy al recreo, con Él sufro, con Él gozo, vivo en Él y Él en mi. No estoy nunca sola, ya que Él es mi compañero permanente. Siento su presencia en cada momento. Nuestra familiaridad es estrecha a causa de la unión de la sangre y de la vida.

319. 9 VIII 1934. La adoración nocturna del jueves [138]. Hice la adoración desde las once hasta las doce. Hice esta adoración por la conversión de los pecadores empedernidos y especialmente por los que perdieron la esperanza en la Divina Misericordia. Meditaba sobre lo mucho que Dios sufrió y lo grande que es el amor que nos mostró, y nosotros no creemos que Dios nos ama tanto. Oh Jesús, ¿Quién lo comprenderá? ¡Qué dolor para nuestro Salvador! Y ¿Cómo puede convencernos de su amor si [su] muerte no llega a convencernos? Invité a todo el cielo a que se uniera a mi para compensar al Señor la ingratitud de ciertas almas.

320. Jesús me enseñó cuánto le agrada la plegaria reparadora; me dijo: La plegaria de un alma humilde y amante aplaca la ira de Mi Padre y atrae un mar de bendiciones. Después de la adoración, a medio camino hacia mi celda, fui cercada por una gran jauría de perros negros, enormes, que saltaban y aullaban con una intención de desgarrarme en pedazos. Me di cuenta de que no eran perros sino demonios. Uno de ellos dijo con rabia: Como esta noche nos has llevado muchas almas, nosotros te desgarraremos en pedazos. Contesté: Si tal es la voluntad de Dios misericordiosísimo, desgárrenme en pedazos, porque me lo he merecido justamente, siendo la más miserable entre los pecadores y Dios es siempre santo, justo e infinitamente misericordioso. A estas palabras, los demonios todos juntos contestaron: Huyamos porque no está sola, sino que el Todopoderoso está con ella. Y desaparecieron del camino como polvo, como rumor, mientras yo tranquila, terminando el Te Deum, iba a la celda contemplando la infinita e insondable misericordia Divina.

323. Recibidos los últimos santos sacramentos, se produjo una mejoría total. Me quedé sola, eso duró una media hora y el ataque se repitió, pero ya no tan fuerte, porque el tratamiento medico lo impidió.

Mis sufrimientos los uní a los sufrimientos de Jesús y los ofrecí por mí y por la conversión de las almas que no confiaban en la bondad de Dios. De repente mi celda se llenó de figuras negras, llenas de furia y de odio hacia mí. Una de ellas dijo: Maldita tú y Aquel que está en ti, porque ya empiezas a atormentarnos en el infierno. En cuanto pronuncié: Y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros, en seguida esas figuras desaparecieron ruidosamente.

324. (…) Y dije a Jesús: Jesús, pensé que me ibas a llevar. Y Jesús me contestó: Aun no se ha cumplido plenamente Mi voluntad en ti; te quedaras todavía en la tierra, pero no mucho tiempo. Me agrada mucho tu confianza, pero el amor ha de ser más ardiente. (138) El amor puro da fuerza al alma en la agonía misma. Cuando agonizaba en la cruz, no pensaba en Mí, sino en los pobres pecadores y rogaba al Padre por ellos. Quiero que también tus últimos momentos sean completamente semejantes a los Míos en la cruz. Hay un solo precio con el cual se compran las almas, y éste es el sufrimiento unido a Mi sufrimiento en la cruz. El amor puro comprende estas palabras, el amor carnal no las comprenderá nunca.

325. Año 1934. El día de la Asunción de la Santísima Virgen no fui a la Santa Misa. La doctora [139] no me lo permitió, pero oré con fervor en la celda. Poco después vi. a la Virgen que era de una belleza indescriptible y que me dijo: Hija mía, exijo de ti oración, oración y una vez más oración por el mundo, y especialmente por tu patria. Durante nueve días recibe la Santa Comunión reparadora, únete estrechamente al sacrificio de la Santa Misa. Durante estos nueve días estarás delante de Dios como una ofrenda, en todas partes, continuamente, en cada lugar y en cada momento, de día y de noche, cada vez que te despiertes, ruega interiormente. Es posible orar interiormente sin cesar.

327. (…) Ofrezco a los hombres un recipiente con el que han de venir a la Fuente de la Misericordia para recoger gracias. Ese recipiente es esta imagen con la firma: Jesús, en Ti confío.

331. (…) una noche pedí al Señor Jesús que me diera los puntos para la meditación del día siguiente [142]. Recibí la respuesta: Medita sobre el profeta Jonás y sobre su misión.

Agradecí al Señor, pero dentro de mí empecé a pensar: Que meditación tan diferente (140) de otras. Sin embargo, con toda la fuerza del alma trataba de meditar y en aquel profeta me descubrí a mi, en el sentido de que yo también con frecuencia me excusaba delante de Dios [diciendo] que otra persona podría cumplir mejor su santa voluntad, sin entender que Dios lo puede todo, que tanto mas destaca todo su poder, cuanto mas mísero es el instrumento que utiliza. Dios me lo explicó.

332. Jueves. Al empezar la Hora Santa, quería sumergirme en la agonía de Jesús en el Huerto de los Olivos. De repente oí en el alma la voz: Medita los misterios de la Encarnación. Y de pronto, delante de mí apareció el Niño Jesús de una belleza resplandeciente. Me dijo cuánto agradaba a Dios la sencillez del alma. Aunque Mi grandeza es inconcebible, trato solamente con los pequeños, exijo de ti la infancia del espíritu.

333. Ahora veo claramente cómo Dios obra por medio del confesor y cómo es fiel a sus promesas. Hace dos semanas el confesor me ordenó meditar sobre la infancia del espíritu. Al principio eso me resultaba algo difícil, sin embargo, el confesor sin hacer caso a mi dificultad, me ordenó continuar la meditación sobre la infancia del espíritu. En la práctica esta infancia debe manifestarse así: El niño no se ocupa del pasado ni del futuro, sino que aprovecha el momento presente. Deseo destacar esta infancia del espíritu en usted, hermana, y doy a eso mucha importancia.

335. Una vez, al ver a Jesús bajo la apariencia de un niñito pequeño, pregunte: Jesús, ¿Por qué ahora tratas conmigo tomando el aspecto de un niñito pequeño? Después de todo, yo veo en Ti a Dios Infinito, al Creador y a mi Señor. Jesús me contesto que hasta que yo no aprendiera la sencillez y la humildad, trataría conmigo como a un niño pequeño.

347. Misa de Medianoche. En cuanto empezó la Santa Misa, el recogimiento interior empezó a adueñarse de mí, el gozo inundó mi alma. Durante el ofertorio vi. a Jesús en el altar, [era] de una belleza incomparable. Durante todo el tiempo el Niñito miró a todos, extendiendo sus manitas. Durante la elevación el Niñito no miraba hacia la capilla, sino hacia el cielo; después de la elevación volvió a mirarnos, pero muy poco tiempo, porque como siempre fue partido y comido por el sacerdote. Pero el delantalcito ya lo tenía blanco. Al día siguiente vi. lo mismo y al tercer día igual. Es difícil expresar la alegría que tenia en el alma. (146) Esta visión se repitió durante tres Santas Misas, igual como en las primeras.

349. Por la mañana, durante la meditación sentí una espina dolorosa en la parte izquierda de la cabeza; el dolor duró el día entero, pensé continuamente como Jesús había logrado soportar el dolor de tantas espinas que hay en la corona. Uní mis sufrimientos a los sufrimientos de Jesús y los ofrecí por los pecadores. A las cuatro, al venir a la adoración, vi a una de nuestras alumnas ofendiendo terriblemente a Dios con los pecados impuros de pensamiento. Vi también a cierta persona por la cual pecaba. Un temor atravesó mi alma y pedí a Dios, por los dolores de Jesús, que se dignara sacarla [de] esa horrible miseria. Jesús me contestó que le concedería la gracia no por ella, sino por mi plegaria; entonces comprendí cuánto deberíamos rogar por los pecadores y especialmente por nuestras alumnas.

358. No comprendo, cómo es posible no tener confianza en Aquel que lo puede todo; con Él todo y sin Él nada. Él, el Señor, no permitirá ni dejará que queden confundidos aquellos que han puesto en Él toda su confianza.

359. (151) 10 I 1935. + Jueves. Por la noche, durante la Bendición [149], comenzaron a atormentarme los pensamientos de este tipo: Todo lo que digo sobre esta gran misericordia de Dios ¿no es por casualidad una mentira o una ilusión?...y quería reflexionar sobre esto durante un momento; de repente oí una voz interior clara y fuerte: Todo lo que dices sobre Mi bondad es verdad y no hay expresiones suficientes para exaltar Mi bondad. Estas palabras fueron tan llenas de fuerza y tan claras que daría la vida por ellas, de que procedían del Señor. Las reconozco por una profunda serenidad que me acompañó en aquellos momentos y que quedó después. Esta serenidad me da una fortaleza y un poder tan grandes que nada son todas las dificultades y las contrariedades, y los sufrimientos, y la muerte misma. Esta luz me ha levantado un velo del misterio de que todos los esfuerzos que emprendo para que las almas conozcan la misericordia del Señor, son muy agradables a Dios y de eso viene a mi alma tanta alegría que no sé si en el paraíso puede haber mayor. ¡Oh, si las almas quisieran escuchar al menos un poco la voz de la conciencia y la voz, es decir la inspiración del Espíritu Santo! Digo: Al menos un poco, ya que si una vez nos dejamos influir por el Espíritu de Dios, Él Mismo completará lo que nos falte.

360. A Jesús le agrada participar en lo más pequeños detalles de nuestra vida y a veces cumple mis deseos secretos, aquellos que más de una vez le oculto a Él mismo, aunque sé que para Él no puede haber nada secreto.

362. Un día, durante la meditación matutina, oí esta voz: Yo Mismo soy tu guía, he sido, soy y seré; pero como Me pediste una ayuda visible, te la he dado. Lo había elegido antes de que Me lo pidieras, porque esto lo requiere Mi causa. Has de saber que las faltas que cometes contra él, hieren Mi Corazón; evita especialmente actuar a tu gusto, que en cada cosa mas pequeña haya un sello de la obediencia.
Con el corazón humillado y anonadado pedí el perdón al Señor Jesús por aquellas faltas. Pedí el perdón también al Padre espiritual y decidí más bien no hacer nada que hacer mucho y mal.

367. En cierta ocasión Jesús me hizo conocer que cuando le ruego por alguna intención que a veces me recomiendan, está siempre dispuesto a conceder sus gracias, pero las almas no siempre quieren aceptarlas. Mi Corazón esta colmado de gran misericordia para las almas y especialmente para los pobres pecadores. Oh, si pudieran comprender que Yo soy para ellas el mejor Padre, que para ellas de Mi Corazón ha brotado Sangre y Agua como de una fuente desbordante de misericordia; para ellas vivo en el tabernáculo; como Rey de Misericordia deseo colmar las almas de gracias, pero no quieren aceptarlas. Por lo menos tú ven a Mí lo más a menudo posible y toma estas gracias que ellas no quieren aceptar y con esto consolaras Mi Corazón. Oh, qué grande es la indiferencia de las almas por tanta bondad, por tantas pruebas de amor. Mi Corazón esta recompensado solamente con ingratitud, con olvido por parte de las almas que viven en el mundo. Tienen tiempo para todo, solamente no tienen tiempo para venir a Mi a tomar las gracias.

Entonces, Me dirijo a ustedes, almas elegidas, ¿tampoco ustedes entienden el amor de Mi Corazón? Y aquí también se ha desilusionado Mi Corazón: no encuentro el abandono total en Mi amor. Tantas reservas, tanta desconfianza, tanta precaución. Para consolarte te diré que hay almas que viven en el mundo, que Me quieren sinceramente en sus corazones permanezco con delicia, pero son pocas. También en los conventos hay almas que llena de alegría Mi Corazón. En ellas están grabados Mis rasgos y por eso el Padre Celestial las mira con una complacencia especial. Ellas serán la maravilla de los Ángeles y de los hombres. Su número es muy pequeño, ellas constituyen una defensa ante la Justicia del Padre Celestial e imploran la misericordia por el mundo. El amor y el sacrificio de estas almas sostienen la existencia del mundo. Lo que más dolorosamente hiere Mi Corazón es la infidelidad del alma elegida por mí especialmente; esas infidelidades son como espadas que traspasan Mi Corazón.

369. (…) Una hora de meditación de Mi dolorosa Pasión tiene mayor merito que un año entero de flagelaciones a sangre; la meditación de Mis dolorosas llagas es de gran provecho para ti y a Mí Me da una gran alegría. Me extraña que no hayas renunciado todavía completamente a tu propia voluntad, pero Me alegro enormemente de que este cambio se produzca durante los ejercicios espirituales.

378. (…) Pero Dios prometió una gran gracia, especialmente a ti y a todos [155] que proclamen esta gran misericordia Mía. Yo Mismo los defenderé en la hora de la muerte como Mi gloria aunque los pecados de las almas sean negros como la noche; cuando un pecador se dirige a Mi misericordia, Me rinde la mayor gloria y es un honor para Mi Pasión. Cuando un alma exalta Mi bondad, entonces Satanás tiembla y huye al fondo mismo del infierno.

379. Durante una adoración Jesús me prometió: Con las almas que recurran a Mi misericordia y con las almas que glorifiquen y proclamen Mi gran misericordia a los demás, en la hora de la muerte Me comportaré según Mi infinita misericordia.

Mi Corazón sufre, continuaba Jesús, a causa de que ni las almas elegidas entienden lo grande que es Mi misericordia; en su relación [conmigo] en cierto modo hay desconfianza. Oh, cuanto esto hiere mi Corazón. Recuerden Mi Pasión, y si no creéis en Mis palabras, creed al menos en Mis llagas.

381. Durante una meditación sobre la obediencia oí estas palabras: En esta meditación, el sacerdote habla [156] de modo especial para ti, has de saber que Yo Me presto su boca. Trate de escuchar con la mayor atención y todo lo aplicaba a mi corazón, tal como en cada meditación. Cuando el sacerdote afirmo que el alma obediente se llena de la fuerza de Dios… Si [157], cuando eres obediente, te quito tu debilidad y te doy Mi fortaleza. Me sorprende mucho que las almas no quieran hacer este cambio Conmigo. Dije al Señor: Jesús, ilumina Tú mi alma, ya que de lo contrario también yo entenderé muy poco de estas palabras.

383. Al comienzo de los ejercicios espirituales vi al Señor Jesús clavado en la cruz en el techo de la capilla, mirando con gran amor a las hermanas, pero no a todas. había tres hermanas a las cuales dirigió una mirada severa. No sé, no sé por que razón, sé solamente que es una cosa terrible ver tal mirada que es una mirada del Juez severo. Aquella mirada no me correspondía, sin embargo me paralizo el miedo; cuando lo escribo, tiemblo toda. No me atreví a decir a Jesús ni una sola palabra, las fuerzas físicas me abandonaron y pensé que no resistiría hasta el fin de la predica. Al día siguiente volví a ver lo mismo que la primera vez y me atreví a decir estas palabras: Oh Jesús, que grande es Tu misericordia. Al tercer día se repitió otra vez la misma mirada sobre todas las hermanas con gran benevolencia, excepto esas tres hermanas. Entonces, me llene de atrevimiento que venia del amor hacia el prójimo y dije al Señor: Tu eres la Misericordia misma, como Tu Mismo me has dicho, pues Te ruego por el poder de Tu misericordia, vuelve Tu mirada bondadosa también a esas tres hermanas y si esto no es según Tu Sabiduría, Te ruego hacer un cambio: Que Tu mirada bondadosa hacia mi alma sea para ellas y que Tu mirada severa hacia sus almas sea para mi. De súbito Jesús me dijo estas palabras: Hija Mía, por tu amor sincero y generoso les concedo muchas gracias, aunque ellas no Me las piden, pero por la promesa que te he hecho. Y en aquel momento envolvió también a esas tres hermanas con una mirada misericordiosa. De gran gozo palpitó mi corazón al ver la bondad de Dios.

390. Quien sabe perdonar, se prepara muchas gracias de parte de Dios. Siempre que mire la cruz, perdonare sinceramente.

401. (…) Una vecina trajo a su niño enfermo de los ojos, los cuales estaban llenos de pus y me dijo: Hermana, tómalo en brazos un momento. La naturaleza sentía aversión, pero sin reparar en nada, tomé en brazos y besé dos veces los purulentos ojos del niño y pedí a Dios por la mejoría. Tuve muchas ocasiones para ejercitarme en la virtud. Escuché a todos que decían sus quejas y advertí que no había corazones alegres, porque no había corazones que amaran sinceramente a Dios, y no me sorprendía nada. Me afligí mucho de que no pudiera ver a mis dos hermanas. Sentí interiormente en que gran peligro se encontraban sus almas. El dolor estrechó mi corazón solo al pensar en ellas. Una vez, al sentirme muy cerca de Dios, pedí ardientemente al Señor la gracia para ellas y el Señor me contestó: Les concedo no solamente las gracias necesarias, sino también las gracias particulares. Comprendí que el Señor las llamaría a una más estrecha unión Consigo. Me alegro enormemente de que en nuestra familia reine el amor tan grande.

403. Cuando subí al automóvil, desahogué el corazón y también me puse a llorar de alegría como una niña, porque Dios concedía tantas gracias a nuestra familia y me sumergí en una oración de agradecimiento.

404. Por la noche estaba ya en Varsovia. Primero saludé al Dueño de casa [159] y después saludé a toda la Comunidad. Cuando, antes de ir a descansar, fui a decir buenas noches al Señor y le pedí perdón por haber hablado tan poco con Él durante mi estancia en casa, oí en el alma una voz: Estoy muy contento de que no hayas hablado Conmigo, y que hayas dado a conocer Mi bondad a las almas y las hayas invitado a amarme.

405. (…) Asistimos a un oficio de la tarde. Cantaron la Letanía del Sagrado Corazón de Jesús. El Señor Jesús estaba expuesto en la custodia, un momento después vi. al pequeño Señor Jesús que salio de la Hostia y Él Mismo descansó en mis brazos.

407. Al día siguiente estaba ya en mi querida Vilna. Oh, como me sentía feliz de haber vuelto a nuestro convento. Me parecía como si entrara otra vez, no dejaba de alegrarme del silencio y de la calma gracias a las cuales el alma se sumerge en Dios tan fácilmente, todos le ayudan en esto y nadie estorba.

408. Cuando me sumerjo en la Pasión del Señor, a menudo en la adoración veo al Señor Jesús bajo este aspecto: después de la flagelación los verdugos tomaron al Señor y le quitaron su propia túnica que ya se había pegado a las llagas; mientras la despojaban volvieron a abrirse sus llagas. Luego vistieron al Señor con un manto rojo, sucio y despedazado sobre las llagas abiertas. El manto llegaba a las rodillas solamente en algunos lugares. Mandaron al Señor sentarse en un pedazo de madero y entonces trenzaron una corona de espinas y ciñeron con ella la Sagrada Cabeza; pusieron una caña en su mano, y se burlaban de Él homenajeándolo como a un rey. Le escupían en la Cara y otros tomaban la caña y le pegaban en la Cabeza; otros le producían dolor a puñetazos, y otros le taparon la Cara y le golpeaban con los puños. Jesús lo soportaba silenciosamente. ¿Quién puede entender, su dolor? Jesús tenía los ojos bajados hacia la tierra. Sentí lo que sucedía entonces en el dulcísimo Corazón de Jesús. Que cada alma medite lo que Jesús sufría en aquel momento. Competían en insultar al Señor. Yo pensaba ¿de dónde podía proceder tanta maldad en el hombre? La provoca el pecado. Se encontraron el Amor y el pecado.

411. (171) 21 III 1935. Muchas veces durante la Santa Misa veo al Señor en mi alma, siento su presencia que me invade por completo. Siento su mirada divina, hablo mucho con Él sin decir una sola palabra. Conozco lo que desea su Corazón Divino y siempre hago lo que Él prefiere. Amo hasta la locura y siento que soy amada por Dios. En los momentos cuando me encuentro con Dios en la profundidad de mis entrañas, me siento tan feliz que no sé expresarlo. Estos momentos son cortos, porque el alma no los soportaría mas, debería producirse la separación del cuerpo. Aunque estos momentos son muy cortos, no obstante su poder que pasa al alma permanece muchísimo tiempo. Sin el menor esfuerzo siento un profundo recogimiento que entonces me envuelve y que no disminuye a pesar de que converso con la gente, ni me molesta en el cumplimento de mis deberes. Siento su constante presencia sin ningún esfuerzo del alma, siento que estoy unida a Dios tan estrechamente como una gota de agua con el océano sin fondo.

Este jueves sentí esta gracia al final de las oraciones; duró excepcionalmente mucho tiempo, es decir, toda la Santa Misa, pensaba que moriría de gozo. En esos momentos conozco mejor a Dios y sus atributos, y también me conozco mejor a mi y mi miseria, y me sorprende que Dios se humille tanto hacia un alma tan miserable como la mía. Después de la Santa Misa me sentía sumergida totalmente en Dios y tenia presente cada mirada suya a la profundidad de mi corazón.

412. Hacia el medio día entré un momento en la capilla y otra vez el poder de la gracia golpeo mi corazón. Mientras permanecía en recogimiento, Satanás tomó un tiesto de flores y con rabia lo tiró al suelo con toda su fuerza. vi. toda su furia y su envidia. No había nadie en la capilla, así que me levanté y recogí el tiesto roto y replanté la flor, y quise ponerla rápidamente en su lugar antes de que alguien viniera a la capilla. Sin embargo no lo logré, porque entraron en seguida la Madre Superiora [163] y la hermana sacristana [164] y algunas otras hermanas. La Madre Superiora se sorprendió de que hubiera tocado algo en el pequeño altar y (172) que el tiesto hubiera caído; la sacristana mostró su descontento; yo traté de no excusarme ni justificarme. Pero, al anochecer me sentía muy agotada y no pude hacer la Hora Santa, y pedí a la Madre Superiora el permiso de acostarme mas temprano. Una vez acostada, me dormí en seguida; no obstante cerca de las once, Satanás sacudió mi cama. Me desperté inmediatamente y comencé a rezar con calma a mi Ángel Custodio. De súbito vi. las almas que estaban expiando en el purgatorio; su aspecto era como una sombra y entre ellas vi. muchos demonios; uno de ellos trató de molestarme arrojándose en forma de gato sobre mi cama y mis pies, y era tan pesado como si [pesara] algunos pud*.

Todo aquel tiempo rezaba el rosario; de madrugada aquellas figuras se fueron y pude dormirme. Por la mañana, cuando fui a la capilla, oí en el alma la voz: Estás unida a Mí y no tengas miedo de nada, pero has de saber, niña Mía, que Satanás te odia; él odia muchas almas, pero arde de un odio particular hacia ti, porque arrancaste a muchas almas de su poder.

* pud – es una antigua medida de peso rusa equivalente a 40 libras


413. Por la mañana escuché estas palabras: Desde hoy hasta la Resurrección no sentirás Mi presencia, pero tu alma se llenara de gran añoranza, y en seguida un gran deseo inundo mi alma; sentía la separación del amado Jesús y al acercarse el momento de la Santa Comunión, vi. en el cáliz, en cada Hostia el Rostro doliente de Jesús. A partir de aquel momento sentí en mi corazón una añoranza aun mayor.


414. Viernes Santo. A las tres de la tarde, cuando entré en la capilla, oí estas palabras: Deseo que esta imagen sea venerada en publico (173). Luego vi al Señor Jesús que agonizaba en la cruz entre terribles tormentos y del Corazón de Jesús salieron estos dos rayos que están en la imagen.

415. Sábado. Durante las vísperas vi. al Señor Jesús resplandeciente como el sol, con una túnica clara, y me dijo: Que se alegre tu corazón. Y me inundó una gran alegría y me traspasó totalmente la presencia de Dios que es un tesoro inexplicable para el alma.

416. Cuando esta imagen [165] fue expuesta, vi. un vivo movimiento de la mano de Jesús que trazó una gran señal de la cruz. Por la noche del mismo día, al acostarme, vi. que la imagen estaba pasando sobre una ciudad y aquella ciudad estaba cubierta de redes y de trampas. Jesús, al pasar cortó todas las redes y por fin trazó una gran señal de la santa cruz y desapareció. Y yo me vi. rodeaba de muchas figuras malignas que ardían de gran odio hacia mí. De sus bocas salían diferentes amenazas, pero ninguna me tocó. Después de un momento esa visión desapareció, pero no pude dormirme durante mucho tiempo.

417. 26 IV. El viernes, cuando estaba en Ostra Brama durante las solemnidades en las cuales fue expuesta esta imagen, estuve presente en la homilía que dijo mi confesor [166]; la homilía fue sobre la Divina Misericordia, fue la primera de las que exigía el Señor Jesús desde hacia mucho tiempo. Cuando empezó a hablar de esta gran misericordia del Señor, la imagen tomó un aspecto vivo y los rayos penetraron en los corazones de las personas reunidas, pero no en grado igual, unos recibieron más y otros menos. Una gran alegría inundo mi alma viendo la gracia de Dios.
(174) Entonces oí estas palabras: Tú eres testigo de Mi misericordia, por los siglos estarás delante de Mi trono como un vivo testigo de Mi misericordia.

418. Terminada la homilía, no esperé el final del oficio, por que tenia prisa para volver a casa. Al dar yo algunos pasos, me cerraron el camino toda una multitud de demonios que me amenazaron con terribles tormentos, y se dejaron oír las voces: Nos has quitado todo por lo que habíamos trabajado tantos años. Cuando les pregunté: ¿De donde llegan en tal multitud? Estas figuras malignas me contestaron: De los corazones humanos, no nos molestes.

419. Viendo su tremendo odio hacia mi, entonces pedí ayuda al Ángel Custodio y en un solo momento apareció la figura luminosa y radiante del Ángel de la Guarda que me dijo: No tengas miedo, esposa de mi Señor, estos espíritus no te van a hacer ningún mal sin su permiso Los espíritus malignos desaparecieron en seguida y el fiel Ángel de la Guarda me acompañó de modo visible hasta la casa misma. Su mirada era modesta y serena, y de la frente brotaba un rayo de fuego.
Oh Jesús, desearía fatigarme y cansarme, y sufrir durante toda la vida por este único momento en que vi. Tu gloria, Señor, y los beneficios de las almas.

420. El primer domingo después de la Pascua de Resurrección, es decir, Fiesta de la Misericordia del Señor, clausura del Jubileo de Redención. Cuando fuimos a esta solemnidad, el corazón me latía de alegría por estar unidas estas dos solemnidades tan estrechamente. Pedí a Dios la misericordia para las almas pecadoras. Cuando terminó el oficio, y el sacerdote tomó el Santísimo Sacramento para impartir la bendición, súbitamente vi. al Señor Jesús con el mismo aspecto que tiene en esta imagen. El Señor impartió la bendición y los rayos se extendieron sobre todo el mundo. De repente vi. una claridad inaccesible en forma de una habitación de cristal, tejida de ondas de luz impenetrable (175) a cualquier criatura o espíritu. Para entrar en la claridad [había] tres puertas y en ese instante Jesús, con el mismo aspecto que tiene en la imagen, entró en aquel resplandor a través de la segunda puerta, hasta el interior de la unidad. Es la Unidad Trinitaria que es inconcebible, infinita. Oí la voz: Esta Fiesta ha salido de las entrañas de Mi misericordia y está confirmada en el abismo de Mis gracias. Toda alma que cree y tiene confianza en Mi misericordia, la obtendrá. Me alegré enormemente de la bondad y de la grandeza de mi Dios.

423. (…) Oh Dios mío, aun en los castigos con que hieres la tierra veo el abismo de Tu misericordia, porque castigándonos aquí en la tierra, nos liberas del castigo eterno. Alégrense, todas las criaturas, porque están mas cerca de Dios en su infinita misericordia que el niño recién nacido del corazón de su madre. Oh Dios, que eres la Piedad misma para los más grandes pecadores arrepentidos sinceramente; cuanto más grande es el pecador, tanto mayor es el derecho que tiene a la Divina Misericordia (177).

424. En un momento, 12 V 1935.
Por la noche, apenas me acosté, me dormí, pero si me dormí rápidamente, más rápidamente todavía fui despertada. Vino a mí un Niño pequeño y me despertó. Este Niño podía tener cerca de un año y me sorprendí de que hablara muy bien, ya que los niños de esta edad no hablan nada o hablan de manera poco comprensible. Era indeciblemente bello, parecido al Niño Jesús y me dijo estas palabras: Mira al cielo. Y cuando miré al cielo, vi. las estrellas brillantes y la luna. Ese Niño me preguntó: ¿Ves la luna y las estrellas? Contesté que las veía y Él me replicó con estas palabras: Aquellas estrellas son las almas de los cristianos fieles y la luna son las almas consagradas. Ves la gran diferencia de luz que hay entre la luna y las estrellas, igual de grande es en el cielo la diferencia entre el alma de un religioso y la de un cristiano fiel. Y continúo que la verdadera grandeza está en amar a Dios y en la humildad.

425. Entonces vi. cierta alma que esta separándose del cuerpo en terribles tormentos. Oh Jesús, cuando lo escribo tiemblo toda, viendo las atrocidades que atestiguan contra ella…. Vi, como de un abismo barroso salían almas de niños pequeños y más grandes, de unos nueve años. Estas almas eran repugnantes y asquerosas, semejantes a los monstruos mas espantosos, a los cadáveres en descomposición, pero esos cadáveres estaban vivos y atestiguaban en voz alta contra el alma a la que yo veía agonizando; y el alma a la que veía en agonía era un alma que en el mundo había recibido muchos honores y aplausos, cuyo fin es el vacío y el pecado. Por fin salio una mujer que en una especie de delantal llevaba lagrimas y que atestiguo mucho contra él.

426. Oh hora terrible, (178) en la que se nos presentaran todas nuestras obras en su completa desnudez y [miseria]; ni una de ellas se pierde, nos acompañaran fielmente hasta el juicio de Dios. No tengo palabras ni términos de comparación para expresar cosas tan terribles y aunque me parece que esta alma no esta condenada, no obstante sus tormentos no difieren en nada de los tormentos infernales, con la única diferencia de que un día terminarán.

427. Un momento después vi. nuevamente a ese mismo Niño que me había despertado, y que era de una belleza esplendida, y me repitió estas palabras: La verdadera grandeza del alma está en amar a Dios y en la humildad. Pregunté a ese Niño: ¿Cómo sabes que la verdadera grandeza del alma está en amar a Dios y en la humildad?, estas cosas las pueden saber solamente los teólogos, mientras Tu ni siquiera has estudiado el catecismo y ¿cómo lo sabes? Y Él me contestó: Lo sé y sé todo, y en aquel momento desapareció.

428. Pero yo no me dormí en absoluto, mi mente estaba cansada de lo que empecé a meditar sobre lo que había visto. Oh, almas humanas, conocen la verdad muy tarde. Oh, abismo de la Divina Misericordia, derrámate lo antes posible sobre el mundo entero, según lo que Tu Mismo has dicho.

429. (…) Una vez, cansada de esta lucha de amor con Dios y de excusarme constantemente de ser incapaz de cumplir esta obra, quise salir de la capilla, pero alguna fuerza me detuvo, me sentía inmovilizada. Entonces oí estas palabras: Piensas salir de la capilla, pero no saldrás de Mí, porque estoy en todas partes; tú sola no podrás hacer nada para ti misma, pero Conmigo puedes todo.

431. Actué según las indicaciones del confesor y en el primer encuentro con el Señor, caí a los pies de Jesús y con el corazón destrozado pedí perdón por todo. Luego Jesús me levantó del suelo y me sentó a su lado, y me permitió poner la cabeza sobre su pecho para que pudiera comprender y percibir mejor los deseos de su dulcísimo Corazón. Luego Jesús me dijo estas palabras: Hija Mía, no tengas miedo de nada, Yo estoy siempre contigo; cualquier adversario te puede hacer daño solamente si Yo se lo permito. Tú eres Mi morada y Mi estable descanso, por ti detengo la mano castigadora, por ti bendigo la tierra.

432. En el mismo instante siento algún fuego en mi corazón, siento que voy a perder los sentidos, no se que pasa alrededor de mi, siento que me traspasa la mirada del Señor, conozco bien su grandeza y mi miseria, un extraño sufrimiento penetra mi alma y un gozo que no logro comparar con nada, me siento inerte en los brazos de Dios, siento que estoy con Él y me disuelvo como una gota de agua en el océano. No se expresar lo que experimento; después de tal plegaria interior siento fuerza y fortaleza para cumplir las mas difíciles virtudes, siento aversión a todas las cosas que el mundo aprecia, con toda mi alma deseo la soledad y el silencio

433. (180) V [mayo] de 1935. Durante el oficio de cuarenta horas [170] vi. el rostro del Señor Jesús en la Santa Hostia que estaba expuesta en la custodia; Jesús miraba amablemente a todos.

434. A menudo veo al Niño Jesús durante la Santa Misa. Es sumamente bello, en cuanto a la edad, parece que va a cumplir un año. Una vez, al ver el mismo Niño en nuestra capilla durante la Santa Misa, me invadió un fortísimo deseo y ansia irresistible de acercarme al altar y de tomar al Niño Jesús. En el mismo instante el Niño Jesús se puso junto a mi al borde del reclinatorio y con las dos manitas se agarró a mi brazo, encantador y alegre, su mirada llena de profundidad y penetrante. Pero cuando el sacerdote partió la Hostia, Jesús estaba en el altar y fue partido y consumido por aquel sacerdote.

Después de la Santa Comunión vi al idéntico Jesús en mi corazón y durante todo el día lo sentí física, realmente en mi corazón. Un recogimiento muy profundo se apodero de mí inconscientemente y no dije a nadie ni una palabra, evitaba en lo posible la presencia de la gente, contestaba siempre a las preguntas relacionadas con mis tareas, fuera de eso ni una palabra.


435. (…) No tengas miedo, Yo Mismo completare lo que te falta. Estas palabras me penetraron hasta el fondo y conocí aun más mi miseria, conocí que la Palabra del Señor es viva y penetra hasta el fondo. Entendí que Dios exigía de mí un modo de vida más perfecto, sin embargo me excusaba continuamente con mi incapacidad.

439. Era el tiempo de acercarse a la Santa Comunión. Jesús desapareció y vi. un gran resplandor. Luego oí estas palabras: Te impartimos nuestra bendición, y en aquel momento de ese resplandor salio un rayo claro y traspaso mi corazón, un extraño fuego se incendio en mi alma, pensaba que moriría de gozo y de felicidad; sentí la separación del espíritu con respecto al cuerpo, sentí una inmersión total en Dios, sentí que era raptada por el Omnipotente como un granito de polvo a los espacios desconocidos.

Temblando de felicidad en los brazos del Creador, sentía que Él Mismo me sostenía para que pudiera soportar la gran felicidad y mirar su Majestad. Ahora sé que si (183) Él Mismo no me hubiera fortalecido antes con la gracia, mi alma no habría sobrevenido la muerte. La Santa Misa terminó no sé cuando, porque no era en mi poder notar lo que sucedía en la capilla. Sin embargo, al volver en mi, sentía la fortaleza y el valor para cumplir la voluntad de Dios, nada me parecía difícil y si antes me excusaba delante del Señor, ahora sentía el animo y la fuerza del Señor que estaban en mi y le dije al Señor: Estoy preparada para cada señal de Tu voluntad. Dentro de mí experimenté todo lo que iba a pasar en el futuro.

440. Oh Creador y Señor mío, aquí tienes todo mi ser. Dispón de mí según Tu divina complacencia y según Tus designios eternos y Tu misericordia insondable. Que cada alma conozca cuan bueno es el Señor; que ninguna alma tenga miedo de tratar con el Señor, y que no se excuse de ser indigna y que nunca aplace para después las invitaciones de Dios, ya que esto no agrada a Dios. No hay alma mas miserable que yo, como verdaderamente me considero, y estoy sorprendida de que la Majestad Divina se humille tanto. Oh eternidad, me parece que eres demasiado corta para glorificar la infinita misericordia del Señor.

442. En una ocasión, cuando mi confesor [175] celebraba la Santa Misa, como siempre vi. al Niño Jesús en el altar desde el momento del ofertorio. Pero un momento antes de la elevación el sacerdote desapareció y se quedó Jesús y cuando llegó el momento de la elevación Jesús tomó en sus manitas la Hostia y el Cáliz y los levanto juntos y miró hacia el cielo y un momento después vi. otra vez a mi confesor y pregunté al Niño Jesús donde estaba el sacerdote mientras no lo veía. Y Jesús me contestó: En Mi Corazón. Sin embargo no pude comprender nada más de aquellas palabras de Jesús.

444. El sacerdote me dijo estas palabras profundas: Hay tres grados en el cumplimiento de la voluntad de Dios. El primero: es cuando el alma cumple todo lo que está notoriamente comprendido en los reglamentos y en estatutos de la observancia exterior. El segundo grado consiste en que el alma sigue las inspiraciones interiores y las cumple. El tercer grado es aquel en que el alma, entregándose a la voluntad de Dios, le deja la libertad de disponer de ella, y Dios hace con ella lo que le agrada, porque es un instrumento dócil en sus manos. Y me dijo ese sacerdote que yo estaba en el segundo grado del cumplimiento de la voluntad de Dios, y que no tenia todavía el (185) tercer grado del cumplimiento de la voluntad de Dios; no obstante debía empeñarme para cumplir ese tercer grado de la divina voluntad. Esas palabras penetraron mi alma por completo. Veo claramente que muchas veces Dios da a conocer al sacerdote lo que pasa en el fondo de mi alma; eso no me sorprende nada, mas bien agradezco al Señor que tiene a estos elegidos.

445. Jueves, Adoración nocturna.

Al venir a la adoración, en seguida me envolvió un recogimiento interior y vi. Al Señor Jesús atado a una columna, despojado de las vestiduras y en seguida empezó la flagelación. Vi a cuatro hombres que por turno azotaban al Señor con disciplinas. El corazón dejaba de latir al ver esos tormentos. Luego el Señor me dijo estas palabras: Estoy sufriendo un dolor aun mayor del que estás viendo. Y Jesús me dio a conocer por cuales pecados se sometió a la flagelación, son los pecados impuros. Oh, cuanto sufrió Jesús moralmente al someterse a la flagelación. Entonces Jesús me dijo: Mira y ve el género humano en el estado actual. En un momento vi cosas terribles: Los verdugos se alejaron de Jesús, y otros hombres se acercaron para flagelar los cuales tomaron los látigos y azotaban al Señor sin piedad. Eran sacerdotes, religiosos y religiosas y máximos dignatarios de la Iglesia, lo que me sorprendió mucho, eran laicos de diversa edad y condición, todos descargaban su ira en el inocente Jesús. Al verlo mi corazón se hundió en una especie de agonía; y mientras los verdugos lo flagelaban, Jesús callaba y miraba a lo lejos, pero cuando lo flagelaban aquellas almas que he mencionado arriba, Jesús cerró los ojos y un gemido silencioso pero terriblemente doloroso salió de su Corazón. Y el Señor me dio a conocer detalladamente el peso de la maldad de aquellas almas ingratas: Ves, he aquí un suplicio mayor que Mi muerte. Entonces mis labios callaron y empecé a sentir (186) en mi la agonía y sentía que nadie me consolaría ni me sacaría de ese estado sino aquel que a eso me había llevado. Entonces el Señor me dijo: Veo el dolor sincero de tu corazón que ha dado un inmenso alivio a Mi Corazón, mira y consuélate.

446. Entonces vi a Jesús clavado en la cruz. Después de estar Jesús colgado en ella un momento, vi. toda una multitud de almas crucificadas como Jesús. Vi la tercera muchedumbre de almas y la segunda de ellas. La segunda infinidad de almas no estaba clavada en la cruz, sino que las almas sostenían fuertemente la cruz en la mano; mientras tanto la tercera multitud de almas no estaba clavada ni sostenía la cruz fuertemente, sino que esas almas arrastraban la cruz detrás de si y estaban descontentas. Entonces Jesús me dijo: Ves, esas almas que se parecen a Mi en el sufrimiento y en desprecio, también se parecerán a Mi en la gloria; y aquellas que menos se asemejan a Mi en el sufrimiento y en el desprecio, serán menos semejantes a Mi también en la gloria.

La mayor parte de las almas crucificadas pertenecían al estado eclesiástico; vi también almas crucificadas que conozco y eso me dio mucha alegría. De repente Jesús me dijo: En la meditación de mañana reflexionaras sobre lo que has visto hoy. Y en seguida el Señor Jesús desapareció.

448. Día de San Ignacio. Recé fervorosamente a este Santo reprochándole ¿Cómo podía mirarme y no venia en ayuda en las cuestiones tan importantes como lo es el cumplimiento de la voluntad de Dios? Le decía a este Santo: Oh nuestro Patrono, que has sido inflamado por el fuego del amor y del celo por la mayor gloria de Dios, te ruego humildemente, ayúdame a cumplir los designios de Dios. Fue durante la Santa Misa. Entonces al lado izquierdo del altar vi a San Ignacio con un gran libro en la mano, diciéndome estas palabras: Hija mía, no soy indiferente a tu causa. Esta regla se puede aplicar también a esta Congregación: indicando el libro con la mano desapareció. Me alegré muchísimo viendo cuanto los santos piensan en nosotros y lo estrecha que es la unión con ellos. Oh bondad de Dios, que bello es el mundo interior porque ya aquí en la tierra nos relacionamos con los santos. Durante el día entero sentí la cercanía de este querido Patrono mío.

449. 5 de agosto de 1935: Fiesta de Nuestra Señora de la Misericordia. Me preparé para esta fiesta con mayor fervor que en los años anteriores. En la mañana de ese día experimenté la lucha interior al pensar que debía abandonar esta congregación que goza de la protección especial de Maria. En esta lucha transcurrió la meditación, la primera Santa Misa, durante la segunda Santa Misa rezaba a la Santísima Madre, diciéndole que me es difícil separarme de la Congregación que esta bajo Tu protección especial, oh Maria. Entonces vi a la Santísima Virgen, indeciblemente bella, que se acercó a mí, del altar a mi reclinatorio y me abrazó y me dijo estas palabras: Soy Madre de todos gracias a la insondable misericordia de Dios. El alma mas querida para mi es aquella que cumple fielmente la voluntad de Dios. Me dio a entender que cumplo fielmente todos los deseos (188) de Dios y así he encontrado la gracia ante sus ojos. Sé valiente, no tengas miedo de los obstáculos engañosos, sino que contempla atentamente la Pasión de mi Hijo y de este modo vencerás.

450. Oh, que dulce es trabajar por Dios y para las almas. No quiero descansar en el combate, sino que lucharé hasta el último soplo de vida por la gloria de mi Rey y Señor. No rendiré la espada hasta que me llame delante de su trono; no temo los golpes porque Dios es mi escudo. El enemigo debe tener miedo de nosotros y no nosotros del enemigo. Satanás vence solamente a los soberbios y a los cobardes, porque los humildes tienen la fortaleza. Nada confunde ni asusta a un alma humilde. He dirigido mi vuelo hacia el ardor mismo del sol y nada logrará bajármelo. El amor no se deja encarcelar, es libre como una reina, el amor llega hasta Dios.

451. Una vez, después de la Santa Comunión, oí estas palabras: Tú eres nuestra morada. En aquel momento sentí en el alma la presencia de la Santísima Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, me sentía el templo de Dios, sentía que era hija del Padre; no se explicar todo, pero el espíritu lo entiende bien. Oh bondad infinita, cuánto Te humillas hasta una miserable criatura.

452. Si las almas quisieran vivir en el recogimiento, Dios les hablaría en seguida, ya que la distracción sofoca la voz de Dios.

453. Una vez el Señor me dijo: ¿Por qué tienes miedo y tiemblas cuando estás unida a Mí? No Me agrada el alma que se deja llevar por inútiles temores. ¿Quién se atreve a tocarte cuando estás Conmigo? El alma mas querida para Mi es la que cree fuertemente en Mi bondad y la que Me tiene confianza plenamente; le ofrezco Mi confianza y le doy todo lo que pide.

454. En cierta ocasión el Señor me dijo: Hija Mía, toma las gracias que la gente desprecia; toma cuantas puedas llevar. En aquel instante mi alma fue inundada del amor de Dios. Siento que estoy unida al Señor tan estrechamente que no cuento palabra con las cuales podría expresar bien esta unión; siento que todo lo que Dios tiene, todos los bienes y los tesoros, son míos, aunque me ocupo poco de ellos, ya que me basta solamente Él. En Él veo todo, fuera de Él, nada.

No busco la felicidad fuera de mi interior donde mora Dios. Gozo de Dios en mi interior, aquí vivo continuamente con Él, aquí existe mi relación mas intima con Él, aquí vivo con Él segura, aquí no llega la mirada humana. La Santísima Virgen me anima a relacionarme así con Él.

455. Ahora ya no me da amargura cuando padezco un sufrimiento, ni tampoco las grandes consolaciones me exaltan; se han adueñado de mi la paz y el equilibrio del espíritu que proviene del conocimiento de la verdad.

¿Qué me importa vivir rodeada de corazones enemigos, si tengo la plenitud de la felicidad en mi alma? O también, ¿a qué me ayudará la bondad de otros corazones, si no tengo a Dios en mi interior? Teniendo a Dios en mi interior ¿Quién puede perjudicarme de algún modo?

458. En la meditación de las diez, el sacerdote [177] habló de la misericordia de Dios y de la bondad de Dios para con nosotros. Dijo que cuando examinamos la historia de la humanidad, a cada paso vemos esta gran bondad de Dios. Todos los atributos de Dios, tales como la omnipotencia, y la sabiduría contribuyen a revelarnos este máximo atributo, es decir, la bondad de Dios. La bondad divina es el mayor atributo de Dios. Sin embargo, muchas almas que tienden a la perfección, no conocen esta gran bondad de Dios. Todo lo que el sacerdote dijo en esa meditación sobre la bondad de Dios, correspondía con lo que Jesús me había dicho [y] se (191) refería exactamente a la Fiesta de la Misericordia. Ahora de verdad [he comprendido] claramente lo que el Señor me prometió y no tengo ninguna duda, la Palabra de Dios es clara y explicita.

Jesús desea que un alma que se relaciona con Él estrechamente, esté plenamente tranquila, a pesar de los sufrimientos y las contrariedades.

462. Ahora comprendo bien que lo que une mas estrechamente el alma a Dios es negarse a si mismo, es decir, unir su voluntad a la voluntad de Dios. Esto hace verdaderamente libre al alma y ayuda al profundo recogimiento del espíritu, hace livianas todas las penas de la vida y dulce la muerte.

464. Durante una meditación sobre la humildad me volvió la vieja duda de que un alma tan miserable como la mía, no cumpliría la tarea que el Señor exigía. En el mismo momento en que yo analizaba esa duda, el sacerdote que predicaba los ejercicios espirituales, interrumpió el tema de la predica y dijo justamente lo que yo tenia en duda, es decir, que Dios elige generalmente a las almas mas débiles y mas simples como instrumentos para realizar sus obras mas grandes, y ésta es una verdad incontestable. Veamos a quiénes eligió como Apóstoles, o veamos la historia de la Iglesia, qué obras tan grandes realizaron las almas que eran las menos aptas para hacerlo, porque justamente en esa forma las obras de Dios se revelan como tales. Cuando mi duda cedió completamente, el sacerdote volvió al tema sobre la humildad.
Jesús, como siempre durante cada predica, estaba en el altar y no me decía nada, sino que con su mirada penetraba amablemente mi pobre alma que [ya] no tenia ninguna excusa.

466. El confesor [178] me pregunto si en aquel momento estaba Jesús y si lo veía. Si, está y lo veo. Me ordenó preguntar por ciertas personas, Jesús no me contestó nada, pero lo miró. Pero terminada la confesión, mientras hacia la penitencia, Jesús, me dijo estas palabras: Ve y consuélalo de Mi parte. Sin entender el significado de estas palabras, en seguida repetí lo que Jesús me había ordenado.

468. El día de la renovación de los votos. Al comienzo de la Santa Misa como siempre vi a Jesús que nos bendijo y entró en el tabernáculo. Luego vi a la Santísima Virgen con una túnica blanca, un manto, azul, y la cabeza descubierta, que desde el altar se me acercó, me tocó con sus manos, me cubrió con su manto, y me dijo: Ofrece estos votos por Polonia. Reza por ella. 15 VIII.

470. Una noche, cuando desde mi celda miré al cielo y vi un esplendido firmamento sembrado de estrellas y la luna, de repente entró en mi alma el fuego de amor inconcebible hacia mi Creador, y sin saber soportar el deseo que había crecido en mi alma hacia Él, me caí de cara al suelo humillándome en el polvo. Lo adoré por todas sus obras y cuando mi corazón no pudo soportar lo que en él pasaba, irrumpí en llanto. Entonces me tocó el Ángel Custodio y me dijo estas palabras: El Señor me hace decirte que te levantes del suelo. Lo hice inmediatamente, pero mi alma no tuvo consuelo. El anhelo de Dios me invadió aun más.

471. Un día en que estaba en la adoración, y mi espíritu como si estuviera en agonía [añorándolo] a Él y no lograba retener las lágrimas, vi a un espíritu de gran belleza, que me dijo estas palabras: No llores, dice el Señor. Un momento después pregunté: ¿Quién eres? Y él me contestó: Soy uno de los siete espíritus que día y noche están delante del trono de Dios y lo adoran sin cesar. Sin embargo este espíritu no alivio mi añoranza, sino que suscitó en mí un anhelo más grande de Dios. Este espíritu es muy bello y su belleza se debe a una estrecha unión con Dios. Este espíritu no me deja ni por un momento, me acompaña en todas partes.

472. Al día siguiente, durante la Santa Misa, antes de la elevación, aquel espíritu empezó a cantar estas palabras: Santo, Santo, Santo. Su voz era como miles de voces, imposible describirlo. De repente mi espíritu fue unido a Dios, en un momento vi la grandeza y la santidad inconcebibles de Dios y al mismo tiempo conocí (195) la nulidad que soy de por mi. Conocí más claramente que en cualquier otro momento del pasado, las Tres Personas Divinas: el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Sin embargo su esencia es Una, como también la igualdad y la Majestad. Mi alma se relaciona con las Tres Personas, pero no logro explicarlo con palabras, pero el alma lo comprende bien. Cualquiera que esté unido con una de estas Tres Personas, por este mismo hecho está unido con toda la Santísima Trinidad, porque su unidad es indivisible. Esa visión, es decir, ese conocimiento inundó mi alma de una felicidad inimaginable, por ser dios tan grande. Lo que he descrito arriba, no lo vi con los ojos, como anteriormente, sino dentro de mí, de modo puramente espiritual e independiente de los sentidos. Eso duró hasta el fin de la Santa Misa.

473. Cuando nuestro confesor [179] estaba ausente, yo me confesaba con el arzobispo [180]. Al descubrirle mi alma, recibí esta respuesta: Hija mía, ármate de mucha paciencia, si estas cosas vienen de Dios, tarde o temprano, se realizaran y te digo estar completamente tranquila. Yo, hija mía, te entiendo bien en estas cosas; y ahora, en cuanto al abandono de la Congregación y la idea de [fundar] otra, ni siquiera pienses en esto, ya que seria una grave tentación interior. Terminada la confesión, le dije a Jesús: ¿Por qué me mandas hacer estas cosas y no me das la posibilidad de cumplirlas? De repente, después de la Santa Comunión vi al Señor Jesús en la misma capilla en la que me había confesado, con el mismo aspecto con el que está pintado en esta imagen; el Señor me dijo: No estés triste, le haré comprender las cosas que exijo de ti. Cuando salíamos, (196) el arzobispo estaba muy ocupado pero nos dijo volver y esperar un momento. Cuando entramos otra vez en la capilla, oí en el alma estas palabras: Dile lo que has visto en esta capilla. En aquel momento entró el arzobispo y preguntó si no teníamos nada que decirle. Sin embargo, aunque tenía la orden de hablar, no pude porque estaba en compañía de una de las hermanas. Todavía una palabra sobre la confesión: Impetrar la misericordia para el mundo, es una idea grande y bella, ruegue mucho, hermana, por la misericordia para los pecadores, pero hágalo en su propio convento.

474. El día siguiente, viernes 13 XI 1935.

Por la tarde, estando yo en mi celda, vi al ángel, ejecutor de la ira de Dios. Tenía una túnica clara, el rostro resplandeciente; una nube debajo de sus pies, de la nube salía rayos y relámpagos e iban a las manos y de su mano salían y alcanzaban la tierra. Al ver esta señal de la ira divina que iba a castigar la tierra y especialmente cierto lugar, por justos motivos que no puedo nombrar, empecé a pedir al ángel que se contuviera por algún tiempo y el mundo haría penitencia. Pero mi suplica era nada comparada con la ira de Dios. En aquel momento vi a la Santísima Trinidad. La grandeza de su Majestad me penetró profundamente y no me atreví a repetir la plegaria. En aquel mismo instante sentí en mi alma la fuerza de la gracia de Jesús que mora en mi alma; al darme cuenta de esta gracia, en el mismo momento fui raptada delante del trono de Dios. Oh, que grande es el Señor y Dios nuestro e inconcebible su santidad. No trataré de describir esta grandeza porque dentro de poco la veremos todos, tal como es. Me puse a rogar (197) a Dios por el mundo con las palabras que oí dentro de mi.

475. Cuando así rezaba, vi la impotencia del ángel que no podía cumplir el justo castigo que correspondía por los pecados. Nunca antes había rogado con tal potencia interior como entonces. Las palabras con las cuales suplicaba a Dios son las siguientes: Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, por nuestros pecados y los del mundo entero. Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros.

476. A la mañana siguiente, cuando entré en nuestra capilla, oí esta voz interior: Cuantas veces entres en la capilla reza en seguida esta oración que te enseñé ayer. Cuando recé esta plegaria, oí en el alma estas palabras: Esta oración es para aplacar Mi ira, la rezarás durante nueve días con un rosario común, de modo siguiente: primero rezarás una vez el Padre nuestro y el Ave Maria y el Credo, después, en las cuentas correspondientes al Padre nuestro, dirás las siguientes palabras: Padre Eterno, Te ofrezco el Cuerpo y la Sangre, el Alma y la Divinidad de Tu Amadísimo Hijo, nuestro Señor Jesucristo, como propiciación de nuestros pecados y los del mundo entero; en las cuentas del Ave Maria, dirás las siguientes palabras: Por su dolorosa Pasión, ten misericordia de nosotros y del mundo entero. Para terminar, dirás tres veces estas palabras: Santo Dios, Santo Fuerte, Santo Inmortal, ten piedad de nosotros y del mundo entero [181].

477. El silencio es una espada en la lucha espiritual; un alma platicadora no alcanzará la santidad. Esta espada del silencio cortará todo lo que quiera pegarse al alma. Somos sensibles a las palabras y queremos responder de inmediato, sensibles, sin reparar si es la voluntad de Dios que hablemos. El alma silenciosa es fuerte; ninguna contrariedad le hará daño si persevera en el silencio. El alma (198) silenciosa es capaz de la mas profunda unión con Dios; vive casi siempre bajo la inspiración del Espíritu Santo. En el alma silenciosa Dios obra sin obstáculos.

484. En cierta ocasión comprendí, cuánto le desagrada a Dios la acción, aunque sea la más laudable, sin el sello de la intención pura; tales acciones incitan a Dios más bien al castigo que a la recompensa. Que en nuestra vida las haya lo menos posible, mientras en la vida religiosa no deberían existir en absoluto.

485. Con igual disposición recibo la alegría y el sufrimiento, la alabanza y la humillación; recuerdo que la una y la otra son pasajeras. ¿Qué me importa lo que digan de mí? Ya hace mucho he renunciado de todo lo que concierne a mi persona. Mi nombre es hostia, es decir, victima, pero no en la palabra sino en la acción, en el anonadamiento de mi misma, en asemejarme a Ti en la cruz, oh Buen Jesús y Maestro mío.

486. Oh Jesús, cuando vienes a mi [en] la Santa Comunión, Tu que Te has dignado morar con el Padre y el Espíritu Santo en el pequeño cielo de mi corazón, procuro acompañarte durante el día entero, no Te dejo solo ni un momento. Aunque estoy en compañía de otras personas o con las alumnas, mi corazón está siempre unido a Él. Cuando me duermo, le ofrezco cada latido de mi corazón, cuando me despierto, me sumerjo en Él sin decir una palabra. Al despertarme, adoro un momento la Santísima Trinidad y le agradezco por haberme ofrecido un día mas, que una vez mas va a repetirse en mi el misterio de la Encarnación de Su Hijo, que una vez mas delante de mis ojos va a repetirse su dolorosa Pasión. Trato entonces de facilitar a Jesús el paso a través de mí a otras almas. Con Jesús voy a todas partes, su presencia me acompaña en todas partes.


490. A la mañana siguiente vi. al Ángel Custodio que me acompañó en el viaje hasta Varsovia. Cuando entramos al convento desapareció. Cuando pasábamos junto a una pequeña capillita para saludar a las Superioras, en un momento me envolvió la presencia de Dios y el Señor me llenó del fuego de su amor. En tales momentos siempre conozco mejor la grandeza de su Majestad.


Al subirnos al tren de Varsovia a Cracovia, vi nuevamente a mi Ángel Custodio junto a mí, que rezaba contemplando a Dios, y mi pensamiento lo siguió, y cuando entramos en la puerta del convento desapareció.

491. Al entrar en la capilla, la Majestad de Dios me envolvió otra vez, me sentía sumergida totalmente en dios, toda sumergida en Él y penetrada, viendo cuánto el Padre Celestial nos ama. Oh, qué gran felicidad llena mi alma por el conocimiento de Dios, de la vida de Dios. Deseo compartir esta felicidad con todos los hombres, no puedo encerrar esta felicidad en mi corazón solamente, porque sus rayos me queman y hacen estallar mi pecho y mis entrañas. Deseo atravesar el mundo entero y hablar a las almas de la gran misericordia de Dios. Oh sacerdotes, ayúdenme en esto, usen las palabras mas convincentes sobre su misericordia, porque toda expresión es muy débil para expresar lo misericordioso que es.

498. Después de la Santa Comunión.

Vi a Jesús, como siempre, diciéndome estas palabras: Apoya tu cabeza en Mi brazo y descansa y toma fuerza. Yo estoy siempre contigo. Dile al amigo de Mi Corazón, dile, que Me sirvo de tan débiles criaturas para realizar Mis obras. Después mi espíritu fue fortalecido con una extraña fuerza. Dile que le permití conocer tu debilidad en la confesión, lo que eres por ti misma.


512. (209) El día de la renovación de los votos. La presencia de Dios inundó mi alma. Durante la Santa Misa vi. a Jesús que me dijo estas palabras: Tú eres para Mí un gran gozo, tu amor y tu humildad hacen que dejo los tronos del cielo y Me uno a ti. El amor allana el abismo que hay entre Mi grandeza y tu nulidad

515. Una vez, al anochecer, cuando paseaba por la huerta rezando el rosario, llegué hasta el cementerio [186], entreabrí la puerta y me puse a rezar un momento y les pregunté a ellas dentro de mí: ¿Seguramente serán muy felices? De repente oí estas palabras: Somos felices en la medida en que hemos cumplido la voluntad de Dios… y después, el silencio como antes. Me ensimismé y pensé mucho tiempo cómo yo cumplo la voluntad de Dios y cómo aprovecho el tiempo que Dios me concede.


534. La castidad, este voto se entiende por si mismo, prohíbe todo lo que esta prohibido por el sexto y el noveno mandamientos de Dios, naturalmente; obras, pensamientos, palabras, sentimientos, y…Entiendo que el voto solemne difiere del voto simple, lo entiendo en toda la extensión. Cuando lo estaba contemplando, escuché en el alma estas palabras: Tú eres Mi esposa para la eternidad, tu pureza debe ser mayor que la de los ángeles, porque con ningún ángel tengo relación de tan estrecha intimidad como contigo. La más pequeña acción de Mi esposa tiene un valor infinito, el alma pura tiene una potencia incalculable delante de Dios.

562. El Niño Jesús que veo durante la Santa Misa no es siempre igual, a veces muy alegre, a veces no mira nada hacia la capilla. Ahora, la mayoría de las veces está alegre cuando nuestro confesor [202] celebra la Santa Misa. Me sorprendí mucho al ver cuánto lo amaba el pequeño Niño Jesús. A veces lo veo con un delantalcito [203] de color.

576 Oh Santa Trinidad, Dios eterno, mi espíritu se sumerge en Tu belleza; para Ti los siglos no son nada. Tú eres siempre el Mismo. Oh, qué grande es Tu Majestad. Oh Jesús, ¿cuál es el motivo por el que escondes Tu Majestad, has abandonado el trono del cielo y estás con nosotros? El Señor me contestó: Hija Mía, el amor Me ha traído y el amor Me detiene. Oh hija Mía, si tú supieras qué gran mérito y recompensa tiene un solo acto de amor puro hacia Mi, morirías de gozo. Lo digo para que te unas a Mi constantemente a través del amor, porque éste es el fin de la vida de tu alma; este acto consiste en el acto de voluntad; has de saber que el alma pura es humilde; (45) cuanto te humillas y te anonadas ante Mi Majestad, entonces te persigo con Mis gracias, hago uso de la omnipotencia para enaltecerte.

578 Una vez, Jesús me dijo de cierto sacerdote que esos años serian un adorno de su vida sacerdotal. Los días de los sufrimientos parecen siempre mas largos, pero también ellos pasaran aunque lo hagan despacio, de manera que a veces nos parece que más bien van para atrás. Pero su fin es cercano y después un gozo eterno e inexpresable. La eternidad, ¿Quién puede concebir y comprender al menos esta palabra que proviene de Ti, oh Dios inconcebible, es decir, la eternidad?

580 (47) Una vez el Señor me dijo: Me hieren más las pequeñas imperfecciones de las almas elegidas que los pecados de las almas que viven en el mundo. Me entristecí mucho por el hecho de que Jesús padece sufrimientos a causa de las almas elegidas, y Jesús me dijo: Estas pequeñas imperfecciones, no es todo; te revelaré el secreto de Mi Corazón, lo que sufro por parte de las almas elegidas: la ingratitud por tantas gracias es el alimento continuo de Mi Corazón por parte del alma elegida. Su amor es tibio, Mi Corazón no puede soportarlo; estas almas Me obligan a rechazarlas de Mí. Otras no tienen confianza en Mi bondad y nunca quieren sentir la dulce intimidad en su corazón, pero Me buscan por allí, lejos y no Me encuentran. Esta falta de confianza en Mi bondad es lo que mas Me hiere. Si Mi muerte no las ha convencido de Mi amor, ¿qué es lo que las convencerá? Muchas veces un alma Me hiere mortalmente y en tal caso nadie Me consolará. (48) Hacen uso de Mis gracias para ofenderme. Hay almas que desprecian Mis gracias y todas las pruebas de Mi amor; no quieren oír Mi llamada, sino que van al abismo infernal. Esta pérdida de las almas Me sumerge en la tristeza mortal. En tales casos, a pesar de ser Dios, no puedo ayudar nada al alma, porque ella Me desprecia; disponiendo de la voluntad libre puede despreciarme o amarme. Tú, dispensadora de Mi misericordia, habla al mundo entero de Mi bondad y con esto consolarás Mi Corazón.

581. Muchas mas cosas te diré cuando hables Conmigo en lo profundo de tu corazón; allí nadie puede impedir Mi actuar, es allí donde descanso como en un jardín cerrado

584 Cuando contemplas en el fondo de tu corazón lo que te digo, sacas un provecho mucho mayor que si leyeras muchos libros. Oh, si las almas quisieran escuchar Mi voz cuando les hablo en el fondo de sus corazones, en poco tiempo llegarían a la cumbre de la santidad.

589 El amor expulsa el temor del alma. Desde que amé a Dios con todo mí ser, con toda la fuerza de mi corazón, desde entonces cedió el temor y aunque me digan no sé qué de su justicia, no le tengo miedo en absoluto, porque lo conocí bien: Dios es el Amor y su Espíritu es la paz. Y ahora veo que mis obras que surgieron del amor son más perfectas que las obras que cumplí por temor. He puesto mi confianza en Dios y no tengo miedo de nada, me he entregado totalmente a su santa voluntad; que haga de mi lo que quiera y yo, de todas maneras, Lo amaré siempre.

593 Oh Jesús mío, no hay nada mejor para un alma que las humillaciones. En el desprecio está el secreto de la felicidad; cuando el alma llega a conocer que es una nulidad, la miseria personificada y que todo lo que tiene de bueno en si misma, es exclusivamente don de Dios, cuando el alma ve que todo lo que tiene en si le ha sido dado gratuitamente y que de si tiene solamente la miseria, esto la mantiene continuamente humilde delante de la Majestad de Dios y Dios, viendo tal disposición del alma, la persigue con sus gracias. Cuando el alma se hunde en el abismo de su miseria, Dios hace uso de su omnipotencia para enaltecerla. Si hay en la tierra un alma verdaderamente feliz, ésta es solamente (57) un alma verdaderamente humilde. Al principio el amor propio sufre mucho a causa de eso, pero si el alma enfrenta valerosamente repetidos combates, Dios le concede mucha luz en la que ella ve lo miserable y engañoso que es todo. En su corazón esta solamente Dios; un alma humilde no confía a si misma, sino que pone su confianza en Dios. Dios defiende al alma humilde y Él Mismo se introduce en las cosas de ella y entonces el alma permanece en máxima felicidad que nadie puede comprender.

595 Noté muchas veces que Dios somete a pruebas a algunas personas porque, según me dice, no le agrada la incredulidad. Una vez, al ver que Dios sometió a prueba a un arzobispo que estaba mal dispuesto y no creía en esta causa [213]… me dio lastima y pedí a Dios por él y el Señor le dio alivio. A Dios le desagrada mucho la desconfianza y por eso algunas almas pierden muchas gracias. La desconfianza (59) de un alma hiere su dulcísimo Corazón que está lleno de bondad y de amor inconcebible hacia nosotros; porque es grande la diferencia entre el deber del sacerdote que a veces no debe creer, pero para convencerse mas profundamente de la veracidad de los dones o de las gracias en cierta alma, y cuando lo hace para guiar mejor a un alma y empujarla hacia una mas profunda unión con dios; será grande e incalculable su recompensa por ello. Pero menospreciar y desconfiar de las gracias de Dios en un alma por no poder penetrarlas ni entenderlas, esto no agrada al Señor. Siento mucho por las almas que se encuentran con sacerdotes inexpertos.

596 Una vez un sacerdote [214] me pidió que rogara según su intención; prometí rogar y pedí una mortificación. Cuando recibí el permiso para (60) cierta mortificación, sentí en el alma el deseo de ceder en aquel día a aquel sacerdote todas las gracias que la bondad de Dios me había destinado y pedí a Jesús que se dignara destinarme todos los sufrimientos y todas las tribulaciones exteriores e interiores que aquel sacerdote iba a soportar aquel día. Dios aceptó en parte este deseo mío y en seguida, sin saber de dónde, empezaron a surgir distintas dificultades y contrariedades hasta tal punto que una de las hermanas dijo en voz alta estas palabras: El Señor Jesús debe tener algún plan en que todos ejerciten a Sor Faustina. Los hechos referidos eran tan sin fundamento que algunas hermanas los afirmaban y otras los negaban, mientras yo, en silencio, me ofrecía por aquel sacerdote. Pero eso no fue todo; tuve sufrimientos interiores. Primero me dominó y una aversión hacia las hermanas, luego comenzó a atormentarme una extraña inseguridad (61), no logré concentrarme para rezar, varias cuestiones pasaban por mi cabeza causándome preocupaciones. Cuando cansada entré en la capilla, un extraño dolor estrechó mi alma y empecé a llorar silenciosamente; entonces oí en el alma esta voz: Hija Mía, ¿Por qué lloras? Si tu misma te has ofrecido a este sufrimiento; debes saber que lo que tú has recibido por aquella alma es una parte muy pequeña. El sufre todavía más. Y le pregunté al Señor: ¿Por qué Te comportas con él de este modo? El señor me contestó que por la triple corona que le era destinada: la de la virginidad, del sacerdocio y del martirio. En aquel momento una gran alegría dominó mi alma al ver una gran gloria que él recibiría en el cielo. Entonces recé el Te Deum [215] por esta singular gracia de Dios, es decir, por haber conocido que Dios se comporta así con aquellos a los cuales desea tener cerca de Él. Pues, nada son todos los sufrimientos en comparación con lo que nos espera en el cielo.

599 En cierta ocasión una persona me pidió rogar por ella; cuando me encontré con el Señor, le dije estas palabras: Jesús, yo amo particularmente las almas a las que amas Tú. Y Jesús me contestó con estas palabras: Y Yo concedo gracias particulares a las almas por las cuales tú intercedes delante de Mi.

603. (…) Jesús se inclinó a mí y me miró amablemente y me habló sobre la voluntad del Padre Celestial. Me dijo que el alma más perfecta y santa es aquella que cumple la voluntad de su Padre, pero son pocas estas almas. Con un amor singular mira al alma que vive según su voluntad; y Jesús me dijo que yo cumplo la voluntad de Dios de modo perfecto, es decir, perfectamente y por eso Me uno a ti y Me relaciono contigo de una manera tan particular y tan estrecha.

604 En el mismo momento vi también a cierta persona [220] y en parte el estado de su alma y grandes pruebas que Dios enviaba a esta alma; esos sufrimientos tenían relación con su mente y en una forma tan aguda que me dio lastima y dije al Señor: ¿Por qué la tratas así? Y el Señor me contestó: Por su triple corona. Y el Señor me dio a conocer qué gloria mas inefable le espera al alma que es (67) semejante a Jesús doliente aquí en la tierra; tal alma será semejante a Jesús en su gloria. El Padre Celestial honrará y estimará nuestras almas en cuanto vea en nosotros la semejanza a Su Hijo. Comprendí que esta semejanza con Jesús nos es dada aquí en la tierra. Veo almas puras e inocentes a las cuales Dios administra su justicia y estas almas son las victimas que sostienen el mundo y completan lo que ha faltado a la Pasión de Jesús; son pocas estas almas. Me alegro enormemente de que Dios me haya permitido conocer a tales almas.

605. Oh Santa Trinidad, Dios eterno, Te agradezco por haberme permitido conocer la grandeza y la diferencia entre los grados de la gloria que dividen a las almas. Oh, qué grande es la diferencia entre un solo grado de mas profundo conocimiento de Dios. Oh, si las almas pudiesen saberlo. Oh Dios mío, si pudiera conquistar uno mas, soportaría con gusto todos los tormentos que habían padecido {todos] los mártires juntos. (68) De verdad, todos estos tormentos me parecen nada en comparación con la gloria que nos espera por toda la eternidad.

608 2 de febrero [1936]. Por la mañana, al despertarme al sonido de la campanilla, me entró un sueno tan grande que no logrando despertarme del todo, di un salto al agua fría y dos minutos después el sueno se me quitó. Al venir a la meditación (70) se agolpó en mi cabeza toda una confusión de pensamientos necios y luché durante toda la meditación. Lo mismo ocurrió durante las plegarias, pero cuando comenzó la Santa Misa, en mi alma reinó una extraña calma y alegría. En ese momento vi a la Santísima Virgen con el Niño Jesús y al Santo Anciano [221] que estaba detrás de Nuestra Señora. La Santísima Virgen me dijo: Aquí tienes el tesoro más precioso. Y me dio al Niño Jesús. Cuando tomé al Niño Jesús en brazos, la Virgen y San José desaparecieron; me quedé sola con el Niñito Jesús: Le dije:

609 Sé que eres mi Señor y Creador, a pesar de ser tan pequeño. Jesús tendió sus bracitos y me miraba sonriendo, mi espíritu estaba lleno de un gozo incomparable. De repente Jesús desapareció y la Santa Misa llegó al momento de acercarse a la Santa Comunión. Fui en seguida con otras hermanas a tomar la Santa Comunión con el alma llena [de su presencia]. Después de la Santa comunión (71) oí en el alma estas palabras: Yo soy en tu corazón el mismo al que tuviste en tus brazos. Entonces rogué al señor por cierta alma [222] para que le concediera la gracia en la lucha y le quitara esa prueba. Se hará según pides, pero su merito no disminuirá. Una alegría reinó en mi alma por ser Dios tan bueno y tan misericordioso; Dios concede todo lo que pedimos con confianza.

611. Te conocí, oh Dios, como una Fuente de Misericordia con que se anima y alimenta cada alma. Oh, qué grande es la misericordia del Señor, por encima de todos sus atributos; la misericordia es el mayor atributo de Dios, todo lo que me rodea, me habla de ello. La misericordia es la vida de las almas, su compasión es inagotable. Oh Señor, míranos y trátanos según Tu piedad infinita, según Tu gran misericordia.

612 Una vez tenia dudas de si lo que me había sucedido, no hubiese ofendido gravemente a Jesús. Como no lograba darme cuenta de ello, decidí no acercarme a la Santa Comunión antes de confesarme, aunque en seguida hice un acto de contrición, porque tengo la costumbre de que después de la menor falta, me ejercito en la contrición. En los días en que no me acercaba a la Santa Comunión (73) no sentía la presencia de Dios, sufría indeciblemente a cause de esto, pero lo soportaba como el castigo por el pecado. Sin embargo durante la confesión recibí una amonestación, que podía acercarme a la Santa Comunión, ya que lo que me había sucedido no era un impedimento para recibir la Santa Comunión. Después de la confesión recibí la Santa Comunión, y vi a Jesús que me dijo estas palabras: Has de saber, hija Mía, que no uniéndote a Mi en la Santa Comunión Me ha desagradado mas que [cometiendo] aquella pequeña falta.

621 Una vez, cuando entré en la capilla por cinco minutos de adoración y recé por cierta alma, comprendí que no siempre Dios acepta nuestras plegarias por aquellas almas por las cuales rogamos, sino que las destina a otras almas, y no les llevamos alivio en las penas que sufren en el fuego del purgatorio; sin embargo nuestra plegaria no se pierde.

625 Por la noche, mientras rezaba, la Virgen me dijo: Su vida debe ser similar a la mía, silenciosa y escondida; deben unirse continuamente a Dios, rogar por la humanidad y preparar al mundo para la segunda venida de Dios.

628 La noche del ultimo día en que iba a salir de Vilna, una hermana [231], de edad ya avanzada, me reveló el estado de su alma; me dijo que desde hacia ya un par de años sufría interiormente, que le parecía que todas las confesiones habían sido mal hechas y que tenia dudas de si Jesús le había perdonado. Le pregunté si había hablado de eso alguna vez al confesor. Me contestó que ya muchas veces (85) había hablado de eso al confesor y siempre los confesores me dicen que esté tranquila; sin embargo sufro mucho y nada me da alivio, y siempre me parece que Dios no me ha perdonado. Le contesté: Obedezca, hermana, al confesor y esté completamente tranquila, porque seguramente es una tentación. No obstante, ella con lagrimas en los ojos, suplicó que preguntara a Jesús si la había perdonado y si sus confesiones habían sido buenas o no. Le contesté enérgicamente: Pregunte usted misma, hermana, si no cree a los confesores. Pero ella me apretó de la mano y no quería dejarme hasta que le dijera que rogaría por ella y le relataría lo que Jesús me contestaría. Llorando amargamente no quería dejarme y me dijo: Yo sé, hermana, que Jesús le habla, Y sin poder liberarme de ella. Por la noche, durante la Bendición, oí en el alma estas palabras: Dile que su desconfianza hiere más Mi Corazón que los pecados que cometió. Cuando se lo dije se puso a llorar como una niña y una gran alegría entro en su alma. Comprendí que Dios deseaba consolar esa alma por mi medio, por lo tanto, a pesar de que esto me costó mucho, cumplí el deseo de Dios.

630 De pronto vi junto a mi a uno de los siete espíritus, radiante como antes, con aspecto luminoso; lo veía [232] continuamente junto a mi cuando iba en tren. Veía que sobre cada iglesia que pasábamos había un ángel, pero en una luz mas pálida que la del espíritu que me acompañaba en el viaje. Y cada uno de los espíritus que custodiaban los templos, se inclinaba ante el espíritu que estaba a mi lado.

En Varsovia, cuando entré por la puerta [del convento], el espíritu desapareció; agradecí a Dios por su bondad, por darnos a los ángeles como compañeros. Oh, qué poco piensa la gente en que tiene siempre a su lado a tal huésped y, a la vez, un testigo de todo. ¡Pecadores!, recuerden que tienen un testigo de sus acciones.

633 Me extraña muchísimo como es posible tener una envidia tan grande. Yo, viendo el bien de alguien, me alegro como si yo misma lo tuviera, la alegría de los demás es mi alegría y el sufrimiento de los demás es mi sufrimiento, porque si no fuera así no me atrevería relacionarme con Jesús. El espíritu de Jesús es siempre simple, apacible, sincero; cada malicia, envidia, falta de bondad ocultada bajo una sonrisa de afabilidad es un diablito inteligente; una palabra dura pero que proviene del amor sincero, no hiere al corazón.

634 (90) 22 III 1936. Al llegar a Varsovia, entré un momento en la pequeña capilla para agradecer a Jesús por el viaje feliz y pedí al Señor la ayuda y la gracia en todo lo que me esperaba, sometiéndome en todo a su santa voluntad. Oí estas palabras: No tengas miedo de nada, todas las dificultades servirán para que se realice Mi voluntad.

635 El día 25 de marzo. Durante la meditación matutina me envolvió la presencia de Dios de modo singular, mientras reflexionaba sobre la grandeza infinita de Dios y, al mismo tiempo, sobre su condescendencia hacia la criatura. Entonces vi a la Santísima Virgen que me dijo: Oh, cuán agradable es para Dios el alma que sigue fielmente la inspiración de su gracia. Yo di al mundo el Salvador y tu debes hablar al mundo de su gran misericordia y preparar al mundo para su segunda (91) venida. Él vendrá, no como un Salvador Misericordioso, sino como un Juez Justo. Oh, qué terrible es ese día. Establecido está ya es el día de la justicia, el día de la ira divina. Los ángeles tiemblan ante ese día. Habla a las almas de esa gran misericordia, mientras sea un el tiempo para conceder la misericordia. Si ahora tu callas, en aquel día tremendo responderás por un gran numero de almas. No tengas miedo de nada, permanece fiel hasta el fin, yo te acompaño con mis sentimientos.

637. Cuando me acerqué al confesionario y empecé la confesión, el sacerdote me interrumpió la confesión y empezó a hablarme de la gran misericordia de Dios con tanta fuerza que nunca antes escuché hablar así, y me preguntó: ¿Sabes que la misericordia del Señor está por encima de todas sus obras, que es la corona de sus obras?

642 (96) El Domingo de Ramos. Este domingo experimenté de manera singular los sentimientos del dulcísimo Corazón de Jesús; mi espíritu estaba allí donde estaba Jesús. Vi a Jesús montado en un burrito, y a los discípulos, y a una gran muchedumbre que iba alegre junto a Jesús con ramos en las manos; y algunos los tiraban bajo los pies donde pasaba Jesús y otros mantenían los ramos en alto, brincando y saltando delante del Señor sin saber qué hacer de alegría. Y vi otra muchedumbre que salió al encuentro de Jesús, con rostros igualmente alegres y con ramos en las manos, gritando sin cesar de alegría; había también niños pequeños, pero Jesús estaba muy serio; el señor me dio a conocer lo mucho que sufría en aquellos momentos. Yo no veía nada fuera de Jesús, que tenia el Corazón saturado por la ingratitud {de los hombres].

645. Entonces vi a Jesús así como está pintado en la imagen y me dijo: Dile al confesor, que esta obra es Mía y Me sirvo de ti como de un miserable instrumento. Y dije: Jesús, yo no puedo hacer nada de lo que me ordenas ya que el confesor me dijo que todo esto es una ilusión y que no puedo seguir Tus ordenes; yo no haré nada de lo que ahora me recomendarás. Perdóname, Señor, a mi no me está permitido nada, yo tengo que ser obediente al confesor. Jesús, Te pido muchísimo perdón, Tu sabes cuánto sufro por esta razón, pero ¿qué hacer?, Jesús, el confesor me ha prohibido seguir Tus ordenes. Jesús escuchaba amablemente y con satisfacción mi argumentación y mis lamentos. Yo pensé (102) que esto ofendería mucho a Jesús y, al contrario, Jesús estaba contento y me dijo amablemente: Relata siempre al confesor todo lo que Yo te recomiendo y lo que te digo y haz solamente aquello para lo cual recibirás el permiso; no te perturbes ni tengas miedo de nada. Yo estoy contigo. Mi alma se llenó de gozo, y desaparecieron todos los pensamientos que la atormentaban, mientras entraron en el alma la certeza y la valentía.

646 Sin embargo, un momento después me sumergí en la Pasión que Jesús sufrió en el Huerto de los Olivos. Esto duró hasta la mañana del viernes. El viernes experimenté la Pasión de Jesús, pero ya de modo diferente. Aquel día, vino a nosotras de Derdy el Padre Bukowski. Una fuerza misteriosa me empujó a ir a confesarme y decir todo lo que me había pasado y lo que Jesús me había dicho. Cuando lo dije al Padre, y él estaba completamente cambiado, me contestó (103): No tenga miedo de nada, hermana, no le va pasar nada malo, ya que Jesús no lo permitirá. Como usted es obediente y en esta disposición, no se preocupe de nada. Dios encontrará el modo de realizar esta obra, tenga siempre esta sencillez y sinceridad y hable de todo a la Madre General. Lo que yo le había dicho, era para prevenirla, porque las ilusiones se dan también en personas santas; a esto puede mezclarse, a veces alguna sugerencia del diablo y también alguna originada por nosotros mismos, por eso debe ser prudente. Siga como hasta ahora; usted ve que Jesús no se ha enojado por esto. Puede repetir estas cosas que han sucedido a su confesor permanente.

647 Comprendí que tengo que rezar mucho por cada confesor para que el Espíritu (104) Santo los ilumine, porque cuando me acerco al confesionario sin rezar antes ardientemente, el confesor me comprende poco. Ese Padre me animó a rogar fervientemente por la intención de que Dios me permitiera conocer y comprender mejor las cosas que exige de mí: Hermana, haga una novena tras otra y Dios no rehusará sus gracias.

654 Ahora comprendo que la confesión es solamente (109) la declaración de los pecados y la dirección espiritual es [algo] completamente diferente, pero no quiero hablar de esto. Deseo relatar una cosa extraña que me sucedió por primera vez; cuando el confesor comenzó a hablarme, no comprendía ni una palabra suya. De pronto vi a Jesús crucificado que me dijo: Busca la fuerza y la luz en Mi Pasión. Terminada la confesión medite la tremenda Pasión de Jesús y comprendí que lo que yo sufría era nada en comparación con la Pasión del Creador y que cada imperfección, hasta la mas pequeña, había sido la causa de aquella tremenda Pasión. Luego mi alma fue compenetrada por un gran arrepentimiento y solo entonces sentí que estaba en el mar insondable de la misericordia de Dios. Oh, qué pocas palabras tengo para expresar lo que siento.

673 13 de agosto. Durante el día entero estuve atormentada por terribles tentaciones, me venían a la boca blasfemias, una aversión a todo lo santo y divino; no obstante luché todo el día; por la noche comenzó a aplastarme la idea: ¿Por qué hablar de ello al confesor?, (120) él se reirá de esto. Alguna aversión y un desaliento envolvieron mi alma y me parecía que en tal estado no podía acercarme de ningún modo a la Santa Comunión. Al pensar que no iba a acercarme a la Santa Comunión, un dolor tan tremendo estrechó mi alma que faltó poco para que gritara en voz alta en la capilla. No obstante me di cuenta de que estaban otras hermanas y decidí ir al jardín y esconderme para poder al menor llorar fuerte. De repente Jesús

674 Se presentó junto a mí y dijo: ¿A dónde piensas ir? No contesté nada a Jesús, pero desahogué ante Él todo mi dolor y cesaron todas las insidias de Satanás. Jesús me dijo que: La paz interior que tienes es una gracia, y desapareció súbitamente. Yo me sentía feliz y extrañamente tranquilizada. De verdad, solo Jesús, Él, el Señor Altísimo, puede hacer que en un momento vuelva una tranquilidad tan completa.

675. Cuando recibí este artículo [241] sobre la Divina Misericordia junto con la imagen [242], la presencia de Dios me envolvió de modo singular. Cuando me sumergí en la oración de agradecimiento, de repente vi al Señor Jesús en una gran claridad tal y como está pintado y a los pies de Jesús vi al Padre Andrasz y al Padre Sopocko, los dos tenían plumas en la mano y de las puntas de ambas plumas salían resplandores y fuego semejantes a un relámpago que tocaba a una gran multitud de gente que corría no sé a dónde. Apenas [alguien] era alcanzado por aquel rayo, daba la espalda a la muchedumbre y tendía los brazos a Jesús; algunos volvían con gran alegría y otros con gran dolor y pena. Jesús miraba con gran amabilidad a los dos. Un momento después me quedé a solas con Jesús y le dije: Jesús, llévame ahora, porque Tu voluntad ya está cumplida, y Jesús me contestó: (122) Todavía no toda Mi voluntad se ha cumplido en ti, sufrirás todavía mucho, pero Yo estoy contigo, no tengas miedo.

677 Durante la Santa Misa celebrada por el Padre Andrasz, un momento antes de la elevación, la presencia de Dios penetró mi alma y que fue atraída hacia el altar. Luego vi a la Santísima Virgen con el Niñito Jesús. El Niño Jesús se tenia de la mano de la Virgen; en un momento el Niño Jesús corrió alegremente al centro del altar, y la Santísima Virgen me dijo: Mira, con qué tranquilidad confío a Jesús en sus manos, así también tú debes (123) confiar tu alma y ser como una niña frente a Él. Después de estas palabras mi alma fue llenada de una misteriosa confianza. La Santísima Virgen vestía una túnica blanca, singularmente blanca, transparente, sobre la espalda tenia un manto transparente de color del cielo, es decir como el azul, la cabeza descubierta, el cabello suelto; esplendida e indeciblemente bella. La Santísima Virgen miraba al sacerdote con gran benevolencia, pero un momento después el Padre partió este esplendido Niño y salio sangre verdaderamente viva; el sacerdote se inclinó y tomó en si a Jesús vivo y verdadero. Lo comió, no sé cómo esto sucede. Oh Jesús, Jesús, no alcanzo a seguirte, porque Tú en un momento Te haces inconcebible para mí.

681 Durante los tormentos mas duros fijo mi mirada en Jesús crucificado; no espero ayuda de parte de los hombres, sino que tengo mi confianza en Dios; en su insondable misericordia está toda mi esperanza.

683 Una vez, cuando rogaba mucho a los santos jesuitas, de repente vi al Ángel custodio que me llevó delante del trono de Dios; pasé (126) entre grandes huestes de santos, reconocí a muchos por sus imágenes; vi a muchos jesuitas que me preguntaron: ¿De qué Congregación es esta alma? Cuando les contesté, preguntaron: ¿Quién es tu director? Contesté que el Padre Andrasz. Cuando quisieron seguir hablando, mi Ángel Custodio hizo la señal de callar y pasé delante del trono mismo de Dios. Vi una claridad grande e inaccesible, vi el lugar destinado para mí en la cercanía de Dios, pero cómo es, no sé, porque lo cubría una nube, pero mi Ángel Custodio me dijo: Aquí está tu trono, por la fidelidad en el cumplimiento de la voluntad de Dios.

684 La Hora Santa. Jueves. En aquella hora de plegaria Jesús me permitió entrar en el Cenáculo y estuve presente durante lo que sucedió allí. Sin embargo, lo que me conmovió mas profundamente fue el momento [243] antes de la consagración en que Jesús levantó (127) los ojos al cielo y entró en un misterioso coloquio con su Padre. Aquel momento lo conocemos debidamente sólo en la eternidad. Sus ojos eran como dos llamas, el rostro resplandeciente, blanco como la nieve, todo su aspecto majestuoso, su alma llena de nostalgia. En el momento de la consagración descansó el amor saciado, el sacrificio completamente cumplido. Ahora se cumplirá solamente la ceremonia exterior de la muerte, la destrucción exterior, la esencia está en el Cenáculo. En toda mi vida no tuve un conocimiento tan profundo de este misterio como en aquella hora de adoración. Oh, con qué ardor deseo que el mundo entero conozca este misterio insondable.

687 En una ocasión, mientras iba por el pasillo a la cocina, oí en el alma estas palabras: Reza incesantemente esta coronilla que te he ensenado. Quienquiera que la rece recibirá gran misericordia a la hora de la muerte. Los sacerdotes se la recomendarán a los pecadores como la ultima tabla de salvación. Hasta el pecador mas empedernido, si reza esta coronilla una sola vez, recibirá la gracia de Mi misericordia infinita. Deseo que el mundo entero conozca Mi misericordia; deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi misericordia.

698. Oh, cuánto hiere a Jesús la ingratitud de un alma elegida. Su amor inefable padece un martirio. Dios nos ama con todo su Ser infinito, cual Él es, y un polvo miserable desprecia este amor. Mi corazón estalla de dolor cuando veo tal ingratitud.

699 Una vez, oí estas palabras: Hija Mía, habla al mundo entero de la inconcebible (138) misericordia Mía. Deseo que la Fiesta de la Misericordia sea refugio y amparo para todas las almas y, especialmente, para los pobres pecadores. Ese día están abiertas las entrañas de Mi misericordia. Derramo todo un mar de gracias sobre las almas que se acercan al manantial de Mi misericordia. El alma que se confiese y reciba la Santa Comunión obtendrá el perdón total de las culpas y de las penas. En ese día están abiertas todas las compuertas divinas a través de las cuales fluyen las gracias. Que ningún alma tema acercarse a Mí, aunque sus pecados sean como escarlata. Mi misericordia es tan grande que en toda la eternidad no la penetrará ningún intelecto humano ni angélico. Todo lo que existe ha salido de las entrañas de Mi misericordia. Cada alma respecto a mi, por toda la eternidad meditará Mi amor y Mi misericordia. La Fiesta de la Misericordia ha salido de Mis entrañas (139, deseo que se celebre solemnemente el primer domingo después de Pascua. La humanidad no conocerá paz hasta que no se dirija a la Fuente de Mi misericordia.

702 13 de agosto de 1936. Esta noche me penetra la presencia de Dios, en un solo instante conozca la gran santidad de Dios. Oh, cómo me oprime esta grandeza de Dios, ya que al mismo tiempo conozco todo mi abismo y mi nulidad. Es un gran tormento, porque al conocimiento sigue el amor. El alma se lanza con ímpetu hacia Dios y se encuentran de frente dos amores: el Creador y la criatura; (141) una gotita quiere medirse con el océano. En un primer momento la gota quisiera encerrar en sí este océano ilimitado, pero en el mismo instante conoce que es una gotita y entonces queda vencida, pasa toda a Dios como una gota al océano…. Al iniciarse aquel momento es un tormento, pero tan dulce que el alma, experimentándolo, es feliz.

706 29 IX. En el día de San Miguel Arcángel vi a este gran guía junto a mí que me dijo estas palabras: El Señor me recomendó tener un cuidado especial de ti. Has de saber que eres odiada por el mal, pero no temas. ¡Quién como Dios! Y desapareció. Sin embargo siento su presencia y su ayuda.

707 (143) 2 X 1936. El primer viernes del mes. Después de la Santa Comunión, de repente vi a Jesús que me dijo estas palabras: Ahora sé que no Me amas por las gracias ni por los dones, sino porque Mi voluntad te es mas querida que la vida. Por eso Me uno a ti tan estrechamente como a ninguna otra criatura.

711 5 X 1936. Hoy recibí una carta del Padre Sopocko por la cual me enteré de que piensa hacer imprimir una estampita del Cristo Misericordioso, y me pidió enviarle cierta plegaria que quiere poner detrás, si obtiene la autorización del arzobispo. Oh, con que gozo tan grande se llena mi corazón por el hecho de que Dios me ha permitido ver esta obra de su misericordia. Oh, qué grande es esta obra del Altísimo; yo soy solamente su instrumento. Oh, cuán ardiente es mi deseo de ver esta Fiesta de la Divina Misericordia que Dios exige a través de mi, pero si tal es la voluntad de Dios y si ella se celebra solemnemente sólo después de mi muerte, yo me alegro de ella ya ahora y la celebro dentro de mi con el permiso del confesor.

712 (146) + Hoy he visto al Padre Andrasz de rodillas, sumergido en la plegaria y de súbito Jesús se presentó a su lado, e impuso las dos manos sobre su cabeza, y me dijo: Él te guiará, no tengas miedo.

713 11 de octubre. Esta noche, mientras escribía sobre esta gran misericordia de Dios y sobre el gran provecho para las almas, Satanás irrumpió en la celda con gran rabia y furia, tomó el biombo y se puso a despedazarlo y quebrarlo. En un primer momento me asusté un poco, pero en seguida con un pequeño crucifijo hice la señal de la santa cruz; la bestia se calmó en seguida y desapareció. Hoy no vi esta figura monstruosa, pero solamente su rabia; la rabia de Satanás es terrible. El biombo, sin embargo, no estaba despedazado ni quebrado; con toda tranquilidad seguí escribiendo. Sé bien que sin la voluntad de Dios, aquel miserable no me tocará, pero ¿por qué se porta así? Comienza a asaltarme abiertamente (147) y con tanta rabia y tanto odio, pero no perturba mi paz ni por un momento, y esta serenidad mía provoca su rabia.

723 Hoy escuché estas palabras: Las gracias que te concedo no son solamente para ti, sino también para un gran número de almas…. Y en tu corazón está continuamente Mi morada. A pesar de la miseria que eres Me uno a ti y te quito tu miseria y te doy Mi misericordia. En cada alma cumplo la obra de la misericordia, y cuanto mas grande es el pecador, tanto mas grande es el derecho que tiene a Mi misericordia. Quien confía en Mi misericordia no perecerá porque todos sus asuntos son Míos y los enemigos se estrellarán a los pies de Mi escabel.

724 (152) En víspera de los ejercicios espirituales empecé a rogar que Jesús me diera al menos un poco de salud para que pudiera participar en los ejercicios, porque me sentía tan mal que posiblemente fuesen los últimos para mí. Pero en cuanto empecé a rezar, sentí en seguida un extraño descontento; interrumpí la plegaria de suplica y me puse a agradecer al Señor por todo lo que me enviaba, sometiéndome completamente a su santa voluntad, de inmediato sentí en el alma una profunda calma.

La fiel sumisión a la voluntad de dios siempre y en todas partes, en todos los casos y todas las circunstancias de la vida, da a Dios una gran gloria; tal sumisión a la voluntad de Dios, a sus ojos tiene un valor mayor que largos ayunos, mortificaciones, y las más severas penitencias. Oh, qué grande es la recompensa por un solo acto de amorosa sumisión a la voluntad de Dios. Mientras lo escribo mi alma cae en éxtasis, ¡cuánto Dios la ama y de cuánta paz goza el alma ya aquí en la tierra!

729. (…) El Señor me lo dio a conocer claramente y experimentar incluso físicamente. No termino de asombrarme cuando conozco y experimento el amor sin límites de Dios, con el que Dios me ama. ¿Quién es Dios y quién soy yo? No puedo continuar (155) reflexionando. Solamente el amor entiende el encuentro y la unión entre estos dos espíritus, es decir Dios Espíritu y el alma de la criatura. Cuanto más lo conozco, tanto mas me sumerjo en Él con todo el poder de mi ser.

732 La gran Majestad de Dios que me ha penetrado hoy y sigue penetrando, ha despertado en mí un gran temor, pero un temor reverencial y no un temor servil que es muy distinto del temor reverencial. El temor reverencial ha surgido hoy en mi corazón del amor y del conocimiento de la grandeza de Dios y esto es un gran gozo para el alma. El alma tiembla frente a la más pequeña ofensa de Dios, pero esto no le perturba ni le empaña la felicidad. Donde impera el amor, allí todo va bien.

733 Me sucede, mientras escucho la meditación [247], que una palabra me introduce en una más estrecha unión con el Señor y no sé lo que está diciendo el Padre. Sé que estoy junto al misericordiosísimo Corazón de Jesús, todo mi espíritu se hunde en Él, y en un solo momento conozco (157) mas que durante largas horas de búsquedas intelectuales o de meditación. Son relámpagos repentinos de luz que me permiten conocer una cosa tal y como Dios la ve, tanto en los asuntos del mundo interior como también en los del mundo exterior.

734 Veo que Jesús Mismo actúa en mi alma durante estos ejercicios espirituales, yo trato solamente de ser fiel a su gracia. He confiado totalmente mi alma a la influencia de Dios, este Soberano celestial ha tomado mi alma en la posesión absoluta; siento que estoy elevada más allá de la tierra y del cielo, hacia la vida interior de Dios, donde conozco al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, pero siempre en la unidad de su Majestad.

737 A pesar de estar enferma decidí hacer hoy, como de costumbre, la Hora Santa. En esta hora vi a Jesús flagelado junto a la columna. Durante este terrible tormento Jesús rezaba y un momento después me dijo: Son pocas las almas que contemplan Mí Pasión con verdadero sentimiento; a las almas que meditan devotamente Mi Pasión, les concedo el mayor número de gracias.

738. No eres capaz de recibir ni siquiera Mis gracias sin Mi ayuda particular – tú sabes lo que eres.

739 Hoy, después de la Santa Comunión, he hablado muchísimo a Jesús de las personas que me son particularmente queridas. Entonces oí estas palabras: Hija Mía, no te esfuerces con tal locuacidad. A quienes amas de modo particular, también Yo los amo de manera especial y por consideración a ti los colmo de Mis gracias. Me agrada cuando Me hablas de ellos, pero no lo hagas con esfuerzos excesivos.

741. Hoy he estado en los abismos del infierno, conducida por un ángel. Es un lugar de grandes tormentos, ¡qué espantosamente grande es su extensión! Los tipos de tormentos que he visto: el primer tormento que constituye el infierno, es la perdida de Dios; el segundo, el continuo remordimiento de conciencia; el tercero, aquel destino no cambiará jamás; (160) el cuarto tormento, es el fuego que penetrará al alma, pero no la aniquilará, es un tormento terrible, es un fuego puramente espiritual, incendiado por la ira divina; el quinto tormento, es la oscuridad permanente, un horrible, sofocante olor; y a pesar de la oscuridad los demonios y las almas condenadas se ven mutuamente y ven todos el mal de los demás y el suyo; el sexto tormento, es la compañía continua de Satanás; el séptimo tormento, es una desesperación tremenda, el odio a Dios, las imprecaciones, las maldiciones, las blasfemias. Estos son los tormentos que todos los condenados padecen juntos, pero no es el fin de los tormentos. Hay tormentos particulares para distintas almas, que son los tormentos de los sentidos: cada alma es atormentada de modo tremendo e indescriptible con lo que ha pecado. Hay horribles calabozos, abismos de tormentos donde un tormento se diferencia del otro. Habría muerto a la vista de aquellas terribles torturas, si no me hubiera sostenido la omnipotencia de Dios. Que el pecador sepa: con el sentido que peca, con ese será atormentado por (161) toda la eternidad. Lo escribo por orden de Dios para que ningún alma se excuse [diciendo] que el infierno no existe o que nadie estuvo allí ni sabe cómo es.

Yo, Sor Faustina, por orden de Dios, estuve en los abismos del infierno para hablar a las almas y dar testimonio de que el infierno existe. Ahora no puedo hablar de ello, tengo, la orden de dejarlo por escrito. Los demonios me tenían un gran odio, pero por orden de Dios tuvieron que obedecerme. Lo que he escrito es una débil sombra de las cosas que he visto. He observado una cosa: la mayor parte de las almas que allí están son las que no creían que el infierno existe. Cuando volví en mi no pude reponerme del espanto, qué terriblemente sufren allí las almas. Por eso ruego con más ardor todavía por la conversión de los pecadores, invoco incesantemente la misericordia de Dios para ellos. Oh Jesús mío, prefiero agonizar en los más grandes tormentos hasta el fin del mundo, que ofenderte con el menor pecado.

742. Hija Mía, si por medio de ti exijo de los hombres el culto a Mi misericordia, tú debes ser la primera en distinguirte por la confianza en Mi misericordia. Exijo de ti obras de misericordia que deben surgir del amor hacia Mí. Debes mostrar misericordia al prójimo siempre y en todas partes. No puedes dejar de hacerlo ni excusarte ni justificarte.

Te doy tres formas de ejercer misericordia al prójimo: la primera – la acción; la segunda – la palabra; la tercera – la oración. En estas tres formas está contenida la plenitud de la misericordia y es el testimonio irrefutable del amor hacia Mí. De este modo el alma alaba y adora Mi misericordia. Sí, el primer domingo después de Pascua es la Fiesta de la Misericordia, pero también debe estar presente la acción y pido se rinda culto a Mi misericordia con la solemne celebración de esta Fiesta y con el culto a la imagen que ha sido pintada. A través de esta imagen concederé muchas gracias a las almas; ella ha de recordar a los hombres las exigencias de Mi misericordia, porque la fe sin obras, por fuerte (163) que sea, es inútil. Oh Jesús mío, ayúdame en todo, porque ves lo pequeña que soy, por eso cuento únicamente con Tu bondad, oh Dios.


748. 2 de noviembre [1936]. Por la tarde, después de las vísperas fui al cementerio [250]. Después de rezar un momento, vi a una de nuestras hermanas que me dijo: Estamos en la capilla. Comprendí que debía ir a la capilla y rezar allí para adquirir indulgencias. Al día siguiente, durante la Santa Misa vi tres palomas blancas que se alzaron del altar hacia el cielo. Comprendí que no solamente estas tres almas queridas que habían visto fueron al cielo, sino también muchas otras que habían muerto fuera de nuestro instituto. Oh, qué bueno y misericordiosos es el Señor.

754 Promesa del Señor: A las almas que recen esta coronilla, Mi misericordia las envolverá en la vida y especialmente a la hora de la muerte.

757 (173) 19 XI [1936]. Hoy durante la Santa Misa vi a Jesús que me dijo: Quédate tranquila, hija Mía, veo tus esfuerzos que Me agradan mucho. Y el Señor desapareció y era el momento de acercarse a la Santa Comunión. Después de recibir la Santa Comunión, de repente vi el Cenáculo y en él a Jesús y a los apóstoles; vi la institución del Santísimo Sacramento. Jesús me permitió penetrar en su interior y conocí su gran Majestad y al mismo tiempo su gran humildad. Esta luz misteriosa que me permitió conocer su Majestad me reveló a la vez lo que hay dentro de mi alma.

758 Jesús me dio a conocer el abismo de su dulzura y humildad, y me hizo saber que lo exigía de mí decididamente. Sentí la mirada de Dios en mi alma que me llenó de un amor inefable, pero comprendí que el Señor miraba con amor mis virtudes y mis esfuerzos heroicos y supe que ellos atraían a Dios hacia mi corazón. Por eso comprendí que no era suficiente preocuparme solamente por las virtudes ordinarias, sino que debía ejercitarme (174) en las virtudes heroicas, aunque por fuera parecieran cosas totalmente normales, sin embargo el modo seria distinto, distinguido solamente por el ojo del Señor. Oh Jesús mío, lo que escribí es solamente una pálida sombra de lo que entiendo en el alma, éstas son las cosas puramente espirituales, pero para describir algo de lo que el Señor me da a conocer, tengo que utilizar las palabras que me dejan insatisfecha porque no reflejan la realidad.

761 Oh Jesús, mi espíritu Te añora mucho y deseo mucho unirme a Ti, pero me retienen Tus obras. No está todavía completo el número de almas que debo llevarte. Deseo las fatigas, los sufrimientos, que se cumpla en mi todo que has planeado (176) antes de todos los siglos, oh Creador mío y Señor. Comprendo solamente Tu palabra, solamente ella me da fuerzas. Tu Espíritu, oh Señor, es el espíritu de la paz y nada perturba mi interior, porque allí moras Tú, oh Señor.

Sé que estoy bajo Tu mirada especial, oh Señor. No analizo con temor Tus designios respecto a mí; mi tarea es aceptar todo de Tus manos, no tengo miedo de nada aunque la tempestad está enfurecida y tremendo rayos caen alrededor de mí y entonces me siento verdaderamente sola, no obstante mi corazón Te siente y mi confianza aumenta considerablemente y veo toda Tu omnipotencia que me sostiene. Contigo, Jesús, camino por la vida entre arco iris y tormentas, con un grito de gozo, entonando un himno de Tu misericordia. No interrumpiré este canto de amor hasta que lo entone el coro angélico. No existe ninguna fuerza que pueda detenerme en mi carrera hacia Dios. Veo que no siempre, ni siquiera las Superioras entienden el camino por el Cual Dios me lleva, y eso no me extraña.

762 (177) En una ocasión vi al Padre Sopocko rezando, reflexionando sobre este caso [254]. Vi como, de repente, se apareció un círculo de luz encima de su cabeza. Aunque nos separa alguna distancia, lo veo a menudo, especialmente, cuando trabaja junto al escritorio, a pesar del cansancio.

764 (178) 24 XI. Hoy, recibí una carta del Padre Sopocko [255]. Por la carta supe que Dios Mismo dirige esta causa y como el Señor la ha iniciado, del mismo modo el Señor la guiará, y cuanto mayor son las dificultades que veo, tanto mas tranquila estoy. Oh, si en esta causa no hubiera una gran gloria de Dios ni el provecho para muchas almas, Satanás no se opondría de este modo, pero él intuye lo que va a perder. Ahora he comprendido que lo que Satanás odia más es la misericordia; ella es su mayor tormento. Pero la Palabra del Señor no pasará, la Palabra de Dios es viva, las dificultades no aniquilan las obras de Dios, sino que demuestran que son de Dios…

765 Una vez vi el convento de esta nueva Congregación. Mientras lo recorría y visitaba todo, de repente vi un grupito de niños cuya edad oscilaba entre cinco y once años. Al verme, me rodearon y se pusieron a gritar en voz alta: Defiéndenos del mal, y (179) me llevaron a la capilla que estaba en aquel convento. Cuando entré en la capilla, vi en ella a Jesús martirizado: Jesús me miró bondadosamente y me dijo que era ofendido gravemente por los niños. Defiéndelos tú del mal. A partir de aquel momento ruego por los niños, pero siento que la plegaria sola no es suficiente.

767 Actualmente mi relación con el Señor es plenamente espiritual; mi alma está tocada por Dios y se sumerge entera en Él, hasta olvidarse de si misma. Embebida de Dios, totalmente, se hunde en su belleza, se hunde toda en Él. No sé describirlo, porque escribiendo uso los sentidos y allí, en aquella unión, los sentidos no funcionan; hay una fusión de Dios y del alma, hay una vida tan grande en Dios a la que el alma es admitida que es imposible expresarla con palabras. Cuando el alma vuelve a la vida normal, entonces ve que esta vida es una oscuridad, una niebla, una soñolienta confusión, unas fajas que envuelven a un niño pequeño. En tales momentos el alma recibe únicamente de Dios, porque ella por si misma no hace nada, no hace el menor esfuerzo, Dios hace todo en ella. Pero cuando el alma vuelve al estado normal, ve que no está en su (181) poder permanecer más en esta unión. Aquellos momentos son breves, duraderos [en su efecto], el alma no puede permanecer mucho tiempo en tal estado, porque por fuerza se liberaría para siempre de los vínculos del cuerpo, a pesar de ser sostenida milagrosamente por Dios. Dios da a conocer claramente al alma cuánto la ama como si sólo ella fuera el objeto de su complacencia. El alma lo conoce de modo claro y casi sin velos, se lanza a todo correr hacia Dios, pero se siente como una niña pequeña. Sabe que esto no está en su poder, por lo tanto, Dios se humilla hacia ella y la une consigo de manera…aquí debo callarme porque lo que alma experimente, no sé describirlo.

770 En cuanto a mi, he recibido esta gracia por primera vez y por un brevísimo momento a la edad de dieciocho [256] años, en la octava de Corpus Cristo, durante las vísperas, cuando hice a Jesús el voto perpetuo (183) de castidad. Vivía aun en el mundo, pero poco después entré en el convento. Esta gracia duró un brevísimo momento, pero la potencia de esta gracia es grandísima. Después de aquella gracia hubo un largo intervalo. En verdad, durante ese intervalo recibí del Señor muchas gracias, pero de otra índole. Fue un periodo de pruebas y de purificación. Las pruebas fueron tan dolorosas que mi alma experimentó un abandono total de parte de Dios, fue sumergida en grandes tinieblas. Noté y comprendí que nadie lograría liberarme de aquellos tormentos y que no podían comprenderme. Hubo dos momentos en que mi alma fue sumergida en la desesperación, una vez por media hora, otra vez, por tres cuartos de hora. En cuanto a las gracias, no puedo describir exactamente su grandeza, lo mismo se refiere a las pruebas de Dios. Aunque usara no sé qué palabras, todo eso seria una pálida sombra. Sin embargo el Señor me sumergió en estos tormentos y el Señor me liberó. Eso duró un par de años y recibí nuevamente esta gracia excepcional de la unión, (184) que dura hasta hoy. Sin embargo también en esta segunda unión hubo breves pausas. No obstante, desde hace algún tiempo, no experimento intervalos, sino que me sumerge [la gracia] cada vez mas profundamente en Dios. La gran luz con la que es iluminado el intelecto, da a conocer la grandeza de Dios, no para que conociera en Él los distintos atributos, como antes, no ahora es de otro modo: en un solo momento conozco toda la esencia de Dios.

771 En el mismo instante el alma se hunde entera en Él y siente una felicidad [257] tan grande como los elegidos en el cielo. Aunque los elegidos en el cielo ven a Dios cara a cara y son totalmente felices, de modo absoluto, sin embargo su conocimiento de Dios no es igual; Dios me lo ha dado a conocer. El conocimiento mas profundo empieza aquí en la tierra, según la gracia, pero en gran parte depende de nuestra fidelidad a la gracia. Sin embargo, el alma que experimenta esta inefable gracia de la unión, no puede decir que ve a Dios cara a cara, ya que aquí hay un delgadísimo velo de la fe; pero tan (185) delgado que el alma puede decir que ve a Dios y habla con Él. Ella es “divinizada”, Dios da a conocer al alma cuánto la ama y el alma ve que las almas mejores y mas santas que ella no han recibido esta gracia. Por eso la envuelve el sagrado estupor, y la mantiene en una profunda humildad, y se hunde en su nada y en ese sagrado estupor. Cuanto más se humilla, tanto mas estrechamente Dios se une a ella y se humilla hacia ella. En aquel momento el alma está como escondida, sus sentidos inactivos, en un momento conoce a Dios y se sumerge en Él. Conoce toda la profundidad del Insondable y cuanto mas profundo es el conocimiento, tanto mas ardientemente el alma lo anhela.

777 (187) 27 XI [1936]. Hoy, en espíritu, estuve en el cielo y vi estas inconcebibles bellezas y la felicidad que nos esperan después de la muerte. Vi cómo todas las criaturas dan incesantemente honor y gloria a Dios; vi lo grande que es la felicidad en Dios que se derrama sobre todas las criaturas, haciéndolas felices; y todo honor y gloria que las hizo felices vuelve a la Fuente y ellas entran en la profundidad de Dios, contemplan la vida interior de Dios, Padre, Hijo y Espíritu Santo, que nunca entenderán ni penetrarán.

Esta fuente de felicidad es invariable en su esencia, pero siempre nueva, brotando para hacer felices a todas las criaturas. Ahora comprendo a San Pablo que dijo: Ni el ojo vio, ni oído oyó, ni entró al corazón del hombre, lo que Dios preparó para los que le aman.

778 Y Dios me dio a conocer una sola y única cosa que a sus ojos tiene el valor infinito, y éste es el amor de Dios, amor, amor y una vez mas amor, y con un acto de amor puro (188) de Dios nada puede compararse. Oh, qué inefables favores Dios concede al alma que lo ama sinceramente. Oh, felices las almas que ya aquí en la tierra gozan de sus particulares favores, y éstas son las almas pequeñas y humildes.

786 (…) Durante las vísperas, mientras continuaba contemplando esta especie de mezcla del sufrimiento y de la gracia, oí la voz de la Santísima Virgen: Has de saber, hija mía, que a pesar de ser elevada a la dignidad de la Madre de Dios, siete espadas dolorosas me han traspasado el corazón. No hagas nada en tu defensa, soporta todo con humildad, Dios Mismo te defenderá.

788 Cuando hablaba con el Dios oculto, me ha dado a conocer y comprender que no debo reflexionar mucho ni tener miedo de las dificultades que puedo encontrar. Has de saber que Yo estoy contigo, establezco las dificultades, las supero, y en un solo instante puedo cambiar las posturas contrarias en actitudes favorables a esta causa. Durante el coloquio de hoy el Señor me ha aclarado mucho, aunque no escribo todo.


805 La Inmaculada Concepción

Desde la mañana temprana sentía la cercanía de la Virgen Santísima. Durante la Santa Misa la vi tan resplandeciente y bella que no encuentro palabras para expresar ni siquiera la mínima parte de su belleza. Era toda blanca, ceñida con una faja azul, el manto también azul, la corona en su cabeza, de toda la imagen irradiaba un resplandor inconcebible. Soy la Reina del cielo y de la tierra, pero especialmente la madre [de su Congregación]. Me estrechó a su corazón y dijo: Yo siempre me compadezco de ti. Sentí (202) la fortaleza de su Inmaculado Corazón que se transmitió a mi alma. Ahora comprendo porque desde hace dos semanas iba preparándome a esta fiesta y la anhelaba tanto. Desde hoy procuraré la máxima pureza del alma, para que los rayos de la gracia de Dios se reflejen con toda su claridad. Deseo ser el cristal para encontrar complacencia ante sus ojos.

806 Aquel día vi a cierto sacerdote rodeado del resplandor que fluía de él; evidentemente aquella alma ama a la Inmaculada.

811 Al entrar en mi soledad, oí estas palabras: Defenderé como Mi gloria a cada alma que rece esta coronilla en la hora de la muerte, o cuando los demás la recen junto al agonizante, quienes obtendrán el mismo perdón. Cuando (205) cerca del agonizante es rezada esta coronilla, se aplaca la ira divina y la insondable misericordia envuelve al alma y se conmueven las entrañas de Mi misericordia por la dolorosa Pasión de Mi Hijo.

817 13 XII [1936]. La confesión delante de Jesús.

Cuando reflexioné que hacia tres semanas que no me confesaba, irrumpí en llanto, viendo la fragilidad de mi alma y ciertas dificultades. No me había confesado porque así fueron las circunstancias: Cuando había confesión, yo estaba en la cama aquel día. A la semana siguiente la confesión fue por la tarde y por la mañana yo había salido al hospital. Esta tarde, en mi habitación aislada entró el Padre Andrasz y se sentó para que me confesara. Antes no dijo ni una palabra. Me alegré grandemente porque deseaba muchísimo confesarme. Como siempre revelé toda mi alma. El Padre me dio respuesta hasta a la cosa más pequeña. Me sentía extrañamente feliz de poder (208) decir todo. Como penitencia me dio: Letanías del Nombre de Jesús. Cuando quería presentarle la dificultad que tenia para rezar aquellas letanías, se levantó y me dio la absolución. De repente un gran resplandor comenzó a salir de su persona y vi que no era el Padre Andrasz sino Jesús. Sus vestiduras eran claras como la nieve, y desapareció en seguida. Al principio me quedé un poco inquieta, pero un rato después cierta tranquilidad entró en mi alma. Noté que Jesús confiesa como los confesores, sin embargo, durante esta confesión mi corazón intuía extrañamente algo; en un primer momento no logré comprender qué significaba eso.


838 Quedo admirada por tantas humillaciones y sufrimientos que afronta aquel sacerdote en toda esta causa, lo veo en momentos particulares y le sostengo con mi oración indigna [265]. Solo Dios puede dar tanta valentía, porque de otra manera el alma cedería; pero veo con alegría que todas estas contrariedades contribuyen a una mayor gloria de Dios. El Señor tiene pocas almas como éstas. Oh eternidad infinita, tú revelaras los esfuerzos de las almas heroicas, porque la tierra recompensa estos esfuerzos con ingratitud y odio; estas almas no tienen amigos (223) son solitarias. Y en esta soledad se fortalecen, sacan fuerza solamente de Dios; aunque con humildad, pero también con arrojo afrontan todas las tempestades que las azotan. Ellas, como robles tan altos que llegan hasta el cielo, sin inmóviles, y solamente en esto está su único secreto: que de Dios sacan su fuerza y todo lo que necesitan lo tienen para si mismas y para los demás. Llevan su peso, pero saben y son capaces de cargar el peso de los demás. Son verdaderas columnas resplandecientes en los caminos de Dios que viven, ellas mismas, en la luz e iluminan a los demás. Ellas mismas viven en las alturas y a los otros, más pequeños, saben indicar y ayudar a [alcanzar] estas alturas.

839 Oh Jesús mío, Tu ves que además de no saber escribir, no tengo una pluma buena que a veces escribe, de verdad, tan mal que tengo que componer frases letra por letra; y todavía no es todo: tengo esta dificultad de que tomo notas de estas cosas en secreto de las hermanas, pues, a veces tengo que cerrar el cuaderno a cada rato y escuchar pacientemente el relato (224) de una persona dada, y el tiempo que tengo dedicado a escribir pasa y cuando cierro repentinamente el cuaderno se mancha. Escribo con el permiso de las Superioras y por mandato del confesor. Es una cosa extraña que a veces escribo pasablemente y otras veces apenas puede descifrarme.

840 23 XII [1936]. Vivo este tiempo con la Santísima Virgen y me preparo a este solemne momento de la venida de Jesús. La Santísima Virgen me enseña sobre la vida interior del alma con Jesús, especialmente en la Santa Comunión. Solamente en la eternidad conoceremos qué gran misterio realiza en nosotros la Santa Comunión. ¡Oh los momentos más preciosos de mi vida!

848. que me enseñó Jesús. Mientras rezaba la coronilla, de repente, oí una voz: Oh, qué gracias más grandes concederé a las almas que recen esta coronilla; las entrañas de Mi misericordia se enternecen por quienes rezan esta coronilla. Anota estas palabras, hija Mía, habla al mundo de Mi misericordia para que toda la humanidad conozca la infinita misericordia Mía. Es una señal de los últimos tiempos, después de ella vendrá (230) el día de la justicia. Todavía queda tiempo, que recurran, pues, a la Fuente de Mi Misericordia, se beneficien de la Sangre y del Agua que brotó para ellos. Oh almas humanas, ¿dónde encontrarán refugio el día de la ira de Dios? Refúgiense ahora en la Fuente de la Divina Misericordia. Oh, qué gran número de almas veo que han adorado la Divina Misericordia y cantarán el himno de gloria por la eternidad.

853 Por la noche una grandísima añoranza se adueñó de mi alma. Tomé el folleto [275] con la imagen de Jesús misericordioso y lo estreché a mi corazón y se me escaparon del alma estas palabras: Jesús, Amor eterno, para Ti vivo, para Ti muero y deseo unirme a Ti. Repentinamente vi al Señor en su belleza inconcebible que me miró benignamente y dijo: (233) Hija Mía, también Yo por amor hacia ti he bajado del cielo, por ti he vivido, por ti he muerto y por ti he creado los cielos. Y me abrazó a su Corazón y me dijo: Dentro de poco; quédate tranquila, hija Mía. Al quedarme sola, mi alma fue inflamada del deseo de sufrir hasta el momento en que el Señor dijera: Basta. Y aunque tuviera que vivir miles de años, a la luz de Dios veo que es solamente un momento. + Las almas [la frase sin concluir].

854 29 XII [1936]. Hoy, después de la Santa Comunión, oí en el alma una voz: Hija Mía, vigila, porque llegaré inadvertidamente. Jesús, no quieres decirme la hora que espero con tanto anhelo. Hija Mía, para tu bien la conocerás, pero no ahora, vigila. Oh Jesús, haz conmigo todo lo que Te agrade, sé que eres el Salvador misericordioso y sé que no cambiarás conmigo en la hora de la muerte.

856 Durante la meditación matutina sentí aversión y repugnancia por todo lo que está creado. Todo es pálido a mis ojos, mi espíritu está apartado de todo, deseo solamente a Dios Mismo, sin embargo tengo que vivir. Es un martirio indescriptible. Dios se entrega al alma de manera amorosa y la atrae al abismo de su divinidad inconcebible, pero al mismo tiempo la deja aquí en la tierra solamente para que sufra y agonice de nostalgia por Él. Y este amor fuerte es tan puro que Dios Mismo tiene en él su complacencia y a sus acciones el amor propio no tiene acceso, porque aquí todo está lleno completamente de amargura y entonces también es completamente puro. La vida es una muerte continua, dolorosa y tremenda y al mismo tiempo es el núcleo de una vida verdadera y de una felicidad inconcebible y la fuerza del espíritu, a través de eso [el alma] es capaz de hacer grandes obras para Dios.

872. Durante la Hora Santa el Señor me concedió experimentar su Pasión. Compartí la amargura de la Pasión de la que estaba colmada su alma. Jesús me dio a conocer como el alma debe ser fiel a la oración, a pesar de las tribulaciones y la aridez y las tentaciones, porque de tal plegaria en gran medida depende a veces la realización de los grandes proyectos de Dios; y si no perseveramos en tal plegaria, ponemos impedimentos a lo que Dios quiere hacer a través de nosotros o en nosotros. Que cada alma recuerde estas palabras: Y encontrándose en una situación difícil, rogaba más tiempo. Yo prolongo siempre tal oración por cuanto me es posible y compatible con mis deberes

873 (…) Durante la Santa Misa sentí de manera particular la cercanía del Señor. Después de la Santa Comunión miré con confianza al Señor y le dije: Jesús, deseo mucho decirte una cosa, y el Señor me miró con amor y dijo: ¿Y qué es lo que quieres decirme? Jesús, Te pido por el inconcebible poder de Tu misericordia que todas las almas que mueran hoy eviten el fuego infernal, aunque fuesen los pecadores mas grandes; hoy es viernes, el memorial de Tu amarga agonía en la cruz; como Tu misericordia es inconcebible, los ángeles no se sorprenderán. Y Jesús me abraza a su Corazón y dijo: Hija (247) amada, has conocido bien el abismo de Mi misericordia. Haré como lo pides, pero no dejes de unirte continuamente a Mi corazón agonizante y satisfaz Mi justicia. Debes saber que Me has pedido una gran cosa, pero veo que te la ha dictado el amor puro hacia Mi, por eso satisfago tu petición.

877 Oh Jesús, escondido en la Hostia, mi dulce Maestro y fiel Amigo, oh qué feliz es mi alma por tener al amigo que siempre me hace compañía; no me siento sola, a pesar de estar en aislamiento. Oh Jesús Hostia, nos conocemos; esto me basta.

879 Hoy he visto que el Padre Andrasz celebraba la Santa Misa; antes de la elevación vi al pequeño Jesús que estaba muy contento, con las manitas tendidas y un momento después no veía nada más. Estaba en mi habitación aislada y continuaba haciendo el agradecimiento. Sin embargo, luego pensé: ¿Por qué el Niño Jesús estuvo tan alegre? Porque no siempre había estado tan alegre en mis visiones. De pronto oí dentro de mí estas palabras: Porque estoy bien en su corazón. Y eso no me sorprendió nada, porque sé que ama mucho a Jesús.

881 (252) 14 I 1937. Hoy Jesús ha entrado en mi pequeña habitación aislada, con una túnica clara, ceñido de un cinturón de oro; una gran Majestad resplandecía de toda su silueta y dijo: Hija Mía, ¿por qué te dejas llevar por pensamiento de miedo? Contesté: Oh Señor, Tu sabes por qué. Y me dijo: ¿Por qué? Esta obra me asusta. Tú sabes que soy incapaz de cumplirla. Y me dijo: ¿Por qué? Ves que no tengo salud, no tengo instrucción, no tengo dinero, soy un abismo de miseria, tengo miedo de tratar con la gente. Jesús, yo deseo solamente a Ti, Tú puedes liberarme de esto. Y el Señor me dijo: Hija Mía, lo que Me has dicho es verdad. Eres muy miserable y a Mi Me ha agradado realizar la obra de la misericordia precisamente a través de ti que eres la miseria misma. No tengas miedo, no te dejaré sola. Haz por esta causa lo que puedas, yo completaré todo lo que te falta; tú sabes lo que está en tu poder, hazlo. El Señor miró en lo profundo de mi ser con gran benevolencia; pensé que iba a morir de gozo bajo esta mirada. El Señor desapareció, se quedó en mi alma (253) la alegría, la fuerza y el ánimo para obrar, pero me sorprendí de que el Señor no quisiera liberarme, y no cambiara nada de lo que dijo una vez; y a pesar de toda esta alegría, hay siempre una sombra de sufrimiento. Veo que el amor y el sufrimiento van juntos.

882 Visiones como ésta no las tengo muchas, pero más a menudo trato con el Señor de manera mas profunda. Los sentidos quedan dormidos, pero, aunque inadvertidamente, cada cosa llega a ser para mi más real y más clara que como si la viera con los ojos. El intelecto conoce más en un momento que durante largos años de profundas reflexiones y meditaciones, tanto en lo referente a la esencia de Dios, como respecto a las verdades reveladas y también al conocimiento de su propia miseria.

883 Nada me perturba en esta unión con el Señor, ni la conversación con el prójimo, ni ninguna tarea, aunque tuviera que solucionar no sé qué importante asunto, eso no me molesta nada; mi espíritu está con Dios, mis entrañas están llenas de Dios, por eso no lo busco fuera (254) de mi. Él, el Señor, penetra mi alma como un rayo de luz el cristal puro. A mi madre natural, estando encerrada en su seno, no estaba tan unida a ella como a mi Dios; allá estaba la inconsciencia mientras aquí está la plenitud de la realidad y la conciencia de la unión. Mis visiones son puramente interiores, pero las comprendo mejor y en cambio me resulta más difícil expresarlas con palabras.

884 ¡Oh, qué bello es el mundo del espíritu! ¡Y qué real es! En comparación a él, esta vida exterior es una ilusión vana, una impotencia.

885 (…) Sé que me amas con el amor del esposo y eso me basta, a pesar de que nos separa un gran abismo, porque Tu eres el Creador y yo Tu criatura. Pero el amor es la única explicación de nuestra unión, fuera de él todo es inconcebible; sólo con el amor se comprende la inconcebible familiaridad con la que me tratas. Oh Jesús, Tu grandeza me espanta y permanecería en un continuo asombro y temor si no me tranquilizaras Tu Mismo; Tú me haces capaz de tratar Contigo siempre antes de acercarte.

889 Oh Jesús, me das a conocer y entender en qué consiste la grandeza del alma: no en grandes acciones, sino en un gran amor. Es el amor que tiene el valor y él confiere la grandeza a nuestras acciones; aunque nuestras acciones sean pequeñas y comunes de por si, a consecuencia del amor se harán grandes y poderosas delante de Dios gracias (257) al amor.

890. El amor es un misterio que transforma todo lo que toca en cosas bellas y agradables a Dios. El amor de Dios hace al alma libre; es como una reina que no conoce el constreñimiento del esclavo, emprende todo con gran libertad del alma, ya que el amor que vive en ella es el estimulo para obrar. Todo lo que la rodea, le da a conocer que solamente Dios es digno de su amor. El alma enamorada de Dios y en Él sumergida, va a sus deberes con la misma disposición con que va a la Santa Comunión y cumple también las acciones mas simples con gran esmero, bajo la mirada amorosa de Dios; no se turba si con el tiempo alguna cosa resulta menos lograda, ella está tranquila porque en el momento de obrar hizo lo que estaba en su poder. Cuando sucede que la abandona la viva presencia de Dios, de la que goza casi continuamente, entonces procura vivir de la fe viva; su alma comprende que hay momentos de descanso y momentos de lucha.

907 Cosa extraña que en invierno viene a mi ventana un canario y durante un momento canta de maravilla. Quise averiguar si estaba, quizá, por aquí en alguna jaula, pero no, no estaba en ninguna parte, tampoco en otro pabellón; una de las pacientes también lo oyó, pero una sola vez y se sorprendió de ¿cómo un canario pudiera cantar en una estación tan helada?

908. Oh Jesús, qué lástima me dan los pobres pecadores. Oh Jesús, concédeles el arrepentimiento y la contrición. Recuerda Tu dolorosa Pasión. Conozco Tu misericordia infinita, no puedo soportar que perezca el alma que Te costó tanto. Oh Jesús, dame las almas (267) de los pecadores. Que Tu misericordia descanse en ellas, quítame todo, pero dame estas almas. Deseo convertirme en la hostia expiatoria por los pecadores, que el cuerpo oculte mi sacrificio, ya que Tu también ocultas Tu Sacratísimo Corazón en la Hostia, a pesar de ser la inmolación viva.
(…) Oh almas, no tengan miedo de Dios, sino que tengan confianza en Él, porque es bueno y su misericordia dura por los siglos.

911 En cierto momento, la presencia de Dios penetró mi ser, mi mente fue singularmente iluminada en cuanto al conocimiento de su Esencia; [Dios] me permitió acercarme al conocimiento de su vida interior. Vi en espíritu las Tres Personas Divinas, pero su Esencia es única. Él es Solo, Uno, Único, pero en Tres Personas, cada una de las cuales no es ni más pequeña ni más grande; no hay diferencia ni en la belleza, ni en la santidad, porque son Uno. Uno, absolutamente Uno. Su Amor me ha llevado a este conocimiento y me ha unido a Él. Cuando estaba unida con una [Persona Divina], estaba unida también con la segunda y con la tercera. Así pues, cuando nos unimos con una, por eso mismo nos unimos con otras dos Personas al igual que con una. Una es la voluntad, uno Dios, aunque en las Personas Trinitario. Cuando al alma se entrega a una (269) de las Tres Personas, entonces, con el poder de esa voluntad se encuentra unida a las Tres Personas y está inundada de la felicidad que fluye de la Santísima Trinidad; de esta felicidad se alimentan los santos. La felicidad que brota de la Santísima Trinidad, hace feliz a todo lo creado; brota la vida que vivifica y anima cada ser que de Él tiene principio. En aquellos momentos mi alma probó las delicias divinas tan grandes, que me es difícil expresarlas.

914 Un gran misterio se hace durante la Santa Misa. (271) Con qué devoción deberíamos escuchar y participar en esta muerte de Jesús. Un día sabremos lo que Dios hace por nosotros en cada Santa Misa y qué don prepara para nosotros en ella. Sólo su amor divino puede permitir que nos sea dado tal regalo. Oh Jesús, oh Jesús mío, de qué dolor tan grande está penetrada mi alma, viendo una fuente de vida que brota con tanta dulzura y fuerza para cada alma. Y sin embargo veo almas marchitas y áridas por su propia culpa. Oh Jesús mío, haz que la fortaleza de Tu misericordia envuelva a estas almas.

916 (272) + El día de hoy es para mi excepcional, a pesar de haber sufrido tanto, mi alma está inundada de un gran gozo. En la habitación aislada contigua a la mía, había una judía gravemente enferma; hace tres días fui a visitarla, sentí un dolor en mi alma al pensar que moriría en poco tiempo y que la gracia del bautismo no lavaría su alma. Hablé con la hermana que la cuidaba de administrarle el santo bautismo al acercarse el último momento. Pero existía esa dificultad de que siempre había judíos a su lado. Sin embargo, sentí en el alma la inspiración de rogar delante de la imagen que Jesús me había ordenado pintar. Tengo un folleto en cuya cubierta figura la reproducción de la imagen de la Divina Misericordia. Y le dije al Señor: Jesús, Tu Mismo me has dicho que concederás muchas gracias a través de esta imagen, por eso Te pido la gracia del santo bautismo para esta judía; no importa quién la bautice con tal de que sea bautizada. Después de estas palabras fui extrañamente tranquilizada y tenia la certeza absoluta de que el agua del santo bautismo fluiría sobre su alma a pesar de las dificultades. Y durante la noche (273), cuando ella estaba muy débil, me levanté tres veces para estar con ella y esperar el momento oportuno para alcanzarle esta gracia. Por la mañana daba la impresión de sentirse mejor. Por la tarde empezó a acercarse el último momento; la hermana que la asistía dijo que seria difícil administrarle aquella gracia porque estaban junto a ella. Y llegó el momento cuando la enferma empezó a perder el conocimiento, pues algunos comenzaron a correr para buscar al medico y los demás en otras direcciones para salvar a la enferma y sucedió que la enferma se quedó sola y la hermana que la cuidaba la bautizó. Y antes de que todos volvieran, su alma se había vuelto bella, adornada de la gracia de Dios y expiró en seguida. La agonía duró poco tiempo, fue como si se hubiera dormido. De repente vi su alma de una belleza admirable entrando en el cielo. Oh, qué bella es el alma en la gracia santificante; el gozo dominó mi alma por haber obtenido delante de la imagen una gracia tan grande para aquella alma.

917 Oh, qué grande es la Divina Misericordia. Que la exalte toda criatura. Oh Jesús mío, esta alma Te cantará el himno de la misericordia por toda la eternidad. (274 No olvidaré la impresión que tuve en el alma aquel día. Es ya la segunda gran gracia obtenida aquí para las almas delante de esta imagen.

920. Hay aquí cierta persona que antes era nuestra alumna. Naturalmente me ejercita en la paciencia, me visita varias veces al día; después de cada visita estoy cansada, pero veo que es el Señor Jesús que me ha mandado esta alma. Que todo Te alabe, oh Señor. La paciencia da gloria a Dios. Oh, qué pobres son las almas.

921 (276) 6 II [1937]. Hoy el Señor me ha dicho: Hija Mía, Me dicen que tienes mucha sencillez, entonces ¿por qué no Me hablas de todo lo que te concierne aun de los mas pequeños detalles? Háblame de todo. Has de saber que con esto Me procurarás mucho gozo. Contesté: Pero, Señor, Tú lo sabes todo. Y Jesús me contestó: Sí, Yo sé, pero tú no te justifiques diciendo que Yo sé, sino que con la sencillez de una niña, háblame de todo, porque tengo el oído y el corazón vuelto hacia ti y tus palabras Me son agradables.

923 (277) 7 II [1937]. Hoy el Señor me dijo: Exijo de ti un sacrificio perfecto y en holocausto, el sacrificio de la voluntad; ningún otro sacrificio es comparable a éste. Yo Mismo dirijo tu vida y dispongo todo de manera que seas para Mí una ofrenda continua y hagas siempre Mi voluntad, y para completar esta ofrenda te unirás a Mí en la cruz. Conozco tus posibilidades. Yo Mismo te ordenaré directamente muchas cosas y la posibilidad de la ejecución la retrasaré y la haré depender de los demás; aquello que las Superioras no podrán alcanzar, lo completaré directamente Yo Mismo en tu alma y en el fondo mas secreto de tu alma habrá un sacrificio perfecto de holocausto, y esto no por algún tiempo, sino que debes saber, hija Mía, que este sacrificio durará hasta la muerte. Pero vendrá el tiempo en que Yo, el Señor, cumpliré todos tus deseos; tengo en ti Mi complacencia como en una Hostia viva; no te espantes de nada, Yo estoy contigo.

926 9 II 1937. Últimos días de carnaval. En estos dos últimos días de carnaval he conocido una enorme cantidad de penas y de pecados. En un instante el Señor me hizo saber los pecados cometidos estos días en el mundo entero. Me he desmayado de espanto, y a pesar de conocer todo el abismo de la Divina Misericordia, me he sorprendido de que Dios permita existir a la humanidad. Y el Señor me dijo quién sostiene la existencia de la humanidad: son las almas elegidas. Cuando acabe el número de los elegidos, el mundo dejará de existir.

928 De repente vi al Señor que me abrazó a su Corazón y me dijo: Hija Mía, no llores, porque no puedo soportar tus lágrimas; les daré todo lo que pidas, pero deja de llorar. Y me llenó una gran (280) alegría y mi espíritu, como siempre, se sumergió en Él como en su único tesoro. Hoy hablé mas con Jesús, animada por su bondad.

929 Y cuando descansé junto a su dulcísimo Corazón, Le dije: Jesús, tengo tantas cosas que decirte. Y el Señor me dijo con gran dulzura: Habla, hija Mía. Y empecé a expresar los sufrimientos de mi corazón, a saber: que me preocupa mucho toda la humanidad, que no todos Te conocen y los que Te conocen no Te aman como mereces ser amado. Además veo que los pecadores Te ofenden terriblemente y veo también la gran opresión y persecución de los fieles, especialmente de tus siervos y mas aun veo muchas almas que se precipitan ciegamente en el terrible abismo infernal. Ves, oh Jesús, éste es el dolor que penetra mi corazón y mis huesos, y aunque me haces el don de Tu amor singular, e inundas mi corazón con los torrentes de Tu alegría, esto no atenúa los sufrimientos que acabo de mencionarte, sino que mas bien penetran (281) mi pobre corazón de modo mas vivo. Oh, qué ardiente es mi deseo de que toda la humanidad vuelva con confianza a Tu misericordia; entonces, tendrá alivio mi corazón viendo la gloria de Tu nombre. Jesús escuchó este desahogo de mi corazón con atención e interés, como si no supiera nada y casi escondiendo ante mí el conocimiento de aquellas cosas, así yo me sentía mas libre en hablar. Y el Señor me dijo: Hija Mía, Me son agradables las palabras de tu corazón y por el rezo de esta coronilla acercas a Mi la humanidad. Después de estas palabras me encontré sola, pero la presencia de Dios está siempre en mi alma.

937 Diré una palabra más sobre el director de mi alma. Una cosa extraña es que sean tan pocos los sacerdotes que saben infundir al alma fortaleza, y ánimo, y valor de modo que el alma, sin cansarse, avanza siempre. Bajo una dirección de esta clase, el alma, aunque disponiendo de poca fuerza, puede hacer mucho para la gloria de Dios. Y he conocido con esto un secreto, a saber, que el confesor, es decir, el director espiritual no menosprecia las cosas pequeñas que el alma le expone. Y el alma, al darse cuenta de que está controlada en esto, comienza a ejercitarse y no omite la mas pequeña ocasión de virtud y evita también las mas pequeñas faltas, y de esto, como de pequeñas piedras surge el magnifico templo (286) del alma. Y al contrario: si el alma se da cuenta de que el confesor menosprecia esas pequeñas cosas, también ella comienza a despreciarlas, dejará de dar cuenta de ellas al confesor, y aun peor, comenzará a descuidarse de las cosas pequeñas, y así, en vez de avanzar, retrocede poco a poco. Y el alma se da cuenta de ello sólo al caer ya en las cosas mas graves. Y ahora surge una pregunta seria ¿de quién es la culpa? ¿De ella o del confesor, es decir, del director espiritual? Aquí me refiero más bien al director espiritual. Me parece que toda la culpa debe ser imputada al director espiritual imprudente; y al alma hay que atribuirle solamente este error de haber elegido al director espiritual por sí sola. El director espiritual había podido guiar bien al alma por los caminos de la voluntad de Dios hacia la santidad.

939 (…) Satanás puede ponerse el manto de la humildad, pero no es capaz de vestir el manto de la obediencia, (289) y es aquí dónde se revela toda su maldad. Pero el confesor no puede tenerle miedo exagerado a tal alma, porque si Dios le confía un alma tan excepcional, también le da una gran luz divina respecto a ella, ya que de otro modo ¿cómo podría juzgar bien los misterios tan grandes que ocurren entre el alma y Dios?

940 Yo misma sufrí mucho y fui muy probada en esto. Por lo tanto lo que escribo es solamente lo que he experimentado personalmente. Hice muchas novenas y muchas plegarias y muchas penitencias antes de que Dios me enviara un sacerdote que comprendió mi alma. Habría muchas más almas santas, si hubiera más directores espirituales con experiencia y santos. Más de un alma que tiende sinceramente a la santidad no logra salir por sí sola cuando llegan los momentos de la prueba y abandona el camino de la perfección. Oh Jesús, danos sacerdotes celosos y santos.

941 ¡Oh, cuán grande es la dignidad del sacerdote! Pero también, ¡oh, gran responsabilidad del sacerdote! Oh sacerdote, te ha sido dado mucho, pero de ti se exigirá también mucho….

948 13 II [1937]. Hoy, durante la Pasión [286], he visto a Jesús martirizado, coronado de espinas y con un pedazo de caña en la mano. Jesús callaba, mientras los soldadotes rivalizaban torturándolo. Jesús no decía nada, solamente me miró; en aquella mirada sentí su tortura tan tremenda que nosotros no tenemos ni siquiera una idea de lo que Jesús sufrió por nosotros antes de la crucifixión. Mi alma está llena de dolor y de nostalgia: sentí en el alma un gran odio por el pecado, y la más pequeña infidelidad mía me parece una montaña alta y la reparo con la mortificación y las penitencias. Cuando veo a Jesús martirizado, el corazón se me hace pedazos; pienso en lo que será de los pecadores si no aprovechan la Pasión de Jesús. En su Pasión veo todo el mar de la misericordia.


949 (295) JMJ 12 II 1937

El Amor de Dios es la flor y la Misericordia es el fruto.

Que el alma que duda lea estas consideraciones sobre la Divina Misericordia y se haga confiada [287].

Misericordia Divina, que brota del seno del Padre, en Ti confío.

Misericordia Divina, supremo atributo de Dios, en Ti confío.

Misericordia Divina, misterio incomprensible, en Ti confío.

Misericordia Divina, fuente que brota del misterio de la Santísima Trinidad, en Ti confío.

Misericordia Divina, insondable para todo entendimiento humano o angélico, en Ti confío.

Misericordia Divina, de donde brotan toda vida y felicidad, en Ti confío.

Misericordia Divina, más sublime que los cielos.

Misericordia divina, fuente de milagros y maravillas.

Misericordia Divina, que abarca todo el universo.

Misericordia Divina, que baja al mundo en la Persona del Verbo Encarnado.

(296) Misericordia Divina, que manó de la herida abierta del Corazón de Jesús.

Misericordia Divina, encerrada en el Corazón de Jesús para nosotros y especialmente para los pecadores.

Misericordia Divina, impenetrable en la institución de la Sagrada Hostia.

Misericordia Divina, en la institución de la Santa Iglesia.

Misericordia Divina, en el sacramento del Santo Bautismo.

Misericordia Divina, en nuestra justificación por Jesucristo.

Misericordia Divina, que nos acompaña durante toda la vida.

Misericordia Divina, que nos abraza especialmente a la hora de la muerte.

Misericordia Divina, que nos otorga la vida inmortal.

Misericordia Divina, que nos acompaña en cada momento de nuestra vida.

Misericordia Divina, que nos protege del fuego infernal.

Misericordia Divina, en la conversión de los pecadores empedernidos.

Misericordia Divina, asombro para los ángeles, incomprensible para los Santos.

Misericordia Divina, insondable en todos los misterios de Dios.

Misericordia Divina, que nos rescata de toda miseria.

Misericordia Divina, fuente de nuestra felicidad y deleite.

Misericordia Divina, que de la nada nos llamó a la existencia.

Misericordia Divina, que abarca todas las obras de sus manos.

Misericordia Divina, corona de todas las obras de Dios.

(297) Misericordia Divina, en la que estamos todos sumergidos.

Misericordia Divina, dulce consuelo para los corazones angustiados.

Misericordia Divina, única esperanza de las almas desesperadas.

Misericordia Divina, remanso de corazones, paz ante el temor.

Misericordia Divina, gozo y éxtasis de las almas santas.

Misericordia Divina, que infunde esperanza, perdida ya toda esperanza.

952. (…) Oh Jesús mío, Tu no das la recompensa por el resultado de la obra, sino por la voluntad sincera y el esfuerzo emprendido; por lo tanto estoy completamente tranquila, aunque todas mis iniciativas y mis esfuerzos quedaran frustrados ni fueran realizados jamás. Si hago (299) todo lo que está en mi poder, lo demás no es cosa mía y por eso las mas grandes tempestades no perturban la profundidad de mi paz. En mi conciencia reside la voluntad de Dios.


955 15 II 1937. Hoy escuché en el alma estas palabras: ¡Oh hostia agradable a Mi Padre! Has de saber, hija Mía, que toda la Santísima Trinidad tiene en ti su particular complacencia, porque vives exclusivamente de la voluntad de Dios. Ningún sacrificio es comparable a éste.

956 Después de estas palabras ha venido a mi alma el conocimiento de la voluntad de Dios, es decir, que miro todo desde un punto de vista superior, y todos los acontecimientos y todas las cosas desagradables o agradables, las acepto con amor, como demostración de la particular predilección del Padre Celestial.

961 Esta mañana, después de haber hecho mis ejercicios espirituales, me puse en seguida a hacer labor de gancho. Sentía el silencio en mi corazón y que Jesús descansaba en él. Este profundo y dulce conocimiento de la presencia de Dios me impulsó a decir al Señor: Oh Santísima Trinidad que vives en mi corazón, Te ruego, da la gracia de la conversión a tantas almas cuantos puntos haré hoy con este gancho. De pronto oí en el alma estas palabras: Hija Mía, tus peticiones son demasiado grandes. Jesús, si para Ti es mas fácil dar mucho que poco. Es verdad, Me es mas fácil dar mucho al alma que poco, pero cada conversión de un alma pecadora exige sacrificio. Y por eso, Jesús, Te ofrezco (304) este sincero trabajo mío; este sacrificio no me parece demasiado pequeño por un numero tan grande de almas; pues, Tu, oh Jesús, durante treinta anos salvabas las almas con el trabajo manual y como la santa obediencia me prohíbe penitencias y grandes mortificaciones, por eso Te ruego, oh Señor, acepta esas pequeñeces con el sello de la obediencia como cosas grandes. Entonces oí en el alma la voz: Hija Mía, atiendo tu petición.

963 Oh, si el alma que sufre supiera cuánto Dios la ama, moriría de gozo y de exceso de felicidad. Un día, conoceremos el valor del sufrimiento, pero entonces ya no podremos sufrir. El momento actual es nuestro.

965 Las almas mueren a pesar de Mi amarga Pasión. Les ofrezco la última tabla de salvación, es decir, la Fiesta de Mi misericordia [288a]. Si no adoran Mi misericordia, morirán para siempre. Secretaria de Mi misericordia, escribe, habla a las almas de esta gran misericordia Mía, porque está cercano el día terrible, el día de Mi justicia.

969 Hoy fui a hacer la meditación delante del Santísimo Sacramento [290]. Cuando me acerqué al altar, la presencia de Dios penetró mi alma, fui sumergida en el océano de su divinidad y Jesús me dijo: Hija Mía, todo lo que existe es tuyo. Y le contesté al Señor: Mi corazón no desea nada fuera de Ti solo, oh tesoro de mi corazón. Te agradezco, Señor, por todos los dones que me ofreces, pero yo quiero solamente Tu Corazón. Aunque los cielos son grandísimos, para mi son nada sin Ti; Tú sabes muy bien, oh Jesús, que me desmayo continuamente por desearte con vehemencia. Has de saber, hija Mía, que lo que las demás almas alcanzarán en la eternidad, tu lo gozas ya ahora. Y de repente mi alma fue inundada de la luz del conocimiento de Dios.

975 Hoy escuché estas palabras: Ruega por las almas para que no tengan miedo de acercarse al tribunal de Mi misericordia. No dejes de rogar por los pecadores. Tu sabes cuánto sus almas pesan sobre Mi corazón; alivia Mi tristeza mortal; prodiga Mi misericordia.

988 Rogué según la intención de un sacerdote para que Dios le ayudara en ciertos asuntos. De repente vi al Señor Jesús crucificado; Jesús tenía los ojos cerrados y estaba sumergido en los tormentos. Hice una reverencia a sus cincollagas, a cada una por separado y pedí la bendición para él. Jesús me hizo conocer dentro de mi cuánto le era querida (315) esa alma y sentí que de las llagas de Jesús fluyó la gracia para esa alma que estaba tendida en la cruz como Jesús.

990 Amor, amor y una vez mas amor de Dios, no hay nada mas grande que él ni en el cielo ni en la tierra. La mayor grandeza es amar a Dios, la verdadera grandeza está en el amor de Dios, la verdadera sabiduría es amar a Dios. Todo lo que es grande y bello está en Dios; fuera de Dios no hay ni belleza ni grandeza.

Oh sabios del mundo y grandes intelectos reconozcan que la verdadera grandeza está en amar a Dios. Oh, cuánto me sorprendo que algunos hombres se engañen a si mismos diciendo: no hay eternidad.

1008 1 III 1937. El Señor me ha hecho saber cuánto le desagrada un alma que habla mucho. En tal alma no encuentro descanso. El ruido continuo Me cansa y en ese ruido el alma no distingue Mi voz.

1015 Hoy he sentido cuánto deseaba oraciones cierta alma agonizante. Recé hasta sentir que ya expiró. Oh, cuánta necesidad de plegarias tienen las almas agonizantes. Oh Jesús, inspira las almas a rezar frecuentemente por los agonizantes.

1016 (5) 15 III 1937. Hoy he entrado en la amargura de la Pasión del Señor Jesús; sufrí solo espiritualmente, conocí cuán terrible es el pecado. El Señor me ha revelado toda la aversión al pecado. Interiormente, en el fondo de mi alma, conocí lo terrible que es el pecado, aunque sea el mas pequeño, y lo mucho que torturó el alma de Jesús. Preferiría padecer mil infiernos que cometer aun el más pequeño pecado venial.

1017 El Señor me dijo: Deseo darme a las almas y llenarlas de Mi amor, pero son pocas las almas que quieran aceptar todas las gracias que Mi amor les ha destinado. Mi gracia no se pierde; si el alma para la cual está destinada no la acepta, la recibe otra alma.

1020 Estoy comprendiendo que los desposorios interiores del alma con Dios son sin ninguna manifestación exterior. Es un puro acto interior del alma con Dios. Esta gracia me ha atraído hacia el ardor mismo del amor de Dios, he conocido su Trinidad y la absoluta Unidad de su Ser. Esta gracia difiere de las demás gracias, es tan altamente espiritual que mi imprecisa descripción no logra expresar ni una sombra de ella.

1023 Hoy he recibido naranjas; cuando la hermana se fue, pensé: en vez de mortificarme y hacer penitencias durante la Santa Cuaresma, ¿comeré naranjitas? Si ya estoy un poco mejor. De repente oí una voz en el alma: Hija Mía, Me agradas más si por obediencia y por amor hacia Mí comes naranjas, que si por tu propia voluntad ayunaras y te mortificaras. El alma que Me ama mucho, debe, tiene que vivir de Mi voluntad. Yo conozco tu corazón, sé que no lo satisface nada, sino únicamente Mi amor.

1029 El médico no me permitió ir a la Pasión a la capilla [302], a pesar de que lo deseaba ardientemente; pero he rezado en mi propia habitación. Entonces oí el timbre en la habitación contigua, y entré y atendí un enfermo grave. (8) Al regresar a mi habitación aislada, de pronto he visto al Señor Jesús que me ha dicho: Hija Mía, Me has dado una alegría más grande haciéndome este favor que si hubieras rezado mucho tiempo. Contesté: Si no Te he atendido a Ti, oh Jesús mío, sino a este enfermo. Y el Señor me contestó: Sí, hija Mía, cualquier cosa que haces al prójimo Me la haces a Mí.

1032 Durante la Santa Misa vi al Señor Jesús clavado en la cruz, entre grandes sufrimientos. Un silencioso gemido salía de su Corazón, un momento después dijo: Deseo, deseo la salvación de las almas; ayúdame, hija Mía, a salvar las almas. Une tus sufrimientos a Mi Pasión y ofrécelos al Padre Celestial por los pecadores.

1035 Esta noche estaba muriendo un hombre, todavía joven, pero sufría tremendamente. Empecé a rezar por él esta coronilla que me ha ensenado el Señor. La recé toda, sin embargo la agonía se prolongaba. Quería empezar las Letanías a Todos los Santos, pero de repente oí estas palabras: Reza esta coronilla. Comprendí que esa alma necesitaba muchas oraciones y gran misericordia. Me encerré en mi habitación aislada y me postré en cruz delante de Dios implorando misericordia para esa alma. Entonces sentí la gran Majestad de Dios y la gran justicia de Dios. Temblaba del espanto, pero no dejaba de suplicar a Dios la misericordia para esa alma, y me he quitado del pecho la pequeña cruz, la cruz de mis votos [303] y la he colocado en el pecho del agonizante y he dicho al Señor: Jesús, mira a esta alma con el amor con que has mirado mi holocausto el día de los votos perpetuos y en virtud de la promesa que has hecho para los agonizantes, a mi y a quienes invoquen Tu misericordia para ellos. Y dejó de sufrir y expiró sereno. Oh, cuánto deberíamos rezar por los agonizantes; aprovechemos la misericordia mientras es el tiempo de compasión.

1036. (10) Conozco cada vez mejor cuánto necesita cada alma la Divina Misericordia durante toda la vida, pero especialmente en la hora de la muerte. Esta coronilla es para aplacar la ira divina, según me ha dicho el [Señor] Mismo.

1037 Me veo tan débil que si no tuviera la Santa Comunión, caería continuamente; una sola cosa me sostiene y es la Santa Comunión. De ella tomo fuerza, en ella está mi fortaleza. Temo la vida si algún día no recibo la Santa Comunión. Tengo miedo de mi misma. Jesús oculto en la Hostia es todo para mí. Del tabernáculo tomo fuerza, poder, valor, luz; es aquí donde busco alivio en los momentos de tormento. No sabría cómo glorificar a Dios si no tuviera la Eucaristía en mi corazón.

1044 Súbitamente me inundó la presencia de Dios y de inmediato me vi en Roma, en la capilla del Santo Padre, pero a la vez estaba en nuestra capilla, y la solemnidad del Santo Padre y de toda la Iglesia estaba estrechamente unida a nuestra capilla, y de manera especial a nuestra Congregación; y participé al mismo tiempo en la solemnidad de Roma y la de aquí. Esta solemnidad estaba tan estrechamente unida a Roma que, aunque escribo, no alcanzo a distinguir [la diferencia entre una y otra], pero fue así como lo vi. Vi al Señor Jesús expuesto en la custodia en el altar mayor, en nuestra capilla. La capilla estaba adornada solemnemente y aquel día podían entrar en ella todos, cualquier que quisiera [305]. Hubo tanto gentío que yo no lograba abarcarlo con la vista. Todos participaban en esa solemnidad con gran alegría y muchos recibieron lo que había deseado. (12) La misma solemnidad tenía lugar en Roma, en un bello templo y el Santo Padre con todo el clero celebraba esta solemnidad. Y de repente vi a San Pedro que se puso entre el altar y el Santo Padre. ¿Qué decía San Pedro? No pude escucharlo, pero vi que el Santo Padre comprendía sus palabras…

1045. De pronto, algunos eclesiásticos que desconozco, empezaron a examinarme y a humillarme, o mas bien lo que había escrito, pero veía que Jesús Mismo me defendía y les hacia comprender lo que no sabían.

1048 De repente fui raptada a la cercanía de Jesús y me presenté en el altar junto a Jesús y mi espíritu fue llenado de una felicidad tan grande que no puedo ni comprender ni describir. Un abismo de serenidad y de descanso inundó mi alma. Jesús se inclinó hacia mí y me dijo amablemente: ¿Qué deseas, hija Mía? Y contesté: Deseo la gloria y el culto de Tu misericordia. El culto ya lo recibo con la institución y la celebración de esta Fiesta; ¿Qué deseas más? Y miré esta gran muchedumbre que veneraba la Divina Misericordia y dije al Señor: Jesús, bendice a todos los que están reunidos para rendirte honor a Tu misericordia infinita. Jesús trazó con la mano la señal de la santa cruz; la bendición se reflejó en las almas con un relámpago de luz. (13) Mi espíritu se sumergió en su amor, sentí como si me disolviera en Dios y desapareciera en Él. Cuando volví en mí, una profunda paz inundaba mi alma y le fue concedido a mi mente comprender de manera milagrosa muchas cosas que antes habían sido incomprensibles para mí.

1054 Mientras Jesús se despedía de mi, un dolor tan grande estrechó mi alma que es imposible expresarlo. Me abandonaron las fuerzas físicas, salí rápidamente de la capilla y me acosté en la cama. Me olvidé de lo que pasaba alrededor de mí, mi alma estaba deseando al Señor y toda la amargura de su Corazón divino se comunicó a mí. Eso duró no más de tres horas. Rogué al Señor que me preservara de la vista de los que me rodeaban. Aunque traté, no pude tomar ningún alimento durante todo el día, hasta la noche.

Deseaba ardientemente pasar toda la noche en la oscuridad [306] con el Señor Jesús. Recé hasta las once, a las once el Señor me dijo: Ve a descansar, te he hecho vivir durante tres horas lo que he sufrido durante toda la noche. Y en seguida me acosté en la cama.

Estaba completamente sin fuerzas físicas, la pasión me las quitó del todo. Todo el tiempo estaba como desmayada, cada latido del Corazón de Jesús repercutía en mi corazón y traspasaba mi alma. Ciertamente si ese martirio hubiera sido solamente mió, habría sufrido menos, pero cuando miraba a Aquel a quien mi corazón había amado con todas las fuerzas, que Él sufría y yo no le podía dar ningún alivio, mi corazón se despedazaba en el amor y la amargura. Agonizaba con Él y no podía morir; pero no cambiaria ese martirio por todas las dichas del mundo. En ese sufrimiento mi amor aumentó de modo indecible. Sé que el Señor me sostenía con su omnipotencia ya que de otro modo no habría podido resistir ni un momento. Viví junto con Él toda clase de tormentos de modo singular. El mundo no conoce todavía todo lo que Jesús ha sufrido. (15) Le hice compañía en el Huerto de los Olivos y en la oscuridad del calabozo, en los interrogatorios de los tribunales, estuve con Él en cada etapa de su Pasión; no se ha escapado a mi atención ni un solo movimiento, , ni una sola mirada Suya, conocí toda la omnipotencia de su amor y de su misericordia hacia las almas.

1057 Jesús me había dado a conocer y presentir esta gracia y hoy me la concedió. No me habría atrevido ni siquiera soñar con esta gracia. Mi corazón está como en un continuo éxtasis aunque exteriormente nada me impide tratar con el prójimo ni solucionar distintos asuntos. No soy capaz de interrumpir mi éxtasis ni nadie logra adivinarlo, porque le pedí que se dignara protegerme de las miradas de los hombres. Y con esta gracia entró en mi alma todo un mar de luz respecto al conocimiento de Dios y de mi misma; y el asombro me envuelve toda e introduce como en un nuevo éxtasis por saber que Dios se dignó humillarse hasta mi, tan pequeñita.

1059 Jesús me ordena hacer una novena antes de la Fiesta de la Misericordia y debo empezarla hoy por la conversión del mundo entero y para que se conozca la Divina Misericordia. Para que cada alma exalte Mi bondad. Deseo la confianza de Mis criaturas, invita a las almas a una gran confianza en Mi misericordia insondable. Que no tema acercarse a Mi el alma débil, pecadora y aunque tuviera mas pecados que granos de arena hay en la tierra, todo se hundirá en el abismo de Mi misericordia.

1061 Antes de anochecer oí en la radio cantos y precisamente Salmos cantados por sacerdotes [307]. Rompí a llorar y todo el dolor se renovó en mi alma y lloraba sin encontrar consuelo a mi dolor. De repente oí en el alma una voz: No llores, no sufro más. Y por la fidelidad con la cual Me has acompañado en la Pasión y la muerte, tu muerte será solemne y Yo te haré compañía en esa ultima hora. Amada perla de Mi Corazón, veo tu amor tan puro, mas que el de los ángeles; mas, porque tú luchas. Por ti bendigo al mundo. Veo tus esfuerzos por Mí y encantan Mi Corazón.
Después de estas palabras no lloré más, sino que agradecí al Padre celestial por habernos enviado a Su Hijo y por la obra de Redención del género humano.

1063. Hoy Jesús me ha ordenado consolar y tranquilizar a cierta querida alma que se ha abierto ante mí contándome sus dificultades; esa alma es agradable al Señor, pero ella no lo sabe. Dios la mantiene en una profunda humildad. He cumplido la recomendación del Señor.

1069 (19) 29 III 1937. Hoy, durante la meditación vi al Señor en gran belleza que me dijo: La paz sea contigo, hija Mía. Toda mi alma tembló de amor por Él y le dije: Oh Señor, aunque yo Te quiero de todo mi corazón, Te ruego que no Te me aparezcas, porque el Padre espiritual me ha dicho que Tus repentinas apariciones despiertan sospechas de que Tú eres, quizá, alguna ilusión. Y aunque yo Te amo mas que mi vida y sé que Tú eres el Señor y Dios mió, que tratas conmigo, no obstante por encima de todo soy obediente al confesor.

Jesús escuchó con seriedad y bondad lo que le estaba diciendo y me dijo: Dile al confesor que trato tan íntimamente con tu alma, porque no robas Mis dones y derramo todas las gracias sobre tu alma, porque sé que no te apropiarás de ellas. Y en señal de que su prudencia Me es agradable, no Me verás y no te apareceré de este modo hasta que le relates lo que te he dicho.


1072 3 IV 1937. Hoy el Señor me dijo: Dile al Reverendo Profesor [309] que en la Fiesta de Mi Misericordia diga un sermón sobre Mi insondable misericordia. Cumplí el deseo de Dios, sin embargo ese sacerdote no ha aceptado el deseo del Señor; al alejarme del confesionario, oí estas palabras: Haz lo que te mando y quédate tranquila, este asunto está entre él y Yo. Tú no responderás por esto.

1073. (…) Oh, si las almas quisieran comprender cuánto Dios las ama. Todas las comparaciones así sean las mas tiernas y las mas fuertes son apenas una pálida sombra frente a la realidad.

Cuando estaba unida al Señor, he conocido cuán numerosas son las almas que adoran la Divina Misericordia.


1074. Cuando fui a la adoración escuché estas palabras: Hija Mía amada, apunta estas palabras: Mi Corazón ha descansado hoy en este convento. Habla al mundo de Mi misericordia, de Mi amor.

Me queman las llamas de la misericordia, deseo derramarlas sobre las almas de los hombres. Oh, qué dolor Me dan cuando no quieren aceptarlas.

Hija mía, haz lo que esté en tu poder para difundir la devoción a Mi misericordia. Yo supliré lo que te falta. Dile a la humanidad doliente que se abrace a Mi Corazón misericordioso y Yo la llenaré de paz.

Di, hija Mía, que soy el Amor y la Misericordia Mismos. Cuando un alma se acerca a Mí con confianza, la colmo con tal abundancia de gracias que ella no puede contenerlas en sí misma, sino que las irradia sobre otras almas.

1075. A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa [protege] a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas Juez sino (21) Salvador misericordioso. En esta última hora el alma no tiene nada en su defensa fuera de Mi misericordia. Feliz el alma que durante la vida se ha sumergido en la Fuente de la Misericordia, porque no la alcanzará la justicia.

1076. Escribe: Todo lo que existe está encerrado en las entrañas de Mi misericordia más profundamente que un niño en el seno de la madre. Cuán dolosamente Me hiere la desconfianza en Mi bondad. Los pecados de desconfianza son los que Me hieren más penosamente.

1087 Cuando decidí un día, ejercitarme en cierta virtud, caí en el defecto contrario a esa virtud diez veces más que en otros días. Por la noche, mientras reflexionaba sobre ¿por qué hoy caía de manera tan excepcional?, oí estas palabras: Has contado demasiado contigo misma y muy poco Conmigo. Comprendí la causa de mis caídas.

1089. El catorce de abril me sentía tan mal que me levanté con esfuerzo para ir a la Santa Misa. Me sentía más enferma que cuando me habían enviado a la curación. Tenía un fuerte estertor y una respiración ronca en los pulmones y unos dolores extraños. Al recibir la Santa Comunión, yo misma no sabia por qué, o mejor dicho, qué cosa me empujaba a esta oración y comencé a rezar de este modo: Jesús, que Tu Sangre pura y sana circule en mi organismo enfermo, y que Tu Cuerpo puro y sano transforme mi cuerpo enfermo, y que una vida sana y fuerte palpite en mi, si es Tu santa voluntad que yo me ponga a esta obra, y esto será para mi la señal evidente de Tu santa voluntad.

Mientras así rezaba, súbitamente sentí como una sacudida en todo el organismo y de repente me sentí completamente sana. Tenia la respiración limpia como si nunca hubiera estado enferma de los pulmones ni sentía dolores y para mi era la señal de que debía ponerme a la obra.

1090. Y eso sucedió el ultimo día de la novena que hacia al Espíritu Santo. Después de esta curación, repentinamente fui unida al Señor Jesús de modo puramente espiritual. Jesús me dio una fuerte convicción, o sea me afirmó respecto a sus demandas. En tal cercanía con el Señor Jesús permanecí el día entero y hablé de los detalles referentes a la Congregación.

(24) Jesús volcó en mi alma fortaleza y entusiasmo para actuar. Ahora comprendo que si el Señor exige algo del alma, le da la posibilidad de realizarlo y a través de la gracia la hace capaz de cumplir lo que exige de ella. Y por lo tanto aunque fuera el alma mas mísera, al mandato del Señor puede emprender cosas que superan su entendimiento; la señal por la cual se puede reconocer que el Señor esta con esa alma es ésta cuando en el alma aparece la fuerza y el poder de Dios que la hace valiente y fuerte. En cuanto a mi, en un primer momento siempre me asusto un poco de la grandeza del Señor, pero luego en mi alma entra una paz profunda e imperturbable, una fuerza interior para [hacer] lo que en un momento dado el Señor exige…….

1092 16 IV 1937. Hoy, cuando la Majestad de Dios me inundó mi alma, conocí que el Señor, aunque tan grande, tiene una predilección por las almas pequeñas y humildes. Cuanto [313] más profundamente se humilla el alma, tanto mas amablemente el Señor se acerca a ella; uniéndose a ella estrechamente la eleva hasta su trono. Feliz el alma que el Señor Mismo defiende. He aprendido que solamente el amor tiene valor. El amor es una cosa grande, nada puede compararse con un acto del puro amor de Dios ninguna obra.

1093 Oh Jesús, protégeme con Tu misericordia y júzgame también con benevolencia, porque de otro modo Tu justicia me puede condenar, con buena razón.

1094 (25) 17 IV. Hoy, durante la clase de catecismo [314] he sido reafirmada en lo que había conocido a través del entendimiento interior y de lo que vivo desde hace mucho tiempo, a saber: si el alma ama sinceramente a Dios y está unida a Él interiormente, entonces aunque por fuera vive en condiciones difíciles, nada tiene el poder de oprimir su interior. Y entre la corrupción puede ser pura e intacta, porque el gran amor de Dios le da fuerza para luchar y Dios Mismo defiende de modo especial, e incluso de manera milagrosa, al alma que lo ama sinceramente.

1102. En la vida hay instantes y momentos del conocimiento interior, o sea iluminaciones divinas, cuando el alma es instruida interiormente sobre las cosas que no ha leído en ningún libro ni nadie le ha ensenado. Estos son los momentos de los conocimientos interiores que Dios Mismo concede al alma. Se trata de grandes misterios…. Muchas veces recibo la luz y el conocimiento de la vida intima de Dios y [conozco] la disposición interior de Dios y eso me llena de una confianza y de un gozo indecibles que no alcanzo a contener en mi, deseo disolverme toda en Él….

1103 El núcleo del amor es el sacrificio y el sufrimiento. La verdad ostenta una corona de espinas. La oración involucra el intelecto, la voluntad y el sentimiento.

1107. (…) Ni gracias, ni revelaciones, ni éxtasis, ni ningún otro don concedido al alma la hace perfecta, sino la comunión interior de mi alma con Dios. Estos dones son solamente un adorno del alma, pero no constituyen ni la sustancia ni la perfección. Mi santidad y perfección consisten en una estrecha unión de mi voluntad con la voluntad de Dios. Dios nunca violenta nuestro libre albedrío. De nosotros depende si queremos recibir la gracia de Dios o no; si vamos a colaborar con ella o la malgastamos.

1109. (…) Apenas me he despertado me ha envuelto la presencia de Dios y me siento una niña de Dios. El amor de Dios inundó mi alma y me dio a conocer que todo depende de su voluntad y me ha dicho estas palabras: Deseo conceder el perdón total a las almas que se acerquen a la confesión y reciban la Santa Comunión el día de la Fiesta de Mi Misericordia. Y me dijo: Hija Mía, no tengas miedo de nada, Yo siempre estoy contigo, aunque te parezca que no esté; y tu humillación Me atrae desde el alto trono y Me uno estrechamente a ti.

1111 Hoy la renovación, o sea la emisión de los votos y la solemne ceremonia. Mientras las hermanas pronunciaban los votos, oí a los ángeles cantar: Santo, Santo, Santo, en diferentes tonos, y nadie es capaz de expresar en términos humanos la armonía de ese canto.

1115 4 V. Hoy fui a ver un momento a la Madre General [320] y le pregunté: Querida Madre, ¿ha tenido usted alguna inspiración en la cuestión referente a mi salida del convento? La Madre General me contestó: Hasta ahora siempre la retenía, hermana, pero ahora le dejo toda la libertad. Si usted quiere, puede dejar la Congregación o si usted prefiere, puede quedarse. Entonces le contesté: Está bien. Pensé que iba a escribir inmediatamente al Santo Padre pidiendo la dispensa de mis votos. Al salir del encuentro con la Madre General, unas tinieblas bajaron a mi alma como antes. Es una cosa extraña que cada vez que pido el permiso de salir, mi alma queda envuelta de esas tinieblas y siento como si estuviera dejada a mi misma. Cuando estaba en esa angustia espiritual, (31) decidí ir en seguida con la Madre y contarle mi extraño tormento y mi lucha. La Madre me contestó que esta salida mía era una tentación. Tras un rato de conversación he sentido alivio, sin embargo las tinieblas perduraron. “La Divina Misericordia es bella y debe ser una obra de Dios verdaderamente grande si Satanás se le opone tanto y quiere destruirla.” Son las palabras de la querida Madre General.

1121. 6 V [1937]. Ascensión del Señor.
Hoy, desde al amanecer mi alma está tocada por Dios. Después de la Santa Comunión, durante un momento traté íntimamente con el Padre celestial. Mi alma fue atraída al ardor mismo del amor, comprendí que ninguna obra exterior puede compararse con el puro amor de Dios…Vi el gozo del Verbo Encarnado y fui sumergida en la Divina Trinidad. Cuando he vuelto en mi, la nostalgia inundó mi alma, el anhelo de unirme (33) a Dios. Me ha envuelto el amor tan grande hacia el Padre celestial que todo este día lo considero como un continuo éxtasis del amor. Todo el universo me ha parecido como una pequeña gotita frente a Dios. No hay felicidad mas grande que ésta, que Dios me da a conocer interiormente, que le es agradable cada latido de mi corazón, y cuando me muestra que me ama de modo particular. Esta convicción interior con la que Dios afirma su amor hacia mí y lo mucho que le es agradable mi alma, infunde en mi alma un abismo de serenidad. Durante todo el día no me fue posible ningún alimento. Me sentía satisfecha hasta la saciedad con amor.

1123 Oh, qué dulce es tener en el fondo del alma aquello en lo que la Iglesia nos ordena creer. Cuando mi alma está sumergida en el amor, resuelvo clara y rápidamente las cuestiones mas complicadas. Solo Él es capaz de caminar al borde de los precipicios y por las cimas de las montañas. El amor, una vez mas el amor.

1127 En cierta ocasión vi a Satanás que tenia prisa y estaba buscando a alguien entre las hermanas, pero no la encontraba. Sentí en el alma la inspiración de ordenarle en nombre de Dios que me dijera a quién buscaba entre las hermanas. Y confesó, aunque de mala gana: Busco las almas perezosas. Cuando volví a ordenarle en nombre de Dios que me dijera a qué almas del convento tenia el acceso mas fácil, me confesó otra vez de mala gana que: A las almas perezosas y ociosas. Noté que actualmente no hay tales almas en el convento. Que se alegren las almas fatigadas y abrumadas por el trabajo.

1129. 23.V.1937. El día de la Santísima Trinidad.

Durante la Santa Misa de repente fui unida a la Santísima Trinidad. Conocí su Majestad y su Grandeza. Estaba unida con las Tres Personas. Cuando estaba unida a una de estas venerables Personas al mismo tiempo estaba unida a las dos otras Personas. La felicidad y el gozo que se comunicaron a mi alma son indescriptibles. Me apena no poder expresar con palabras aquello para lo cual no existen palabras.

1139 Oh, qué dolor experimenta mi corazón cuando veo una hermana que carece del espíritu religioso. ¿Cómo puede uno agradar a Dios cuando estalla de soberbia y de amor propio, y finge que procura la gloria de Dios mientras se trata de su propia gloria. Eso me hiere mucho. ¿Cómo puede tal alma unirse estrechamente a Dios? Ni hablar de la unión con el Señor.

1141 Por la noche me hizo saber que todo lo que es terrenal dura poco. Y todo lo que parece grande se esfuma como el humo, y no da libertad al alma, sino cansancio. Feliz el alma que entiende estas cosas y toca la tierra con un solo pie. Descanso cuando estoy unida a Ti, todo lo demás me cansa. Oh, cómo siento que estoy en el destierro. Veo que nadie comprende lo que tengo dentro de mí, sólo me entiendes Tú que estás oculto en mi corazón y eternamente vivo.

1142 (38) 4 VI. Hoy es la fiesta solemne del Sacratísimo Corazón de Jesús [325]. Durante la Santa Misa conocí el Corazón de Jesús: el fuego con que arde hacia nosotros y que es un mar de misericordia. Entonces oí una voz: Apóstol de Mi misericordia, proclama al mundo entero Mi misericordia insondable, no te desanimes por los obstáculos que encuentras proclamando Mi misericordia. Estas dificultades que te hieren tan dolorosamente son necesarias para tu santificación y para demostrar que esta obra es Mía. Hija Mía, sé diligente en apuntar cada frase que te digo sobre Mi misericordia porque están destinadas para un gran numero de almas que sacarán provecho de ellas.

1146 (39) Que los más grandes pecadores [pongan] su confianza en Mi misericordia. Ellos más que nadie tienen derecho a confiar en el abismo de Mi misericordia. Hija Mía, escribe sobre Mi misericordia para las almas afligidas. Me deleitan las almas que recurren a Mi misericordia. A estas almas les concedo gracias por encima de lo que piden. No puedo castigar aún al pecador mas grande si él suplica Mi compasión, sino que lo justifico en Mi insondable e impenetrable misericordia. Escribe: Antes de venir como juez justo abro de par en par la puerta de Mi misericordia. Quien no quiere pasar por la puerta de Mi misericordia, tiene que pasar por la puerta de Mi justicia……

1147 Cuando una vez me sentí ofendida por cierto motivo y me quejaba ante el Señor Jesús me contestó: Hija Mía, ¿por qué te importan tanto las enseñanzas y las palabras de los hombres? Quiero instruirte Yo Mismo, por eso dispongo las circunstancias de modo que no puedas asistir a estas conferencias; en un solo instante te haré conocer mas de lo que los demás alcancen esforzándose muchos años.

1148 20 VI 1937. Nos parecemos más a Dios cuando perdonamos al prójimo. Dios es amor, bondad y misericordia…. Cada alma y especialmente el alma consagrada debe reflejar en sí Mi misericordia. Mi Corazón está colmado de piedad y de misericordia para todos. El corazón de Mi esposa tiene que ser semejante a Mi Corazón, de su corazón tiene que brotar el manantial de Mi misericordia para las almas, si no la desconoceré.

1149 (40) En varias ocasiones noté cómo las almas consagradas defienden su gloria fingiendo la gloria de Dios, cuando no se trata tanto de la gloria de Dios sino de la propia gloria. Oh Jesús, cuánto me hirió eso. ¡Qué misterio descubrirá el día de Tu juicio! ¿Cómo es posible robar los dones de Dios?

1152. No es cosa fácil soportar alegremente los sufrimientos y sobre todo los no merecidos. La naturaleza corrupta se rebela y aunque la voluntad y el intelecto están por encima del sufrimiento siendo capaces de hacer el bien a aquellos que les hacen sufrir, sin embargo el sentimiento hace mucho ruido y como un espíritu inquieto asalta la voluntad y el intelecto, pero al ver que nada puede hacer por si solo, se calma y se somete al intelecto y a la voluntad. Como una fealdad (42) irrumpe en lo íntimo, y hace mucho ruido al quererlo sólo escuchar cuando no está atado corto por la voluntad y el intelecto.

1153 23 VI [1937]. Mientras rezaba delante del Santísimo Sacramento, súbitamente mis sufrimientos físicos desaparecieron y oí en el alma una voz: Vez que en un instante puedo darte todo, no estoy sujeto a ninguna ley

24 VI [1937]. Después de la Santa Comunión oí estas palabras: Has de saber, hija Mía, que en un solo instante puedo darte todo lo que necesites para cumplir esta obra. Después de estas palabras una luz singular ha quedado en mi alma y todas las exigencias de Dios me parecen tan sencillas que hasta un niño pequeño las podría cumplir.

1160 (44) Una vez, cuando pregunté al Señor cómo podía soportar tantos delitos y toda clase de crímenes sin castigarlos, el Señor me contestó: Para castigar tengo la eternidad y ahora estoy prolongándoles el tiempo de la misericordia, pero ay de ellos si no reconocen este tiempo de Mi visita. Hija Mía, secretaria de Mi misericordia, no sólo te obligo a escribir y proclamar Mi misericordia, sino que impetra para ellos la gracia para que también ellos adoren Mi misericordia.

1163 Cuando fui para hablar un momento con el Señor, oí en el alma una voz: [Hija] Mía, no te daré la gracia de confiarte en otra parte, y aunque te reveles no le daré a ese sacerdote la gracia de poder comprenderte. En el momento actual Me agrada que te soportes pacientemente a ti misma. (45) Hija Mía, no es Mi voluntad que hables a todos de los dones que te he concedido. Te he entregado al cuidado del amigo de Mi Corazón y bajo su dirección se desarrollará tu alma. Le he dado la luz para conocer Mi vida en tu alma.

1167 Satanás me confesó que soy el objeto de su odio. Me dijo: Mil almas me hacen menos daños que tú cuando hablas de la gran misericordia del Omnipotente. Los más grandes pecadores toman confianza y vuelven a Dios y yo – dice el espíritu maligno – pierdo todo, pero además me persigues con esta misericordia insondable del Omnipotente. He comprendido cuánto Satanás odia la Divina Misericordia, no quiere reconocer que Dios es bueno.

1169 Hoy mi alma entró en una intima unión con el Señor. Me enseñó que siempre debo someterme a su santa voluntad. En un solo instante te puedo dar más de lo que tú puedas desear.

1170 30 VI 1937. Hoy el Señor me dijo: Muchas veces he querido enaltecer esta Congregación, pero no puedo por su soberbia. Hija Mía, has de saber que a las almas soberbias no les concedo Mis gracias y hasta les quito las ya concedidas.

1172 Hoy mientras rezaba el Ángelus, el Señor me hizo comprender el amor inconcebible de Dios hacia los hombres. Nos eleva hasta su divinidad. Se deja llevar por el amor y su misericordia insondable. Aunque anuncias el Misterio por medio del ángel, Tú Mismo lo realizas.

1175. Fruto de la meditación.

Cualquier cosa que Jesús ha hecho, la ha hecho bien. Pasó haciendo el bien. En su trato estaba lleno de bondad y de misericordia. La compasión guiaba sus pasos. A los enemigos les mostraba bondad, amabilidad, comprensión, a los necesitados ayuda y consuelo.

Este mes he hecho el propósito: reflejar en mí con fidelidad estos rasgos de Jesús aunque me costara mucho.

1176. Durante la adoración oí en el alma la voz: Me resultan gratos tus esfuerzos, hija mía, deleite de Mi Corazón, veo cada movimiento de tu corazón con el cual Me adoras.

1180 15 VII 1937. En cierta ocasión conocí que seria trasladada a otra casa; ese conocimiento fue puramente interior. Al mismo momento oí en el alma una voz: No temas, hija Mía, Mi voluntad es que estés aquí. Los proyectos humanos se desbaratarán y tienen que ajustarse a Mi voluntad.

1181 Cuando permanecía cerca del Señor, dijo: ¿Por qué tienes miedo de emprender la obra que te encomiendo? Contesté: ¿Por qué en estos momentos me dejas sola, Jesús, y no siento Tu presencia? Hija Mía, aunque no Me percibas en las mas escondidas profundidades de tu corazón, no puedes afirmar que no estoy allí. Retiro solamente la percepción de Mi mismo, pero esto no debe ser para ti un impedimento para cumplir Mi voluntad. Lo hago por Mis inescrutables proyectos que conocerás mas tarde.

Hija Mía, has de saber de una vez por todas que solamente el pecado grave Me expulsa del alma, y nada mas.

1182 Hoy el Señor me dijo: Hija Mía, deleite y complacencia Mía, nada Me detendrá en concederte gracias. Tu miseria no es un obstáculo para Mi misericordia. Hija Mía, escribe que cuanto mas grande es la miseria de un alma tanto mas grande es el derecho que tiene a Mi misericordia e [invita] a todas las almas a confiar en el inconcebible abismo de Mi misericordia, porque deseo salvarlas a todas. En la cruz, la fuente de Mi Misericordia fue abierta de par en par por la lanza para todas las almas, no he excluido a ninguna.

1184 En una ocasión anterior.

Por la noche vi al Señor Jesús crucificado. De las manos y de los pies y del costado goteaba la Sacratísima Sangre. Un momento después Jesús me dijo: Todo esto por la salvación de las almas. Reflexiona, hija Mía, sobre lo que haces tú para su salvación. Contesté: Jesús, cuando miro Tu Pasión no hago casi nada para salvar las almas. Y el Señor me dijo: Has de saber, hija Mía, que tu cotidiano, silencioso martirio en la total sumisión a Mi voluntad introduce a muchas almas al cielo y cuando te parezca que el sufrimiento sobrepasa tus fuerzas, mira Mis llagas, (51) y te elevaras por encima del desprecio y de los juicios humanos. La meditación de Mi Pasión te ayudara elevarte por encima de todo. Entendí muchas cosas que antes no había logrado comprender.

1185 9 VII 1937. Por la noche vino a verme una de las hermanas difuntas y pidió un día de ayuno y que en ese día ofreciera por ella todas las practicas de piedad. Le contesté que estaba de acuerdo.

1186 Al día siguiente, a primera hora, expresé la intención de [ofrecer] todo por esa hermana. Durante la Santa Misa, por un momento viví su tormento, sentí en el alma un hambre tan grande de Dios que me parecía que estaba muriendo por el deseo de unirme a Él. Eso duró un breve momento, pero comprendí lo que es el vivo deseo de las almas del purgatorio.

1187 Inmediatamente después de la Santa Misa pedí a la Madre Superiora el permiso para ayunar, sin embargo no lo recibí por estar enferma. Al entrar en la capilla oí estas palabras: Si usted, hermana, hubiera ayunado, yo hubiera recibido el alivio sólo esta noche, pero por la obediencia que le ha prohibido ayunar, he recibido el alivio inmediatamente. La obediencia tiene un gran poder. Después de estas palabras oí: Dios se lo pague.

1190 Jesús.- De todas Mis llagas, como de arroyos, fluye la misericordia para las almas, pero la herida de Mi Corazón es la Fuente de la Misericordia sin límites, de esta fuente brotan todas las gracias para las almas. Me queman las llamas de compasión, deseo derramarlas sobre las almas de los hombres. Habla al mundo entero de Mi misericordia.

1191 Mientras vivimos, el amor de Dios crece en nosotros. Debemos procurar el amor de Dios hasta la muerte. He conocido y he experimentado que las almas que viven en el amor se distinguen por una gran perspicacia en el conocimiento de las cosas divinas, tanto en su propia alma como en las almas de los demás. También las almas simples, sin instrucción, se distinguen por sabiduría.

1193 escuché estas palabras: Hija Mía, delicia de Mi Corazón, con deleite miro tu alma, envío numerosas gracias únicamente por ti, detengo también muchos castigos únicamente por ti; Me frenas y no puedo exigir justicia; Me atas las manos con tu amor.

1194 (53) 13 VII 1937. Hoy Jesús me explicó sobre cómo relacionarme con una de las hermanas que me había preguntado por muchas cosas espirituales en las cuales tenia dudas. Pero, en realidad, no era esto lo que le interesaba sino que quería averiguar mi opinión sobre esta cuestión, para tener algo para comentar sobre mí a otras hermanas. Oh, si al menos hubiera repetido las mismas palabras que yo le había dicho, sin alterarlas ni agregar. Jesús me había avisado sobre esta alma. Decidí rogar por ella, ya que solamente la oración puede iluminarla.

1197 La tormenta se tranquilizó repentinamente. Esta noche hubo una tormenta terrible. Me incliné cara al suelo y empecé a rezar las Letanías de Todos los Santos. Hacia el final de las letanías me dominó un sueño tan grande que no pude de ningún modo terminar la plegaria. De repente me levanté y le dije al Señor: Jesús, (54) calma la tempestad, porque Tu niña no logra seguir rezando mas tiempo y se ve vencida por el sueño. Después de estas palabras abrí la ventana de par en par sin poner siquiera los ganchos. La Hermana N. me dijo: ¿Qué hace?, hermana, el torbellino arrancará la ventana. Le contesté que durmiera tranquilamente, y en seguida la tormenta se calmó del todo. Al día siguiente las hermanas hablaban de la repentina cesación de la tormenta sin saber explicarla. No comenté nada al respecto, sino pensé: Jesús y Faustinita saben cómo explicarlo…

1202 Hoy, ni siquiera he podido ir a la Santa Misa ni [acercarme] a la Santa Comunión, y entre los sufrimientos de alma y del cuerpo me repetía: Hágase la voluntad del Señor. Sé que Tu generosidad es ilimitada. Entonces oí el canto de un ángel que narró, cantando, toda mi vida, todo lo que había contenido en si. Me he sorprendido, pero también me he fortalecido.


1203 San José me pidió tenerle una devoción constante. El mismo me dijo que rezara diariamente tres oraciones y el Acuérdate [331] una vez al día. Me miró con gran bondad y me explicó lo mucho que está apoyando esta obra. Me prometió su espacialísima ayuda y protección. Rezo diariamente las oraciones pedidas y siento su protección especial.

1209 Novena a la Divina Misericordia [332], que Jesús me ordenó escribir y hacer antes de la Fiesta de la Misericordia. Empieza el Viernes Santo.

Deseo que durante esos nueve días lleves a las almas a la Fuente de Mi Misericordia para que saquen fuerzas, alivio y toda gracia que necesiten para afrontar las dificultades de la vida y especialmente en la hora de la muerte. Cada día traerás a Mi Corazón a un grupo diferente de almas y las sumergirás en este mar de Mi misericordia. Y a todas estas almas Yo las introduciré en la casad de Mi Padre. Lo harás en esta vida y en la vida futura. Y no rehusaré nada a ningún alma que traerás a la Fuente de Mi Misericordia. Cada día pedirás a Mi Padre las gracias para estas almas por Mi amarga Pasión.

Contesté: Jesús, no sé como hacer esta novena y qué almas introducir primero en Tu muy misericordioso Corazón. Y Jesús me contestó que me diría, día por día, qué almas debía introducir en Su Corazón.

1210 Primer día

Hoy, tráeme a toda la humanidad y especialmente a todos los pecadores, y sumérgelos en el mar de Mi misericordia. De esta forma Me consolarás de la amarga tristeza [en] que Me sume la pérdida de las almas.

1211. Jesús tan misericordioso, cuya naturaleza es la de tener compasión de nosotros y de perdonarnos, no mires nuestros pecados, sino la confianza que (58) depositamos en Tu bondad infinita. Acógenos en la morada de Tu muy compasivo Corazón y nunca nos dejes salir de Él. Te lo suplicamos por Tu amor que Te une al Padre y al Espíritu Santo.
Oh omnipotencia de la Divina Misericordia
Salvación del hombre pecador,
Tú [eres] la misericordia y un mar de compasión,
Ayudas a quien Te ruega con humildad
Padre eterno, mira con misericordia a toda la humanidad, y especialmente a los pobres pecadores que están encerrados en el Corazón de Jesús lleno de compasión, y por su dolorosa Pasión muéstranos Tu misericordia para que alabemos su omnipotencia por los siglos de los siglos. Amen.

1212 Segundo día

Hoy, tráeme a las almas de los sacerdotes y las almas de los religiosos, y sumérgelas en Mi misericordia insondable. Fueron ellas las que Me dieron fortaleza para soportar Mi amarga Pasión. A través de ellas, como a través de canales, Mi misericordia fluye hacia la humanidad.



1214 Tercer día

Hoy, tráeme a todas las almas devotas y fieles, y sumérgelas en el mar de Mi misericordia. Estas almas Me consolaron a lo largo del Vía Crucis. Fueron una gota de consuelo en medio de un mar de amargura.


1216. Cuarto día

Hoy, tráeme a los paganos* y aquellos que todavía no Me conocen. También pensaba en ellos durante Mi amarga Pasión y su futuro celo consoló Mi Corazón. Sumérgelos en el mar de Mi misericordia.

1217 Jesús compasivísimo, que eres la luz del mundo entero. Acoge en la morada de Tu piadosísimo Corazón a las almas de los paganos que todavía no Te conocen. Que los rayos de Tu gracia las iluminen para que también ellas unidas a nosotros, ensalcen Tu misericordia admirable y no las dejes salir de la morada de Tu compasivísimo Corazón.

La luz de Tu amor
Ilumine las tinieblas de las almas
Haz que estas almas Te conozcan,
Y junto con nosotros glorifiquen
Tu misericordia.

Padre eterno, mira con misericordia a las almas de los paganos y de los que todavía no Te conocen, pero que están encerrados en el muy compasivo Corazón de Jesús. Atráelas hacia la luz del Evangelio. Estas almas desconocen la gran felicidad que es amarte. Concédeles que también ellas ensalcen la generosidad de Tu misericordia por los siglos de los siglos. Amén.


1218 Quinto día

Hoy, atráeme a las almas de los herejes y de los cismáticos**, y sumérgelas en el mar de Mi misericordia. Durante Mi amarga Pasión, desgarraron Mi cuerpo y Mi Corazón, es decir, Mi Iglesia. Según regresan a la Iglesia, Mis llagas cicatrizan [333] y de este modo alivian Mi Pasión.

(61) También para aquellos que rasgaron
la vestidura de Tu unidad
Brota de tu Corazón la fuente de piedad.
La omnipotencia de Tu misericordia, oh Dios,
Puede sacar del error también a estas almas.

* Nuestro Señor originalmente usó las palabras “los paganos”. Desde el pontificado del Papa Juan XXIII, la Iglesia ha juzgado apropiado el reemplazo de este término por la denominación “los que no creen en Cristo” y “los que no conocen a Dios” (ver el Misal Romano, 1970).

** Las palabras originales de Nuestro Señor son aquí “herejes y cismáticos”, ya que Él habló a Sor Faustina según el contexto de su tiempo. Desde el Concilio Vaticano II, las autoridades eclesiásticas han considerado impropio usar esas denominaciones según las explicaciones expuestas en el Decreto Conciliar sobre el Ecumenismo (No. 3). Es apropiado usar en su lugar el término “los hermanos separados”. Sin embargo con el tiempo la Iglesia ha decidido usar todavía otra denominación: “los hermanos que creen en Cristo” (ver el Misal Romano, 1970).



1221. (62) Jesús, tan misericordioso, Tu Mismo has dicho: Aprendan de Mí que soy manso y humilde de corazón. Acoge en la morada de Tu compasivísimo Corazón a las almas mansas y humildes y a las almas de los niños pequeños. Estas almas llevan a todo el cielo al éxtasis y son las preferidas del Padre celestial. Son un ramillete perfumado ante el trono de Dios, de cuyo perfume se deleita Dios Mismo. Estas almas tienen una morada permanente en Tu compasivísimo Corazón y cantan sin cesar un himno de amor y misericordia por la eternidad.

1222 De verdad el alma humilde y mansa
Ya aquí en la tierra respira el paraíso,
Y del perfume de su humilde corazón
Se deleita el Creador Mismo.


1224 Séptimo día

Hoy, tráeme a las almas que veneran y glorifican Mi misericordia de modo especial y sumérgelas en Mi misericordia. Estas almas son las que más lamentaron Mi Pasión y penetraron más profundamente en Mi espíritu. Ellas son un reflejo viviente de Mi Corazón compasivo. Estas almas resplandecerán con un resplandor especial en la vida futura. Ninguna de ellas irá al fuego del infierno. Defenderé de modo especial a cada una en la hora de la muerte.

1225 (63) Jesús misericordiosisimo, cuyo Corazón es el amor mismo, acoge en la morada de Tu compasivisimo Corazón a las almas que veneran y ensalzan de modo particular la grandeza de Tu misericordia. Estas almas son fuertes con el poder de Dios Mismo. En medio de toda clase de aflicciones y adversidades siguen adelante confiadas en Tu misericordia, y unidas a Ti, cargan sobre sus hombros a toda la humanidad. Estas almas no serán juzgadas severamente, sino que Tu misericordia las protegerá en la hora de la muerte.

El alma que ensalza la bondad de su Señor
Es por Él particularmente amada.
Está siempre al lado de la fuente viva
Y saca gracias de la Divina Misericordia.

Padre eterno, mira con misericordia a aquellas almas que glorifican y veneran Tu mayor atributo, es decir, Tu misericordia insondable y que están encerradas en el compasivísimo Corazón de Jesús. Estas almas son un Evangelio viviente, sus manos están llenas de obras de misericordia y sus corazones, desbordantes de gozo, Te cantan, oh Altísimo, un cántico de misericordia. Te suplico, oh Dios, muéstrales Tu misericordia según la esperanza y la confianza que han puesto en Ti. Que se cumpla en ellas la promesa de Jesús quien les dijo: A las almas que veneren esta infinita misericordia Mía, Yo Mismo las defenderé como Mi gloria durante sus vidas y especialmente en la hora de la muerte.

1226. Octavo día

Hoy tráeme a las almas que están en la cárcel del purgatorio y sumérgelas en el abismo de Mi misericordia. Que los torrentes de Mi sangre refresquen el ardor del purgatorio. Todas estas almas son muy amadas por Mi. Ellas cumplen con el justo castigo que se debe a Mi justicia. Está en tu poder llevarles alivio. Haz uso de todas las indulgencias del tesoro (64) de Mi Iglesia y ofrécelas en su nombre…. Oh, si conocieras los tormentos que ellas sufren ofrecerías continuamente por ellas las limosnas del espíritu y saldarías las deudas que tienen con Mi justicia.

1227 Jesús misericordiosísimo, Tu Mismo has dicho que deseas la misericordia; heme aquí que llevo a la morada de Tu muy compasivo Corazón a las almas del purgatorio, almas que Te son muy queridas, pero que deben pagar su culpa adeudada a Tu justicia. Que los torrentes de Sangre y Agua que brotaron de Tu Corazón, apaguen el fuego del purgatorio para que también allí sea glorificado el poder de Tu misericordia.

Del tremendo ardor del fuego del purgatorio
Se levanta un lamento a Tu misericordia.
Y reciben consuelo, alivio y refrigerio
En el torrente de Sangre y Agua derramado.

Padre eterno, mira con misericordia a las almas que sufren en el purgatorio y que están encerradas en el muy compasivo Corazón de Jesús. Te suplico por la dolorosa Pasión de Jesús, Tu Hijo, y por toda la amargura con la cual su sacratísima alma fue inundada, muestra Tu misericordia a las almas que están bajo Tu justo escrutinio. No las mires sino a través de las heridas de Jesús, Tu amadísimo Hijo, ya que creemos que Tu bondad y Tu compasión no tienen limites.


1228. Noveno día

Hoy, tráeme a las almas tibias y sumérgelas en el abismo de Mi misericordia. Estas almas son las que mas dolorosamente hieren Mi Corazón. A causa de las almas tibias, Mi alma experimentó la más intensa repugnancia en el Huerto de los Olivos. A causa de ellas dije: Padre, aleja de Mí este cáliz, si es Tu voluntad. Para ellas, la última (65) tabla de salvación consiste en recurrir a Mi misericordia.

1229 Jesús piadosísimo, que eres la compasión misma, Te traigo a las almas tibias a la morada de Tu piadosísimo Corazón. Que estas almas heladas que se parecen a cadáveres y Te llenan de gran repugnancia se calienten con el fuego de Tu amor puro. Oh Jesús tan compasivo, ejercita la omnipotencia de Tu misericordia y atráelas al mismo ardor de Tu amor y concédeles el amor santo, porque Tú lo puedes todo.

El fuego y el hielo no pueden estar juntos,
Ya que se apaga el fuego o se derrite el hielo.
Pero Tu misericordia, oh Dios,
Puede socorrer las miserias aún mayores.

Padre eterno, mira con misericordia a las almas tibias que, sin embargo, están acogidas en el piadosísimo Corazón de Jesús. Padre de la misericordia, Te suplico por la amarga Pasión de Tu Hijo y por su agonía de tres horas en la cruz, permite que también ellas glorifiquen el abismo de Tu misericordia….*


* La Novena ha sido traducida siguiendo textualmente el manuscrito de Sor Faustina, y por tratarse de un Documento Válido, su Diario difiere del Devocionario traducido y preparado especialmente para uso de los fieles.


1231. JMJ Hoy, Jesús ha habitado en mi corazón,
Ha bajado del alto trono celestial,
El gran Señor, el creador del universo,
Ha venido a mí bajo la especie del pan.

Oh Dios eterno, encerrado en mi pecho,
Contigo tengo todo el cielo
Y con los ángeles Te entono: Santo.
Vivo para Tu gloria únicamente.

No Te unes con un serafín, oh Dios,
Sino con un miserable ser humano,
Que sin Ti no puede hacer nada,
Pero Tú eres siempre misericordioso
con el hombre.

Mi corazón es Tu morada
Oh Rey de eterna gloria,
Gobierna en mi corazón y reina en él
Como en un magnifico palacio.

Oh grande, inconcebible Dios,
Que Te has dignado bajar tanto,
Te rindo gloria humildemente
Y suplico que Te dignes salvarme.






1240 (6) El Señor Jesús defiende mucho a Sus sustitutos en la tierra. Está muy unido a ellos y me ordena anteponer la opinión de ellos a la Suya. Conocí la gran familiaridad que hay entre ellos, entre Jesús y el sacerdote. Lo que dice el sacerdote, Jesús lo defiende y muchas veces se conforma a sus deseos, y a veces hace depender de la opinión [del sacerdote] sus propias relaciones con un alma. Conocí esto muy bien en las gracias particulares, hasta qué punto has compartido con ellos el poder y el misterio, oh Jesús, mas que con los ángeles. Me alegro de ello porque todo es para mi bien.

1244. (…) me quedé sola con la Santísima Virgen que me instruyó sobre la voluntad de Dios, cómo (11) aplicarla en la vida sometiéndome totalmente a Sus santísimos designios. Es imposible agradar a Dios sin cumplir su santa voluntad. Hija mía, te recomiendo encarecidamente que cumplas con fidelidad todos los deseos de Dios, porque esto es lo mas agradable a Sus santos ojos. Deseo ardientemente que te destaques en esto, es decir en la fidelidad en cumplir la voluntad de Dios. Esta voluntad de Dios, anteponla a todos los sacrificios y holocaustos. Mientras la Madre celestial me hablaba, en mi alma entraba un profundo entendimiento de la voluntad de Dios.

1249. 19.VIII.1937 Hoy, en la adoración el Señor me hizo saber cuánto desea que el alma se distinga en el amor activo y vi en mi interior cuán grande es el número de almas que nos piden gritando: Dénos a Dios; y ardió en mí la sangre apostólica. No la escatimaré sino que la daré hasta la última gota por las almas inmortales; aunque, quizá, Dios no lo pida físicamente, pero espiritualmente esto es posible para mí, y no menos meritorio.

1251. 22 VIII. Esta mañana vino a verme una virgen, Santa Bárbara, y me ha recomendado ofrecer la Santa Comunión por mi país durante nueve días. Y con esto aplacarás la ira de Dios. Esta virgen tenia una corona de estrellas y una espada en la mano, el resplandor de la corona era igual al de la espada; tenia una túnica blanca, el pelo suelto; era tan bella que si no hubiera conocido a la Santísima Virgen, hubiera pensado que era ella. Ahora comprendo que todas las vírgenes se destacan por una belleza particular, irradia de ellas una belleza especial.

1256 30. Esta mañana el Padre Sopocko partió. Cuando me sumergí en la oración de acción de gracias por la gran gracia de Dios de haber podido encontrarme con él, fui unida de repente, de modo particular, al Señor que me dijo: Es un sacerdote según Mi corazón, Me agradan sus esfuerzos. Ves, hija Mía, que Mi voluntad tiene que cumplirse y aquello que te he prometido lo cumplo. A través de él derramo consuelo a las almas dolientes, atormentadas; por medio de él Me ha complacido difundir el culto a Mi misericordia (19). A través de esta obra de misericordia se acercarán a Mi mas almas de cuántas se habrían acercado si él hubiera continuado absolviendo día y noche hasta el fin de su vida, porque en tal caso el trabajaría apenas hasta el fin de su vida, mientras que por esta obra trabajará hasta el fin del mundo.

1262 3 IX. Primer viernes del mes. Durante la Santa Misa fui unida a Dios. Jesús me dijo que la más pequeña cosa no sucede en el mundo sin su voluntad. Tras esa visión mi alma entró en una extraña serenidad. Mi tranquilicé completamente en lo referente a esta obra en toda su extensión. Dios puede hacer conmigo lo que le plazca, y yo lo bendeciré por todo.

1271 Al darme cuenta de lo peligroso que es estar en la puerta en la actualidad y eso a causa de los disturbios revolucionarios y del odio que la gente mala tiene hacia los conventos, he ido a hablar con el Señor y le he pedido disponer que ninguna persona mala se atreva acercase a la puerta. Oí estas palabras: Hija Mía, en el momento en que has ido a la puerta he puesto un Querubín encima de la puerta para que la vigile; permanece tranquila. Cuando volví tras la conversación que tuve con el Señor, vi una nubecita blanca y en ella a un Querubín con las manos juntas [como para orar], con la mirada como un relámpago; comprendí que el fuego del amor de Dios ardía en aquella mirada…

1275 Secretaria Mía, escribe que soy mas generoso para los pecadores que para los justos. Por ellos he bajado a la tierra…. Por ellos he derramado Mi sangre; que no tengan miedo de acercase a Mi, son los que mas necesitan Mi misericordia.

1288 19 IX [1937]. Hoy el Señor me dijo: Hija Mía, escribe que Me duele mucho cuando las almas consagradas se acercan al sacramento del Amor solamente por costumbre como si no distinguieran este alimento. No encuentro en sus corazones ni fe ni amor. A tales almas voy con gran renuencia, seria mejor que no Me recibieran.

1292 Al recibir la Santa Comunión le dije: Jesús, esta noche he pensado tantas veces en Ti, y Jesús me contesto: Y Yo también he pensado en ti antes de llamarte a la existencia. Jesús, ¿de qué modo pensaste en mi? En el modo de admitirte a Mi eterna felicidad. Después de estas palabras el amor de Dios ha inundado mi alma; no terminaba de asombrarme de cuánto Dios nos ama.

1311 Meditación. Durante la meditación, la hermana que tiene su reclinatorio al lado del mío, carraspea y tose continuamente, a veces sin interrupción Una vez me vino la idea de cambiar de lugar para el tiempo de meditación, en vista que era ya después de la Santa Misa; sin embargo pensé: si cambio de lugar la hermana se dará cuenta y sentirá, quizá, un disgusto por haberme alejado de ella. He decidido continuar en la oración y en mi (54) lugar ofreciendo a Dios un acto de paciencia. Al final de la meditación mi alma fue inundada de tanta consolación enviada por Dios cuanta pudo soportar mi corazón y el Señor me hizo saber que si me hubiera alejado de esa hermana me habría alejado también de las gracias que descendieron sobre mi alma.

1312 Hoy Jesús vino a la puerta bajo la apariencia de un joven pobre. Un joven macilento, en harapos, descalzo y con la cabeza descubierta, estaba pasmado de frió porque hacia un día lluvioso y frío. Pidió algo de comer caliente. Pero cuando fui a la cocina no encontré nada para los pobres; sin embargo tras buscar un rato encontré un poco de sopa que calenté y puse un poco de pan desmigajado. Se lo di al pobre que lo comió. En el momento en que le retiraba el vaso, me hizo saber que era el Señor del cielo y de la tierra. En cuanto lo vi tal como es, desapareció de mis ojos. (55) Cuando entré en la casa pensando en lo que había sucedido en la puerta, oí estas palabras en el alma: Hija Mía, han llegado a Mis oídos las bendiciones de los pobres que alejándose de la puerta Me bendicen y Me ha agradado esta misericordia tuya dentro de los limites de la obediencia y por eso he bajado del trono para gustar el fruto de tu misericordia.

1316 (57) 1 X 1937. Hija Mía, necesito sacrificios hechos por amor, porque sólo éstos tienen valor para Mi. Es grande la deuda del mundo contraída Conmigo, la pueden pagar las almas puras con sus sacrificios, practicando la misericordia espiritualmente.

1317 Comprendo Tus palabras, Señor, y la grandeza de la misericordia que ha de resplandecer en mi alma. Jesús: Sé, hija Mía, que lo comprendes y haces todo lo que está en tu poder, pero escríbelo para muchas almas que a veces se afligen por no tener bienes materiales, para practicar con ellos la misericordia. Sin embargo, el mérito mucho más grande lo tiene la misericordia espiritual que no necesita ni autorización ni granero siendo accesible a cualquier alma. Si el alma no practica la misericordia de alguna manera no conseguirá Mi misericordia en el día del juicio. Oh, si las almas supieran acumular los tesoros eternos, no serian juzgadas, porque su misericordia anticiparía Mi juicio.

1318 (58) 10 X [1937]. Oh Jesús mío, para agradecerte por tantas gracias. Te ofrezco el alma y el cuerpo, el intelecto y la voluntad y todos los sentimientos de mi corazón. Con los votos me he entregado toda a Ti, ya no tengo nada más que podría ofrecerte. Jesús me dijo: Hija Mía, no Me has ofrecido lo que es realmente tuyo. Me he ensimismado y he constatado de que amaba a Dios con todas las fuerzas de mi alma; y sin poder conocer que era lo que no había dado al Señor, pregunté: Jesús, dímelo y Te lo daré inmediatamente con generosidad del corazón. Jesús me dijo amablemente: Hija, dame tu miseria porque es tu propiedad exclusiva. En ese momento un rayo de luz iluminó mi alma y conocí todo el abismo de mi miseria; en ese mismo momento me abracé contra el Santísimo Corazón de Jesús con tanta confianza que aunque tuviera sobre la conciencia los pecados de todos los condenados, no dudaría de la Divina (50) Misericordia, sino que, con el corazón hecho polvo, me arrojaría en el abismo de Tu misericordia. Creo, oh Jesús, que no me rechazarías sino que me absolverías con la mano de quien Te sustituye.

1320 A las tres, ruega por Mi misericordia, en especial para los pecadores y aunque sólo sea por un brevísimo momento, sumérgete en Mi Pasión, especialmente en Mi abandono en el momento de Mi agonía. Ésta es la hora de la gran misericordia para el mundo entero. Te permitiré penetrar en Mi tristeza mortal. En esta hora nada le será negado al alma que lo pida por los méritos de Mi Pasión….


1321. Te saludo, misericordiosísimo Corazón de Jesús,
Viva fuente de toda gracia,
Único amparo y refugio nuestro,
En ti tengo la luz de la esperanza.

Te saludo, Corazón piadosísimo de mi Dios,
Insondable, viva fuente de amor,
De la cual brota la vida para los pecadores,
Y los torrentes de toda dulzura.

Te saludo, Herida abierta del Sacratísimo Corazón,
De la cual salieron los rayos de la misericordia
Y de la cual nos es dado sacar la vida,
Únicamente con el recipiente de la confianza.

Te saludo, inconcebible bondad de Dios,
Nunca penetrada e insondable,
Llena de amor y de misericordia, siempre santa,
Y como una buena madre inclinada sobre nosotros.

Te saludo, Trono de la misericordia, Cordero de Dios,
Que has ofrecido la vida por mí,
Ante el cual mi alma se humilla cada día,
Viviendo en una fe profunda.


1322. Navega la barca de mi vida
Entre las oscuridades y las sombras de la noche,
Y no veo ningún puerto,
Estoy a la merced del mar profundo.

La más pequeña tempestad podría hundirme,
Sumergiendo mi barca en el torbellino de las olas,
Si no vigilaras sobre mi Tu Mismo, oh Dios,
En cada momento de mi vida, en cada instante.

En medio del estruendo de las olas
Navego tranquilamente con confianza
Y, como una niña, miro adelante sin temor,
Porque Tu, oh Jesús, eres mi luz.

Todo alrededor es horror y espanto,
Pero mi paz es mas profunda que las profundidades del mar
Porque quien está Contigo, Señor, no perecerá
Me lo asegura Tu amor divino.

Aunque alrededor hay muchos peligros,
No los temo, porque miro el cielo estrellado.
Y navego con denuedo y alegría,
Como corresponde a un corazón puro.

Pero sobre todo, únicamente
Por ser Tu mi timonero, oh Dios,
La barca de mi vida navega tan serenamente
Lo reconozco en la más profunda humildad.

+
(2) JMJ




1325. Cracovia, 20 X 1937 Quinto diario
Oh Dios mío, que Te adore todo lo que hay en mi, oh Creador y Señor mío, y con cada latido de mi corazón deseo glorificar Tu misericordia insondable. Deseo hablar a las almas de Tu bondad e invitarlas a confiar en Tu misericordia. Ésta es mi misión que Tú Mismo me has confiado en esta y en la vida futura.

1329 En la meditación sobre el fin del hombre comprendí que esta verdad está profundamente arraigada en mi alma y por eso mis obras son más perfectas. Sé por qué he sido creada; todas las criaturas juntas no me sustituirán al Creador; sé que mi fin último es Dios, por lo tanto en todo lo que hago tomo en consideración a Dios.

1331 Oh Jesús, Tú Mismo Te dignaste poner el fundamento al edificio de mi santidad, ya que mi colaboración no ha sido grande. Por la indiferencia en el uso que hago de las criaturas y en la elección de las mismas. Tu me has ayudado, oh Señor, porque mi corazón es débil por si mismo y por eso Te he rogado, Maestro mío, que no Te fijes en el dolor de (6) mi corazón sino que cortes todo lo que pueda retenerme en el camino del amor. No Te entendía, Señor, en los momentos del sufrimiento cuando cumplías la obra en mi alma, pero hoy Te comprendo y gozo de la libertad del espíritu. Jesús Mismo vigiló para que ninguna pasión enredara mi corazón. He conocido bien de cuáles peligros me había librado, y por eso mi agradecimiento a Dios no tiene limites.

1332 Segundo día. Cuando meditaba sobre el pecado de los ángeles y sobre su castigo inmediato, he preguntado a Jesús: ¿Por qué los ángeles fueron castigados inmediatamente después del pecado? Escuché una voz: Por su profundo conocimiento de Dios. Ningún hombre en la tierra, aunque fuera un gran santo, tiene tal conocimiento de Dios como un ángel. Pero conmigo, miserable, oh Dios, Te has mostrado misericordioso tantas veces. Me llevas en el seno de Tu misericordia y me perdonarás siempre cuando con el corazón contrito Te suplique perdón.

1334 Durante la meditación sobre el pecado el Señor me ha dado a conocer toda la maldad del pecado y la ingratitud que en él se encierra. Siento en mi alma una gran repugnancia hasta por el más pequeño pecado. (8) Sin embargo estas verdades eternas que contemplo no despiertan en mi alma ni una sombra de turbación o de inquietud; a pesar de mi profunda preocupación por ellas, mi contemplación no se interrumpe. En esta contemplación no experimento arrebatos del corazón sino una profunda paz y un singular recogimiento interior. Aunque el amor es grande, hay un misterioso equilibrio: ni siquiera recibir la Eucaristía me provoca emoción, sino que me introduce en la más profunda unión donde mi amor, fusionado al amor de Dios, son uno.

1335 Jesús me ha enseñado que debo rezar por las hermanas que hacen los ejercicios espirituales. Mientras rezaba he conocido la lucha de ciertas almas [y] he redoblado mis rezos.

1337 Cuando rezaba delante del Santísimo Sacramento venerando las cinco llagas de Jesús, mientras invocaba cada una de las llagas sentí que un torrente de gracia manaba a mi alma ofreciéndome el gusto anticipado del cielo y una confianza absoluta en la Divina Misericordia.

1338 En el momento en que escribo estas palabras he oído a Satanás gritando: Escribes todo, escribes todo y por eso perdemos tanto. No escribas de la bondad de Dios, Él es justo. Y dando aullidos de rabia, desapareció.

1339 Oh Dios misericordioso que no nos desprecias sino que continuamente nos colmas de Tus gracias, nos haces dignos de Tu reino y en Tu bondad llenas con los hombres los lugares abandonados por los ángeles ingratos. Oh Dios de gran misericordia que has apartado Tu santa vista de los ángeles rebeldes dirigiéndola al hombre arrepentido (10), sea honor y gloria a Tu misericordia insondable, oh Dios que no desprecias al corazón humilde.

1340 Oh Jesús mío, siento que mi naturaleza se ennoblece, pero a pesar de estas gracias tuyas no muere del todo, por lo tanto mi vigilancia es continua. Tengo que luchar contra muchos defectos sabiendo bien que la lucha no humilla a nadie, sino la cobardía y la caída.

1341 Cuando uno es delicado de salud debe soportar mucho, ya que cuando está enfermo y no guarda la cama, no es considerado enfermo. Por varios motivos tiene continuamente la ocasión de sacrificios y a veces de sacrificios muy grandes. Ahora comprendo que sólo la eternidad hará conocer muchas cosas, pero comprendo también que si Dios exige un sacrificio, no escatima su gracia sino la concede al alma en abundancia.

1346 Durante la Santa Misa celebrada por el Padre Andrasz, he visto al pequeño Niño Jesús sentado en el cáliz de la Santa Misa con las manitas tendidas hacia nosotros. Tras una profunda mirada me ha dicho estas palabras: Vivo en tu corazón tal como Me ves en este cáliz.

1361 Me es sumamente agradable este decidido propósito tuyo de hacerte santa. Bendigo tus esfuerzos y te daré la oportunidad de santificarte. Sé atenta para que no se te escape ninguna oportunidad que Mi providencia te dará para santificarte. Si no logras aprovechar una oportunidad dada no pierdas la calma sino que humíllate profundamente ante Mi y sumérgete toda con gran confianza en Mi misericordia y así ganarás mas de lo que has perdido, porque a un alma humilde se da con mas generosidad, mas de lo que ella misma pida…


1365. (…) Dios mío, veo el resplandor de las auroras eternas. Toda mi alma se lanza hacia Ti, Señor, ya nada me detiene ni me ata a la tierra. Ayúdame, Señor, a soportar con paciencia el resto de mis días. La ofrenda de mi amor arde sin cesar ante Tu Majestad, pero tan silenciosamente que solamente Tu ojo, oh Dios, la ve, ningún otro es capaz de percibirla.

1372. (…) desearía gritar al mundo entero: Amad a Dios, porque es bueno y su misericordia es grande.

1373 Oh días cotidianos y llenos de monotonía, los miro con ojo solemne y festivo. Qué grande y solemne es el tiempo que nos ofrece la posibilidad de recoger méritos para el cielo eterno; comprendo cómo lo utilizarían los santos.

1374 30 X 1937. Hoy, durante la ceremonia [356] religiosa, durante la Santa Misa, en el segundo día de acción de gracias, vi a Jesús en un aspecto de gran belleza y me dijo: Hija Mía, no te he dispensado de la acción. Le contesté: Señor, mi mano es débil para tales obras. Sí, lo sé, pero unida a Mi diestra, cumplirás todo. Sin embargo, sé obediente, sé obediente a los confesores. Yo les daré la luz cómo deben guiarte. Señor, yo quise dar comienzo a la obra en Tu nombre, sin embargo, el Padre S. [357] todavía la aplaza. Jesús me contestó: Lo sé, por lo tanto haz lo que está en tu poder, pero no puedes eximirte.

1375. Hoy, después de las vísperas, la procesión fue al cementerio; yo no pude ir porque estaba de guardia en la puerta, pero eso no me impidió rezar por las queridas almas. Cuando la procesión volvió del cementerio a la capilla, mi alma sintió la presencia de muchas almas. Comprendí la gran justicia de Dios y que cada uno tiene que pagar hasta el último céntimo.

1377 5 XI. Esta mañana vinieron a la puerta cinco desempleados que querían entrar a toda costa. La Hermana N. tras discutir con ellos y sin poder despedirlos, vino a la capilla (25) a hablar con la Madre quien [358] me ordenó ir. Estaba aún lejos de la puerta cuando oí sus insistentes golpes en ella. En un solo momento me invadieron dudas y temor, no sabia si abrirles o responder por la mirilla como había hecho la Hermana N. Pero, de repente oí una voz en el alma: Ve y ábreles la puerta y conversa con ellos con la misma dulzura con la que hablas Conmigo. Abrí la puerta enseguida y me acerqué al más amenazador y me puse a hablarle con tanta dulzura y serenidad que ellos mismos no sabían qué hacer y también empezaron a hablar con gentileza y dijeron: ¿Qué hemos de hacer? Si el convento no puede darnos trabajo. Y se han ido en paz. He sentido claramente que Jesús, al que había recibido en la Santa Comunión una hora antes, obró en sus corazones a través de mí. Oh, qué bello es obrar bajo la inspiración de Dios.

1383 Debido a que Sor Doménica después de morir tenia un aspecto tan bonito que no daba la impresión de cadáver, algunas hermanas expresaron la duda: ¿Estará, acaso, en letargo? Y una de las hermanas me dijo ir con ella y poner un espejito ante su boca para ver si se empañaba, ya que si estuviera viva se empañaría. Dije que sí e hicimos lo que habíamos dicho, pero el espejito no se empañó, aunque nos pareció que realmente se había empañado. Sin embargo, el Señor me hizo saber cuánto eso le había disgustado y fui amonestada severamente a no obrar jamás contra el convencimiento interior. Me humillé profundamente ante el Señor y le pedí perdón.

1384 Veo a cierto sacerdote que Dios ama mucho, pero Satanás lo odia terriblemente porque lleva muchas almas a una santidad elevada y tiene (29) en cuenta únicamente la gloria de Dios. Pero pido a Dios que no le falte paciencia con quienes le llevan continuamente la contraria. Satanás, allí donde no puede hacer daño el mismo, se sirve de los hombres.

1385 19 XI. Hoy, después de la Santa Comunión Jesús me dijo cuánto desea venir a los corazones humanos. Deseo unirme a las almas humanas. Mi gran deleite es unirme con las almas. Has de saber, hija Mía, que cuando llego a un corazón humano en la Santa Comunión, tengo las manos llenas de toda clase de gracias y deseo dárselas al alma, pero las almas ni siquiera Me prestan atención, Me dejan solo y se ocupan de otras cosas. Oh, qué triste es para Mi que las almas no reconozcan al Amor. Me tratan como una cosa muerta.

1392 Todo lo bueno que hay en mi es gracias a la Santa Comunión, le debo todo. Siento que este sagrado fuego me ha transformado totalmente. Oh, cuánto me alegro de ser Tu morada, oh Señor; mi corazón es un templo en que permaneces continuamente…..
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1396 Hoy escuché en el alma una voz: Oh, si los pecadores conocieran Mi misericordia no perecería un número tan grande de ellos. Diles a las almas pecadoras que no tengan miedo de acercarse a Mi, habla de Mi gran misericordia.

1397 El Señor me ha dicho: La pérdida de cada alma Me sumerge en una tristeza mortal. Tú siempre Me consuelas cuando (36) rezas por los pecadores. Tu oración quemas Me agrada es la oración por la conversión de los pecadores. Has de saber, hija Mía, que esta oración es siempre escuchada.

1402 En sus inescrutables designios Dios permite a veces que quienes han emprendido los mayores esfuerzos por alguna obra, generalmente no gozan de los frutos de esta obra aquí en la tierra. Dios conserva todo su goce para la eternidad; pero, a pesar de todo, a veces Dios da a conocer cuánto le son agradables los esfuerzos (38) de tales almas y aquellos momentos fortalecen las almas para los nuevos combates y pruebas. Éstas son las almas que mas se parecen al Salvador el cual en su obra fundada en la tierra probó solamente amargura.

1405 (39) 30 XI [1937]. Una noche, mientras subía por la escalera, de repente me invadió un extraño tedio de todo lo divino. Entonces oí a Satanás que me decía: No pienses nada de la obra, Dios no es tan misericordioso como tú dices. No reces por los pecadores, porque ellos serán condenados a pesar de todo y por esta obra de misericordia tú misma te expones a ser condenada. De esta misericordia de Dios no hables nunca con el confesor y especialmente con los Padres Sopocko y Andrasz. En ese momento la voz tomó el aspecto del Ángel Custodio. Entonces contesté: Sé quien eres, el padre de la mentira [364]. Hice la señal de la santa cruz y aquel ángel desapareció con gran estrépito y rabia.

1407 Hoy, mientras recibía la Santa Comunión he visto una Hostia viva en el cáliz, la cual el sacerdote me la dio. Al volver a mi lugar, he preguntado al Señor: ¿Por qué una [sola] viva? Si estás igualmente vivo en todas las Hostias. El Señor me contestó: Es así, soy el Mismo en todas las Hostias, pero no todas las almas Me reciben con una fe tan viva como la tuya, hija Mía, y por eso no puedo obrar en sus almas igual que en tu alma.

1409 Hoy, el Señor Jesús me hace consciente de Si Mismo y de su más tierno amor y del cuidado que tiene de mí en una comprensión profunda de que todo depende de su voluntad y que permite algunas dificultades únicamente para nuestros meritos, para que se manifieste claramente nuestra fidelidad. Al mismo tiempo recibí la fuerza para sufrir y negarme a mi misma.

1420 Al sumergirme en la oración, fui trasladada en espíritu a la capilla y vi al Señor Jesús expuesto en la custodia; en lugar de la custodia veía el rostro glorioso del Señor y el Señor me dijo: Lo que tú ves [en] realidad, estas almas lo ven a través de la fe. Oh, qué agradable es para Mi su gran fe. Ves que aparentemente no hay en Mi ninguna traza de vida, no obstante, en realidad ella existe en toda su plenitud y además encerrada en cada Hostia. Pero para que Yo pueda obrar en un alma, el alma debe tener fe. Oh, cuánto Me agrada la fe viva.

1434 Hoy el Señor me ha hecho conocer su ira contra la humanidad que por sus pecados merece que sus días sean acortados, pero también aprendí que la existencia del mundo la sostienen las almas elegidas, es decir, las ordenes religiosas. Ay del mundo si faltan las ordenes religiosas.

1436 (54) Señor, aunque me das a conocer a menudo los truenos de Tu indignación, sin embargo Tu ira desaparece frente a un alma que se humilla. Aunque eres grande, Señor, no obstante Te dejas vencer por un alma sumisa y profundamente humilde. Oh humildad, virtud preciosísima, qué pocas son las almas que te poseen. En todas partes veo solamente la apariencia de esta virtud, pero no veo la virtud misma. Aniquílame, oh Señor, a mis propios ojos para que pueda encontrar gracia a Tus santos ojos.

1439 Cuando entré en el refectorio, durante la lectura toda mi alma fue sumergida en Dios. Vi interiormente la mirada de Dios [dirigida] a nosotros con gran agrado. Me quedé a solas con el Padre celestial. En aquel mismo instante conocí mas profundamente las tres Personas Divinas que contemplaremos durante toda la eternidad y después de millones de años nos daremos cuenta de haber apenas comenzado nuestra contemplación. Oh qué grande es la misericordia de Dios que admite al hombre a una (56) participación tan grande en su divina felicidad, pero al mismo tiempo un gran dolor traspasa mi corazón por el hecho de que muchas almas han despreciado esta felicidad.

1440 Cuando comenzamos a compartir el “oplatek”, reinó un amor sincero y reciproco. La Madre Superiora me felicitó con estas palabras: Hermana, las obras de Dios van despacio, pues no tenga prisa. En general, todas las hermanas me desearon con sinceridad las cosas que yo anhelaba grandemente. Vi que las felicitaciones surgían verdaderamente del corazón, excepto una hermana que bajo sus palabras escondió malicia, pero eso no me hizo sufrir mucho porque mi alma estaba llenísima de Dios; sin embargo me iluminó sobre el porqué Dios se comunica tan poco a aquella alma y conocí que ella siempre se buscaba a si misma hasta en las cosas santas. Oh qué bueno es el Señor que no me permite extraviarme y sé que me custodiará celosamente, pero sólo mientras permanezca pequeña, porque a Él, Soberano Excelso, le gusta tratar con los pequeños, mientras a los grandes los observa desde lejos y se les opone.

1442 Cuando vine a la Misa de Medianoche, una vez empezada la Santa Misa, me sumergí toda en un profundo recogimiento en el cual vi el portal de Belén lleno de gran claridad. La Virgen Santísima envolvía a Jesús en los pañales, absorta en gran amor; San José, en cambio, todavía dormía. Sólo cuando la Virgen colocó a Jesús en el pesebre, entonces la luz divina despertó a José que también se puso a orar. Sin embargo, un momento después me quedé a solas con el pequeño Jesús que extendió sus manitas hacia mí y comprendí que fue para que lo tomara en brazos. Jesús estrechó su cabecita a mi corazón y con una mirada profunda me hizo comprender que estaba bien así. En aquel momento Jesús desapareció y sonó la campanilla para (58) la Santa Comunión. Mi alma se desmayaba de alegría.


1443 (…) Conocí que cada alma quisiera gozar de las alegrías divinas, pero no quiere renunciar de ningún modo de las alegrías humanas mientras que estas dos cosas son absolutamente incompatibles.

1446 El Señor me dijo: Que no te interese nada cómo se comportan los demás, tú, compórtate como Yo te ordeno: has de ser un vivo reflejo de Mí a través del Amor y la Misericordia. Contesté: Pero, Señor, a menudo abusan de mi bondad. No importa, hija Mía, no te fijes en eso, tú sé siempre misericordiosa para todos y especialmente para los pecadores.

1447 Oh, cuánto Me duele que muy rara vez las almas se unan a Mi en la Santa Comunión. Espero a las almas y ellas son indiferentes a Mí. Las amo con tanta ternura y sinceridad y ellas desconfían de Mí. Deseo colmarlas de gracias y ellas no quieren aceptarlas. Me tratan como una cosa muerta, mientras que (60) Mi Corazón está lleno de Amor y Misericordia. Para que tú puedas conocer al menos un poco Mi dolor, imagina a la más tierna de las madres que ama grandemente a sus hijos, mientras que esos hijos desprecian el amor de la madre. Considera su dolor. Nadie puede consolarla. Ésta es solo una imagen débil y una tenue semejanza de Mi Amor.

1448 Escribe de Mi Misericordia. Di a las almas que es en el tribunal de la misericordia donde han de buscar consuelo [367]; allí tienen lugar los milagros más grandes y se repiten incesantemente. Para obtener este milagro no hay que hacer una peregrinación lejana ni celebrar algunos ritos exteriores, sino que basta acercarse con fe a los pies de Mi representante y confesarle con fe su miseria y el milagro de la Misericordia de Dios se manifestará en toda su plenitud. Aunque un alma fuera como un cadáver descomponiéndose de tal manera que desde el punto de vista humano no existiera esperanza alguna de restauración y todo estuviese ya perdido. No es así para Dios. El milagro de la Divina Misericordia restaura a esa alma en toda su plenitud. Oh infelices que no disfrutan de este milagro de la Divina Misericordia; lo pedirán en vano cuando sea demasiado tarde.

1457 (67) 2 I 1938. Hoy, mientras me preparaba a la Santa Comunión, Jesús exigió que escribiera mas, no solamente de las gracias que me concede, sino también de las cosas exteriores y eso para la consolación de muchas almas.

1464. Hoy me siento mucho mejor, me alegro de que pueda contemplar mas cuando haga la hora santa. De repente oí la voz: No estarás sana y no aplaces el sacramento de la confesión, porque eso no Me agrada. No prestes mucha atención a las murmuraciones de los que te rodean. Me sorprendí, ya que hoy me siento mejor, pero no pensé más en eso. Cuando la hermana apagó la luz, empecé la hora santa. Sin embargo, a los pocos minutos comenzó a pasar algo con mi corazón. Hasta las once sufrí silenciosamente, pero después me sentía tan mal que desperté la Hermana N. que comparte el cuarto conmigo y me dio unas gotas que me aliviaron un poco el dolor así que pude acostarme. Ahora comprendo la advertencia del Señor. Decidí llamar a cualquier sacerdote al día siguiente y revelarle (70) los secretos de mi alma. Pero eso no es todo, rezando por los pecadores y ofreciendo todos los sufrimientos [sufrí los ataques del demonio]. El espíritu maligno no podía soportar esto.

1465 [Se me presentó bajo la forma de fantasma y este] fantasma me dijo: No reces por los pecadores, sino por ti misma, porque serás condenada. Sin hacer caso alguno a Satanás, continuaba rezando con doble fervor por los pecadores. El espíritu maligno gritó de rabia: Oh, si tuviera poder sobre ti, y desapareció. Conocí que mi sufrimiento y mi oración tenían atado a Satanás y liberaron a muchas almas de sus garras.

1467 7 I 1938. Primer viernes del mes. Por la mañana, durante la Santa Misa, vi por un momento al Salvador doliente. Lo que me extrañó fue que entre grandes tormentos Jesús estaba tan tranquilo. Comprendí que era una lección para mi sobre cómo debía comportarme exteriormente entre varios sufrimientos.

1468 Durante un momento mas largo sentí el dolor en las manos, los pies y el costado. De repente vi a cierto pecador que se benefició de mis sufrimientos y se acercó al Señor. Todo por las almas hambrientas para que no se mueran de hambre.

1469 Hoy me confesé con el capellán [371]; Jesús me consoló a través de este sacerdote. Oh Madre mía, Iglesia de Dios, tú eres la verdadera madre que comprende a sus hijos……

1478 ¿Por qué estás triste hoy, Jesús? Dime ¿quién ha causado Tu tristeza? Y Jesús me contestó: Las almas elegidas que no poseen Mi espíritu, que viven según la letra, esta letra la han puesto por encima de Mi espíritu, por encima del espíritu del amor. He basado toda Mi ley sobre el amor, sin embargo no veo este amor ni siquiera en los conventos, por eso la tristeza Me llena el Corazón.

1481 Hoy, durante la Santa Misa, junto a mi reclinatorio he visto al Niño Jesús que parecía tener un año, y que me pidió tomarlo en brazos. Cuando lo tomé en brazos, se estrechó a mi corazón y dijo: Estoy bien junto a tu corazón. Aunque eres tan pequeño, yo sé que eres Dios. ¿Por qué tomas el aspecto de un chiquitín para tratar conmigo? Porque quiero enseñarte la infancia espiritual. Quiero que seas muy pequeña, ya que siendo pequeñita te llevo junto a Mi Corazón así como tú Me tienes en este momento junto a tu corazón. En ese momento me quedé sola, pero nadie podrá comprender lo que sentía mi alma, estaba toda sumergida en Dios como una esponja arrojada en el mar…

1485 La Misericordia de Dios oculto en el Santísimo Sacramento; la voz del Señor que nos habla desde el trono de la misericordia: Venid a Mi todos.

Dialogo de Dios misericordioso con el alma pecadora

- Jesús: No tengas miedo, alma pecadora, de tu Salvador; Yo soy el primero en acercarme a ti, porque sé que por ti misma no eres capaz de ascender hacia Mi. No huyas, hija, de tu Padre; desea hablar a solas con tu Dios de la Misericordia que quiere decirte personalmente las palabras de perdón y colmarte de Sus gracias. Oh, cuánto Me es querida tu alma. Te he asentado en Mis brazos. Y te has grabado como una profunda herida en Mi Corazón.

- El alma: Señor, oigo Tu voz que me llama a abandonar el mal camino, pero no tengo ni valor ni fuerza.

- Jesús: Yo soy tu fuerza, Yo te daré fuerza para luchar.

- El alma: Señor, conozco Tu santidad y tengo miedo de Ti.

- Jesús: ¿Por qué tienes miedo, hija Mía, del Dios de la Misericordia? Mi santidad (80) no Me impide ser misericordioso contigo. Mira, alma, por ti he instituido el trono de la misericordia en la tierra y este trono es el tabernáculo y de este trono de la misericordia deseo bajar a tu corazón. Mira, no Me he rodeado ni de séquito ni de guardias, tienes el acceso a Mi en cualquier momento, a cualquier hora del día deseo hablar contigo y deseo concederte gracias.

- El alma: Señor, temo que no me perdones un número tan grande de pecados; mi miseria me llena de temor.

- Jesús: Mi misericordia es más grande que tu miseria y la del mundo entero. ¿Quién ha medido Mi bondad? Por ti bajé del cielo a la tierra, por ti dejé clavarme en la cruz, por ti permití que Mi Sagrado Corazón fuera abierto por una lanza, y abrí la Fuente de la Misericordia para ti. Ven y tomas las gracias de esta fuente con el recipiente de la confianza. Jamás rechazaré un corazón arrepentido, tu miseria se ha hundido en el abismo de Mi misericordia. ¿Por qué habrías de disputar Conmigo sobre tu miseria? Hazme el favor, dame todas tus penas y toda tu miseria y Yo te colmaré de los tesoros de Mis gracias.

(81) – El alma: Con tu bondad has vencido, oh Señor, mi corazón de piedra; heme aquí acercándome con confianza y humildad al tribunal de Tu misericordia, absuélveme Tu Mismo por la mano de Tu representante. Oh Señor, siento que la gracia y la paz han fluido a mi pobre alma. Siento que Tu misericordia, Señor, ha penetrado mi alma en su totalidad. Me has perdonando más de cuanto yo me atrevía esperar o más de cuanto era capaz de imaginar. Tu bondad ha superado todos mis deseos. Y ahora Te invito a mi corazón, llena de gratitud por tantas gracias. Había errado por el mal camino como el hijo prodigo, pero Tú no dejaste de ser mi Padre. Multiplica en mí Tu misericordia, porque ves lo débil que soy.

-Jesús: Hija, no hables más de tu miseria, porque Yo ya no Me acuerdo de ella. Escucha, niña Mía, lo que deseo decirte: estréchate a Mis heridas y saca de la fuente de la vida todo lo que tu corazón pueda desear. Bebe copiosamente de la fuente de la vida y no pararas durante el viaje. Mira el resplandor de Mi misericordia y no temas a los enemigos de tu salvación. Glorifica Mi misericordia.

1486 (82) Dialogo entre Dios misericordioso y el alma desesperada.

- Jesús: Oh alma sumergida en las tinieblas, no te desesperes, todavía no todo está perdido, habla con tu Dios que es el Amor y la Misericordia Misma. Pero, desgraciadamente, el alma permanece sorda ante la llamada de Dios y se sumerge en las tinieblas aún mayores.

- Jesús vuelve a llamar: Alma, escucha la voz de tu Padre misericordioso.
En el alma se despierta la respuesta: Para mi ya no hay misericordia. Y cae en las tinieblas aún mas densas, en una especie de desesperación que le da la anticipada sensación del infierno y la hace completamente incapaz de acercarse a Dios.

Jesús habla al alma por tercera vez, pero el alma está sorda y ciego, empieza a afirmarse en la dureza y la desesperación. Entonces empiezan en cierto modo a esforzarse las entrañas de la misericordia de Dios y sin ninguna cooperación de parte del alma, Dios le da su gracia definitiva. Si la desprecia, Dios la deja ya en el estado en que ella quiere permanecer por la eternidad. Esta gracia sale del Corazón misericordioso de Jesús y alcanza al alma con su luz y el alma empieza a comprender (83) el esfuerzo de Dios, pero la conversión depende de ella. Ella sabe que esta gracia es la ultima para ella y si muestra un solo destello de buena voluntad aunque sea el mas pequeño, la misericordia de Dios realizará el resto.

-[Jesús]: Aquí actúa la omnipotencia de Mi misericordia, feliz el alma que aproveche esta gracia.

- Jesús: Con cuánta alegría se llena Mi Corazón cuando vuelves a Mí. Te veo muy debil, por lo tanto te tomo en Mis propios brazos y te llevo a casa de Mi Padre.

- El alma como si se despertara: ¿Es posible que haya todavía misericordia para mí? Pregunta llena de temor.

- Jesús: Precisamente tú, niña Mía, tienes el derecho exclusivo a Mi misericordia. Permite a Mi misericordia actuar en ti, en tu pobre alma; deja entrar en tu alma los rayos de la gracia, ellos introducirá luz, calor y vida.

- El alma: Sin embargo me invade el miedo tan sólo al recordar mis pecados y este terrible temor me empuja a dudar en Tu bondad.

- Jesús: Has de saber, oh alma, que todos tus pecados no han herido tan dolorosamente Mi corazón como tu actual desconfianza. Después de tantos esfuerzos de Mi (84) amor y Mi misericordia no te fías de Mi bondad.

- El alma: Oh Señor, sálvame Tu Mismo, porque estoy pereciendo; sé mi Salvador. Oh Señor, no soy capaz de decir otra cosa, mi pobre corazón esta desgarrado, pero Tú, Señor….

Jesús no permite al alma terminar estas palabras, la levante del suelo, del abismo de la miseria y en un solo instante la introduce a la morada de su propio Corazón, y todos los pecados desaparecen [374] en un abrir y cerrar de ojos, destruidos por el ardor del amor.

- Jesús: He aquí, oh alma, todos los tesoros de Mi Corazón, toma de él todo lo que necesites.

- El alma: Oh Señor, me siento inundada por Tu gracia, siento que una vida nueva ha entrado en mi y, ante todo, siento Tu amor en mi corazón, eso me basta. Oh Señor, por toda la eternidad glorificaré la omnipotencia de Tu misericordia; animada por Tu bondad. Te expresaré todo el dolor de mi corazón.

- Jesús: Di todo, niña, sin ningún reparo, porque te escucha el Corazón que te ama, el Corazón de tu mejor amigo.

- Oh Señor, ahora veo toda mi ingratitud y Tu bondad. Tú me perseguías con Tu gracia y yo frustraba todos Tus esfuerzos; veo que he merecido (85) el fondo mismo del infierno por haber malgastado Tus gracias.

Jesús interrumpe las palabras del alma y [dice]: No te abismes en tu miseria, eres demasiado débil para hablar; mira mas bien Mi Corazón lleno de bondad, absorbe Mis sentimientos y procura la dulzura y la humildad. Sé misericordiosa con los demás como Yo soy misericordioso contigo y cuando adviertas que tus fuerzas de debilitan, ven a la Fuente de la Misericordia y fortalece tu alma, y no pararás en el camino.

- El alma: Ya ahora comprendo Tu misericordia que me protege como una nube luminosa y me conduce a casa de mi Padre, salvándome del terrible infierno que he merecido no una sino mil veces. Oh Señor, la eternidad no me bastará para glorificar dignamente Tu misericordia insondable, Tu compasión por mi.


1487. Dialogo de Dios misericordioso con el alma que sufre

- Jesús: Oh alma, te veo tan doliente, veo que ni siquiera tienes fuerzas para hablar Conmigo. Por eso te hablaré sólo Yo, oh Alma. Aunque tus sufrimientos fueran (86) grandísimos, no pierdas la serenidad del espíritu ni te desanimes. Pero dime, niña Mía, ¿quién se ha atrevido a herir tu corazón? Dímelo todo, dímelo todo, sé sincera al tratar Conmigo, descubre todas las heridas de tu corazón, Yo las curaré y tu sufrimiento se convertirá en la fuente de tu santificación.

- El alma: Tengo tantas cosas variadas que no sé de qué hablar primero ni cómo expresar todo esto.

- Jesús: Háblame simplemente, como se habla entre amigos. Pues bien, niña Mía, ¿qué es lo que te detiene en el camino de la santidad?

- El alma: La falta de salud me detiene en el camino de la santidad, no puedo cumplir mis obligaciones, pues, soy un sufrelotodo. No puedo mortificarme ni hacer ayunos rigurosos como hacían los santos; (87) además no creen que estoy enferma y al sufrimiento físico se une el moral y de ello surgen muchas humillaciones. Ves, Jesús, ¿cómo se puede llegar a ser santa en tales condiciones?

- Jesús: Niña, realmente todo esto es sufrimiento, pero no hay otro camino al cielo fuera del Vía Crucis. Yo Mismo fui el primero en recorrerlo. Has de saber que éste es el camino mas corto y el mas seguro.

- El alma: Señor, otra vez una nueva barrera y dificultad en el camino de la santidad: por ser fiel a Ti me persiguen y me hacen sufrir mucho.

- Jesús: Has de saber que el mundo te odia, porque no eres de este mundo. Primero Me persiguió a Mí, esta persecución es la señal de que sigues Mis huellas con fidelidad.

- El alma: Señor, me desanima también que ni las Superioras ni el confesor entienden mis sufrimientos interiores. Las tinieblas han ofuscado mi mente, pues, ¿cómo avanzar? Todo esto me desanima mucho y pienso que las alturas de la santidad no son para mí.

- Jesús: Así pues, niña Mía, esta vez Me has contado mucho. Yo sé que es un gran sufrimiento el de no ser (88) comprendida y sobre todo por los que amamos y a los cuales manifestamos una gran sinceridad, pero que te baste que Yo te comprendo en todas tus penas y tus miserias. Me agrada tu profunda fe que, a pesar de todo, tienes en Mis representantes, pero debes saber que los hombres no pueden comprender plenamente un alma, porque eso supera sus posibilidades. Por eso Yo Mismo Me he quedado en la tierra para consolar tu corazón doliente y fortificar tu alma para que no pares en el camino. Dices que unas tinieblas grandes cubren tu mente, pues, ¿por qué en tales momentos no vienes a Mi que soy la luz y en un solo instante puedo infundir en tu alma tanta luz y tanto entendimiento de la santidad que no aprenderás al leer ningún libro ni ningún confesor es capaz de enseñar ni iluminar así al alma. Has de saber además que por estas tinieblas de las que te quejas, he pasado primero Yo por ti en el Huerto de los Olivos. Mi alma estuvo estrujada por una tristeza mortal y te doy a ti una pequeña parte de estos sufrimientos debido a Mi especial amor a ti y el alto grado de santidad que te (89) destino en el cielo. El alma que sufre es la que mas cerca está de Mi Corazón.

- El alma: Pero una cosa mas, Señor: ¿qué hacer si me desprecian y rechazan los hombres, y especialmente aquellos con quienes tuve derecho de contar y además en los momentos de mayor necesidad?

- Jesús: Niña Mía, haz el propósito de no contar nunca con los hombres. Harás muchas cosas si te abandonas totalmente a Mi voluntad y dices: Hágase en mi, oh Dios, no según lo que yo quiera sino según tu voluntad. Has de saber que estas palabras pronunciadas del fondo del corazón, en un solo instante elevan al alma a las cumbres de la santidad. Me complazco especialmente en tal alma, tal alma Me rinde una gran gloria, tal alma llena el cielo con la fragancia de sus virtudes; pero has de saber que la fuerza que tienes dentro de ti para soportar los sufrimientos la debes a la frecuente Santa Comunión; pues ven a menudo a esta fuente de la misericordia y con el recipiente de la confianza recoge cualquier cosa que necesites.

- El alma: Gracias, oh Señor, por Tu bondad inconcebible, por haberte dignado quedarte con nosotros en este destierro donde vives con nosotros como Dios de la misericordia (90) y difundes alrededor de Ti el resplandor de tu compasión y bondad. A la luz de los rayos de Tu misericordia he conocido cuánto me amas.

1488. Dialogo entre Dios misericordioso y el alma que tiende a la perfección.

- Jesús: Me son agradables tus esfuerzos, oh alma que tiendes a la perfección. Pero ¿por qué tan frecuentemente te veo triste y abatida? Dime, niña Mía, ¿qué significa esta tristeza y cuál es su causa?

- El alma: Señor, mi tristeza se debe a que a pesar de mis sinceros propósitos caigo continuamente y siempre en los mismos errores. Hago los propósitos por la mañana y por la noche veo cuánto me he desviado de ellos.

- Jesús: Ves, niña Mía, lo que eres por ti misma, y la causa de tus caídas está en que cuentas demasiado contigo misma y te apoyas muy poco en Mi. Pero esto no debe entristecerte demasiado; estás tratando con el Dios de la Misericordia, tu miseria no la agotará, además no he limitado el número de perdones.

- El alma: Si, lo sé todo, (91) pero me asaltan grandes tentaciones y varias dudas se despiertan en mi y además todo me irrita y desanima.

- Jesús: Niña Mía, has de saber que el mayor obstáculo para la santidad es el desaliento y la inquietud injustificada que te quitan la posibilidad de ejercitarte en las virtudes. Todas las tentaciones juntas no deberían ni por un instante turbar tu paz interior y la irritabilidad y el desanimo son los frutos de tu amor propio. No debes desanimarte sino procurar que Mi amor reine en lugar de tu amor propio. Por lo tanto, confianza, niña Mía; no debes desanimarte, [sino que] venir a Mi para pedir perdón, porque Yo estoy siempre dispuesto a perdonarte. Cada vez que Me lo pides, glorificas Mi misericordia.

- El Alma: Yo reconozco lo que es mas perfecto y que Te agrada mas, pero enfrento grandes obstáculos para cumplir lo que conozco.

- Jesús: Niña Mía, la vida en la tierra es una lucha y una gran lucha por Mi reino, pero no tengas miedo, porque no estás sola. Yo te respaldo (92) siempre, así que apóyate en Mi brazo y lucha sin temer nada. Toma el recipiente de la confianza y recoge de la fuente de la vida no sólo para ti, sino que piensa también en otras almas y especialmente en aquellas que no tienen confianza en Mi bondad.

- El alma: Oh Señor, siento que mi corazón se llena de Tu amor, que los rayos de Tu misericordia y Tu amor han penetrado mi alma. Heme aquí, Señor, que voy para responder a Tu llamada, voy a conquistar las almas sostenida por Tu gracia; estoy dispuesta a seguirte, Señor, no solamente al Tabor, sino también al Calvario. Deseo traer las almas a la Fuente de Tu Misericordia para que en todas las almas se refleje el resplandor de los rayos de Tu misericordia, para que la casa de nuestro Padre esté llena y cuando el enemigo comience a tirar flechas contra mi, entonces me cubriré con Tu misericordia como con un escudo.


1489. Dialogo entre Dios misericordioso y el alma perfecta

- El alma: Señor y Maestro mió, deseo hablar Contigo.

- Jesús: Habla, porque te escucho en todo momento, niña (93) amada; te espero siempre. ¿De qué deseas hablar Conmigo?

- El Alma: Señor, primero derramo mi corazón a tus pies como el perfume de agradecimiento por tantas gracias y beneficios de los cuales me colmas continuamente y los cuales no lograría enumerar aunque quisiera. Recuerdo solamente que no ha habido un solo momento en mi vida en que no haya experimentado Tu protección y Tu bondad.

- Jesús: Me agrada hablar contigo y tu agradecimiento te abre nuevos tesoros de gracias, pero, niña Mía, hablemos quizás no tan generalmente, sino en detalles de lo que pesa mas sobre tu corazón; hablemos confidencial y sinceramente como dos corazones que se aman mutuamente.

- El alma: Oh mi Señor misericordioso, hay secretos en mi corazón de los cuales no sabe ni sabrá nadie fuera de Ti, porque aunque quisiera decirlos nadie me comprendería. Tu representante sabe algo, dado que me confieso con él, pero tanto cuanto soy capaz de revelarle de estos secretos, lo demás queda entre nosotros por la eternidad, ¡oh Señor mió! (94) Me has cubierto con el manto de Tu misericordia perdonándome siempre los pecados. Ni una sola vez me has negado Tu perdón, sino que teniendo compasión por mi, me has colmado siempre de una vida nueva, la vida de la gracia. Para que no tenga dudas de nada, me has confiado a una cariñosa protección de Tu Iglesia, esta madre verdadera, tierna que en Tu nombre me afirma en las verdades de la fe y vigila que no yerre nunca. Y especialmente en el tribunal de Tu misericordia mi alma experimenta todo un mar de benevolencia. A los ángeles caídos no les has dado tiempo de hacer penitencia, no les has prolongado el tiempo de la misericordia. Oh Señor mió, en el camino de mi vida has puesto a unos sacerdotes santos que me indican una vía segura. Jesús, en mi vida hay un secreto mas, el mas profundo, pero también el mas querido para mi, lo eres Tu Mismo bajo la especie del pan cuando vienes a mi corazón. Aquí está todo el secreto de mi santidad. Aquí mi corazón unido al tuyo se hace uno, aquí ya no hay ningún secreto, porque todo lo Tuyo es mío, y lo mío es Tuyo. He aquí la omnipotencia y (95) el milagro de Tu misericordia. Aunque se unieran todas las lenguas humanas y angélicas, no encontrarían palabras suficientes para expresar este misterio del amor y de Tu misericordia insondable. Cuando considero este misterio del amor, mi corazón entra en un nuevo éxtasis de amor y Te hablo de todo, Señor, callando, porque el lenguaje del amor es sin palabras, porque no se escapa ni un solo latido de mi corazón. Oh Señor, a pesar de que Te has humillado tanto, Tu grandeza se ha multiplicado en mi alma y por eso en mi alma se ha despertado un amor todavía mas grande hacia Ti, el único objeto de mi amor, porque la vida del amor y de la unión se manifiesta por fuera como: pureza perfecta, humildad profunda, dulce mansedumbre, gran fervor por la salvación de las almas. Oh mi dulcísimo Señor, velas sobre mi en cada momento y me inspiras sobre cómo debo portarme en un caso dado; cuando mi corazón oscilaba entre una y otra cosa, Tu Mismo intervenías, mas de una vez, en solucionar el asunto. Oh, cuántas e innumerables veces, con una luz repentina me hiciste conocer (96) lo que Te agradaba mas. – Oh, qué numerosos son estos perdones secretos de los cuales no sabe nadie. Muchas veces has volcado en mi alma fuerza y valor para avanzar. Tu Mismo eliminabas las dificultades, para [375] de mi camino interviniendo directamente en la actuación de los hombres. Oh Jesús, todo lo que Te he dicho es una pálida sombra frente a la realidad que hay en mi corazón. Oh Jesús mío, cuánto deseo la conversión de los pecadores. Tu sabes lo que hago por ellos para conquistarlos para Ti. Me duele enormemente cada ofensa hecha contra Ti. Tu sabes que no escatimo ni fuerzas, ni salud, ni vida en defensa de Tu reino. Aunque en la tierra mis esfuerzos son invisibles, pero no tienen menos valor a Tus ojos. Oh Jesús, deseo atraer las almas a la Fuente de Tu Misericordia para que tomen la vivificante agua de vida con el recipiente de la confianza. Si el alma desea experimentar una mayor misericordia de Dios, acérquese a Dios con gran confianza y si su confianza es sin límites, la misericordia de Dios será para ella también sin límites. Oh Señor mío, (97) que conoces cada latido de mi corazón, Tu sabes con qué ardor deseo que todos los corazones latan exclusivamente por Ti, que cada alma glorifique la grandeza de Tu misericordia.

- Jesús: Hija Mía amadísima, delicia de Mi corazón, tu conversación Me es mas querida y mas agradable que el canto de los ángeles. Todos los tesoros de Mi Corazón están abiertos para ti. Toma de este Corazón todo lo que necesites para ti y para el mundo entero. Por tu amor retiro los justos castigos que la humanidad se ha merecido. Un solo acto de amor puro hacia mi, Me es mas agradable que miles de himnos de almas imperfectas. Un solo suspiro de amor Me recompensa de tantos insultos con los cuales Me alimentan los impíos. Tu mas pequeña acción, es decir, un acto de virtud adquiere a Mis ojos un valor inmenso y es por el gran amor que tienes por Mi. En un alma que vive exclusivamente de Mi amor, Yo reino como en el cielo. Mi ojo vela sobre ella día y noche y encuentro en ella Mi complacencia y Mi oído está atento a (98) las súplicas y el murmullo de su corazón y muchas veces anticipo sus ruegos. Oh niña amada por Mi particularmente, pupila de Mi ojo, descansa un momento junto a Mi Corazón y saborea aquel amor del cual te regocijarás durante toda la eternidad.

Pero, hija, aún no estás en la patria; así pues, ve fortalecida con Mi gracia y lucha por Mi reino en las almas humanas y lucha como una hija real y recuerda que pronto pasarán los días del destierro y con ellos la oportunidad de adquirir meritos para el cielo. Espero de ti, hija Mía, un gran numero de almas que glorifiquen Mi misericordia durante toda la eternidad. Hija Mía, para que respondas dignamente a Mi llamada, recíbeme cada día en la Santa Comunión – ella te dará fuerza….

(99) Jesús, no me dejes sola en el sufrimiento. Tú sabes, Señor, lo débil que soy. Soy un abismo de miseria, soy la nada misa. Por eso, ¿qué habría de extraño si me dejaras sola y yo cayera? Soy una recién nacida, Señor, por eso no sé sostenerme por mi misma. Sin embargo, a pesar de todo abandono, confío, y a pesar de mis sentimientos, confío y me estoy transformando completamente en la confianza, muchas veces a pesar de lo que siento. No disminuyas ninguna de mis aflicciones, sólo dame fuerza para soportarlas. Haz conmigo lo que Tú quieras, Señor, sólo dame la gracia de poder amarte en cada acontecimiento y circunstancia. Señor, no disminuyas mi cáliz de amargura, sólo dame fortaleza para que pueda beberlo todo.

Oh Señor, a veces, me elevas hacia el resplandor de las visiones y otras veces me sumerges en una noche oscura y en el abismo de mi nulidad y el alma se siente como si estuviera sola en un gran desierto…. Sin embargo, por encima de todo confío en ti, Jesús, porque eres inmutable. La disposición de mi ánimo es variable, pero Tu eres siempre igual, lleno de misericordia.

1491. Hoy el Señor me visitó y me dijo: Hija Mía, no tengas miedo de lo que te sucederá, no te daré por encima de tus fuerzas; conoces el poder de Mi gracia, que eso te baste. Tras estas palabras el Señor me ha dado a comprender más profundamente la actuación de su gracia.

1494. (…) casi una hora después, cuando la hermana no pensaba retirarse todavía, llamé interiormente a Jesús a socorrerme. Entonces oí en el alma una voz: No tengas miedo, te estoy mirando en este momento y te ayudo; te envío ahora mismo dos hermanas que vendrán a visitarte y entonces te resultará fácil continuar la conversación. Y en aquel mismo momento entraron dos hermanas y entonces la conversación se ha hecho muy fácil, no obstante que continuó todavía por media hora.

1495 Oh, qué bueno es invocar la ayuda de Jesús durante la conversación. Oh, qué bueno es impetrar para si gracias actuales en los momentos de tranquilidad. Lo que me da el miedo mas grande son las conversaciones aparentemente confidenciales, hay que tener entonces mucha luz de Dios para poder conversar con provecho para aquella alma y para si mismo. Dios concede su ayuda, pero hay que pedírsela; que nadie confié demasiado en si mismo.

1503 Al principio de mi vida religiosa, inmediatamente después del Noviciado, empecé a ejercitarme en la humildad de modo especial, es decir, no me bastaban las humillaciones que Dios me enviaba, sino que yo misma las buscaba, y en un fervor exagerado, a veces, me presentaba a las Superioras como no era en realidad y ni siquiera tenia la idea de tales miserias. Pero, poco después Jesús me enseñó que la humildad es solamente la verdad. Desde aquel momento he cambiado mi manera de pensar siguiendo fielmente la luz de Jesús. Comprendí que si un alma está con Jesús, Él no le permitirá errar.

1505 Me esfuerzo por la santidad, ya que con ella seré útil a la Iglesia. Hago continuos esfuerzos en lar virtudes, procuro imitar fielmente a Jesús y esta serie de actos de virtud cotidianos, silenciosos, ocultos, casi imperceptibles, pero si cumplidos con gran amor, los pongo en el tesoro de la Iglesia de Dios para el provecho común de las almas. Siento interiormente como si fuera responsable por todas las almas, siento claramente que vivo no solamente para mi, sino [para] toda la Iglesia……

1507 Toda gracia procede de la misericordia y la ultima hora está llena de misericordia para con nosotros. Que nadie dude en la bondad de Dios; aunque sus pecados fueran negros como la noche, la misericordia de Dios es mas fuerte que nuestra miseria. Una sola cosa es necesaria: que el pecador entreabra, aun cuando sea un poco, las puertas de su corazón a los rayos de la gracia misericordiosa de Dios y entonces Dios realizará el resto. Pero, infeliz el alma que ha cerrado la puerta a la misericordia de Dios también en la última hora. Tales almas han sumergido a Jesús en una tristeza mortal en el Huerto de los Olivos; a pesar de esto de su compasivísimo Corazón brotó la misericordia de Dios.

1512 (112) Hoy durante la Santa Misa vi a Jesús, sufriendo como si agonizara en la cruz, que me ha dicho: Hija Mía, medita frecuentemente sobre Mis sufrimientos que padecí por ti y nada de lo que tu sufres por Mi te parecerá grande. Me agrada más cuando contemplas Mi dolorosa Pasión; une tus pequeños sufrimientos a Mi dolorosa Pasión para que adquieran un valor infinito ante Mi Majestad.

1513 Hoy Jesús me dijo: Muchas veces Me llamas maestro. Esto es agradable a Mi Corazón, pero no olvides, alumna Mía, que eres alumna de un maestro crucificado. Que te baste esta sola palabra. Tú sabes lo que se encierra en la cruz.

1516 Diles a las almas, hija Mía, que les doy Mi misericordia como defensa, lucho por ellas Yo solo y soporto la justa ira de Mi Padre.

1520 Hoy el Señor me dijo: He abierto Mi Corazón como una Fuente viva de Misericordia. Que todas las almas tomen vida de ella. Que se acerquen con gran confianza a este mar de misericordia. Los pecadores obtendrán la justificación y los justos serán fortalecidos en el bien. Al que haya depositado su confianza (115) en Mi misericordia, en la hora de la muerte le colmaré el alma con Mi paz divina.

1525 Un día, vino a verme cierta hermana y me pidió orar y me dijo que no podía resistir mas si [la situación] continuaba así mas tiempo. ¡Rece, hermana! Le contesté que lo haría; empecé una novena a la divina Misericordia, supe que Dios le concedería la gracia, pero ella al recibirla, otra vez estaría descontenta. No obstante yo continuaba rezando tal y como ella me había pedido. Al día siguiente vino la misma hermana; apenas empezó la conversación y se puso a hablar de lo mismo, le dije: Usted sabe, hermana, que en la oración no debemos obligar a Dios que no dé lo que queremos nosotros, sino que, más bien, debemos someternos a su santa voluntad. (118) Pero a ella le parecía que lo que pedía era indispensable. Al final de la novena, vino nuevamente aquella hermana y me dijo: Ah, hermana, Jesús me ha concedido esta gracia, pero ahora pienso de otro modo. Rece, hermana, para que otra vez sea de modo diferente. Le contesté: Si, rezaré para que en usted hermana, se cumpla la voluntad de Dios y no lo que usted desee….

1537. (122) 27 I [1938]. Hoy, durante la Hora Santa Jesús se quejó conmigo de la ingratitud de las almas.
A cambio de los beneficios recibo la ingratitud; a cambio del amor obtengo el olvido y la indiferencia. Mi Corazón no puede soportarlo.

1540. (124) 28 I [1938]. Hoy el Señor me dijo: Escribe, hija Mía, estas palabras: Todas las almas que adoren Mi misericordia y propaguen la devoción invitando a otras almas a confiar en Mi misericordia no experimentarán terror en la hora de la muerte. Mi misericordia las protegerá en ese último combate….

1541 Hija Mía, anima a las almas a rezar la coronilla que te he dado. A quienes recen esta coronilla, Me complazco en darles lo que Me pidan. Cuando la recen los pecadores empedernidos, colmaré sus almas de paz y la hora de su muerte será feliz. Escríbelo para las almas afligidas: Cuando un alma vea y conozca la gravedad de sus pecados, cuando a los ojos de su alma se descubra todo el abismo de la miseria en la que ha caído, no se desespere, sino que se arroje con confianza en brazos de Mi misericordia, como un niño en brazos de su madre amadísima. Estas almas (125) tienen prioridad en Mi Corazón compasivo, ellas tienen preferencia en Mi misericordia. Proclama que ningún alma que ha invocado Mi misericordia ha quedado decepcionada ni ha sentido confusión. Me complazco particularmente en el alma que confía en Mi bondad. Escribe: cuando recen esta coronilla junto a los moribundos, Me pondré entre el Padre y el alma agonizante no como el Juez justo sino como el Salvador misericordioso.

1543. (126) Esta noche el Señor me dijo: Abandónate toda a Mí en la hora de la muerte y Yo te presentaré a Mi Padre como Mi esposa. Ahora te recomiendo unir de modo particular tus acciones, aún sean las mas pequeñas, a Mis meritos, y entonces Mi Padre las mirará con amor como si fueras Mías.

1560 3 II [1938]. Hoy, después de la Santa Comunión Jesús me ha dado de nuevo algunas indicaciones. Primero: no luches sola contra la tentación, sino que descúbrela inmediatamente al confesor y entonces la tentación perderá toda su fuerza; segundo: en estas pruebas no pierdas la calma, vive Mi presencia, pide la ayuda de Mi Madre y la de los santos; tercero: ten la certeza de que Yo te miro y te sostengo; cuarto; no tengas miedo ni de las luchas espirituales ni de ninguna tentación, porque Yo te sostengo con tal de que tú quieras luchar; has de saber que la victoria siempre está de tu lado; quinto: has de saber que con una lucha intrépida Me das una gloria y ganas meritos para ti, la tentación ofrece la posibilidad de demostrarme tu fidelidad.

1563 En aquel mismo momento me vi como en un palacio y Jesús me dio la mano y me colocó a su lado diciendo con dulzura: Esposa Mía, Me agradas siempre con la humildad. La mayor miseria no Me impide (139) unirme al alma, pero donde está la soberbia, no estoy Yo.

1565 (140) Cuando entré por un momento en la capilla, el Señor me dijo: Hija Mía, ayúdame a salvar a un pecador agonizante; reza por él esta coronilla que te he enseñado. Al empezar a rezar la coronilla, vi a aquel moribundo entre terribles tormentos y luchas. El Ángel Custodio lo defendía, pero era como impotente ante la gran miseria de aquella alma; una multitud de demonios estaba esperando aquella alma. Mientras rezaba la coronilla, vi a Jesús tal y como está pintado en la imagen. Los rayos que salieron del Corazón de Jesús envolvieron al enfermo y las fuerzas de las tinieblas huyeron en pánico. El enfermo expiró sereno. Cuando volví en mi, comprendí la importancia que tiene esta coronilla rezada junto a los agonizantes, ella aplaca la ira de Dios.

1566 Cuando pedí perdón a Jesús por una acción mía que poco después resultó imperfecta, Jesús me tranquilizó con estas palabras: Hija Mía, te recompenso por la pureza de la intención que has tenido (141) en el momento de actuar. Se ha alegrado Mi Corazón de que en el momento de actuar hayas tenido presente Mi amor y esto de modo tan evidente; todavía ahora sacas provecho de ello, y es la humillación. Si, niña Mía, deseo que siempre tengas una pureza de intención en tus mas pequeñas iniciativas.

1572 Te recuerdo, hija Mía, que cuántas veces oigas el reloj dando las tres, sumérgete totalmente en Mi misericordia, adorándola y glorificándola; suplica su omnipotencia para el mundo entero y especialmente para los pobres pecadores, ya que en ese momento se abrió de par en par para cada (145) alma. En esa hora puedes obtener todo lo que pides para ti y para los demás. En esa hora se estableció la gracia para el mundo entero: la misericordia triunfó sobre la justicia. Hija Mía, en esa hora procura rezar el Vía Crucis, en cuanto te lo permitan los deberes; y si no puedes rezar el Vía Crucis, por lo menos entra un momento en la capilla y adora en el Santísimo Sacramento a Mi Corazón que está lleno de misericordia. Y si no puedes entrar en la capilla, sumérgete en oración allí donde estés, aunque sea por un brevísimo instante. Exijo el culto a Mi misericordia de cada criatura, pero primero de ti, ya que a ti te he dado a conocer este misterio de modo más profundo.

1576 Has de saber, hija Mía, que entre Yo y tú hay un abismo sin fondo que separa al Creador de la criatura, pero Mi misericordia nivela este abismo. Te elevo hasta Mí no por necesitarte, sino únicamente por misericordia te ofrezco la gracia de la unión.

1577 Diles a las almas que no pongan obstáculos en sus propios corazones a Mi misericordia que desea muchísimo obrar en ellos. Mi misericordia actúa en todos los corazones que le abren su puerta; tanto el pecador como el justo necesitan (148) Mi misericordia. La conversión y la perseverancia son las gracias de Mi misericordia.

1578 Que las almas que tienden a la perfección adoren especialmente Mi misericordia, porque la abundancia de gracias que les concedo proviene de Mi misericordia. Deseo que estas almas se distingan por una confianza sin límites en Mi misericordia. Yo Mismo Me ocupo de la santificación de estas almas, les daré todo lo que sea necesario para su santidad. Las gracias de Mi misericordia se toman con un solo recipiente y éste es la confianza. Cuanto mas confíe un alma, tanto más recibirá. Las almas que confían sin límites son Mi gran consuelo, porque en tales almas vierto todos los tesoros de Mis gracias. Me alegro de que pidan mucho, porque Mi deseo es dar mucho, muchísimo. Me pongo triste, en cambio, si las almas piden poco, estrechan sus corazones.

1587 Una vez, atendía a los enfermos una hermana tan negligente en su trabajo que verdaderamente era necesario mortificarse bastante. Un día decidí decirlo a las Superioras; pero oí en el alma una voz: Soporta pacientemente, lo dirá otra persona. Sin embargo, tal servicio continuo todo el mes. Cuando ya podía bajar un poco al refectorio y al recreo, oí en el alma estas palabras: Ahora otras hermanas hablarán (155) de la negligencia en el servicio de esa religiosa, pero tú cállate y no intervengas en este asunto. En ese mismo instante empezó una discusión bastante áspera sobre esa hermana, pero ella no logró encontrar nada en su defensa y todas las hermanas a coro: Enmiéndese, hermana y atienda mejor a los enfermos. Conocí que, a veces, Jesús no desea que digamos algo por nuestra iniciativa; Él tiene su modo y sabe cuándo es el momento oportuno para hablar.

1588 Hoy escuché estas palabras: En el Antiguo Testamento enviaba a los profetas con truenos a Mi pueblo. Hoy te envío a ti a toda la humanidad con Mi misericordia. No quiero castigar a la humanidad doliente, sino que deseo sanarla, abrazarla a Mi Corazón misericordioso. Hago uso de los castigos cuando Me obligan a ello; Mi mano resiste a tomar la espada de la justicia. Antes del día de la justicia envío el día de la misericordia. Contesté: Oh Jesús mío, Tu Mismo habla a las almas, porque mis palabras no valen nada.

1598 13 II 1938. He visto con qué renuencia ha ido Jesús a algunas almas en la Santa Comunión. Y me ha repetido estas palabras: Voy a algunos corazones como a otra Pasión.

1599 Durante la Hora Santa que trataba de hacer, vi a Jesús doliente que me dijo estas palabras: Hija Mía, no prestes tanta atención al recipiente de la gracia, sino a la gracia misma que te doy, porque el recipiente no siempre te gusta y entonces también las gracias se hacen defectuosas. Quiero preservarte de ello y deseo que nunca prestes atención al recipiente en que te envío Mi gracia, sino que toda la atención de tu alma (5) se centre en corresponder con máxima fidelidad a Mi gracia.

1601 El Señor me dio a conocer cuánto desea la perfección de las almas elegidas.
En mis manos, las almas elegidas son las luces que arrojo en las tinieblas del mundo y lo ilumino. Como las estrellas iluminan la noche, así las almas elegidas iluminan (6) la tierra y cuanto más perfecta es el alma, tanto más luz irradia en su torno y llega más lejos. Puede estar oculta y desconocida aun a las personas más cercanas, no obstante su santidad se refleja en las almas en lo más lejanos confines del mundo.

1603 14 II [1938]. Durante la adoración oí estas palabras: Reza por una de las alumnas que necesita mucho Mi gracia. Conocí que se trataba de N., recé mucho y la misericordia de Dios envolvió a aquella alma.

1604 Durante la adoración, mientras repetía varias veces [la invocación] Santo Dios, de repente me envolvió una mas viva presencia de Dios y fui llevada en espíritu ante la Majestad Divina. Y vi cómo rinden gloria a Dios los ángeles y los santos del Señor. La gloria que rinden a Dios es tan grande que no quiero dejarme tentar de describirla, porque no soy capaz y también para que las almas no piensen que (8) lo que he escrito es todo. San Pablo, ahora comprendo porque no quisiste describir el cielo [389] y sólo dijiste que lo que el ojo no vio, ni el oído oyó, ni el corazón del hombre anheló lo que preparó Dios para los que le aman [390]. Así es, y todo lo que ha salido de Dios, a Él vuelve y le rinde una gloria perfecta. Y ahora, al mirar la gloria que yo rindo a Dios, ¡oh, qué miseria es! Es una pequeñísima gotita en comparación a la perfecta gloria celeste. Oh, qué buenos eres, oh Dios, que aceptas también mi adoración y diriges benignamente tu rostro hacia mi y me haces saber que Te es agradable nuestra oración.

1605 Escribe sobre Mi bondad lo que te venga a la cabeza. Contesté: Pero, Señor, ¿si escribo demasiado? Y el Señor me respondió: Hija Mía, aunque hablaras todas las lenguas de los hombres y de los ángeles a la vez, no dirías demasiado, sino que (9) glorificarías Mi bondad, Mi misericordia insondable, apenas en una pequeña parte.

Oh Jesús mío, Tu Mismo pon las palabras en mi boca para que pueda adorarte dignamente.

Hija Mía, quédate tranquila, haz lo que te digo. Tus pensamientos están unidos a Mis pensamientos, pues escribe lo que te venga a la cabeza. Tú eres la secretaria de Mi misericordia; te he escogido para este cargo en ésta y en la vida futura. Quiero que así sea, a pesar de todos los obstáculos que te pondrán. Has de saber que no cambiará lo que Me agrada.

1609. (…) Mientras pedía al Señor que se dignara mirar cierta alma que lucha sola contra muchas dificultades, en un solo

1610 instante el Señor me dijo que todos son como el polvo bajo sus pies. Pues, no te aflijas, ves que por si mismos ellos no pueden nada, y si les permito parecer triunfar, lo hago por Mis impenetrables (12) designios. Experimenté una gran serenidad al ver que todo depende del Señor.

1628 Durante la Santa Misa vi a Jesús tendido en la cruz y me dijo: Discípula Mía, ten un gran amor para aquellos que te hacen sufrir, haz el bien a quienes te odian. Contesté: Oh Maestro mío, si Tú ves que no les tengo el sentimiento del amor y eso me entristece. Jesús me respondió: El sentimiento no siempre está en tu poder; si tienes el amor lo reconocerás por si tras experimentar disgustos y contrariedades no pierdes la calma, sino que rezas por aquellos que te han hecho sufrir y les deseas todo lo bueno. Al volver [396] […]

1641 (32) En la adoración durante el oficio de las “Cuarenta horas”, el Señor me dijo: Hija Mía, escribe que las culpas involuntarias de las almas no retienen Mi amor hacia ellas ni Me impiden unirme a ellas; sin embargo las culpas, aunque sean las mas pequeñas, pero voluntarias, frenan Mis gracias y a tales almas no las puedo colmar de Mis dones.

1645 25 III [1938]. Hoy vi a Jesús doliente que se inclinó sobre mí y dijo murmurando silenciosamente: Hija Mía, ayúdame a salvar los pecadores. De súbito entró en mi alma un fuego de amor por la salvación de las almas. Cuando volví en mi, sabia (34) cómo salvar las almas y me preparé a mayores sufrimientos.

1658 (45) Recibí la Santa Comunión arriba, porque no me fue posible bajar a la capilla, ya que estaba muy debilitada por haber sudado fuertemente y cuando los sudores pasaron, vinieron los escalofríos y la fiebre. Me sentía extremadamente débil. Hoy nos ha traído la Santa Comunión uno de los Padres jesuitas [405]. Cuando dio el Señor a tres hermanas y luego a mi, pensé que era la ultima y por eso me ha dado dos Hostias, pero faltó para una de las novicias que estaba en otra celda. El sacerdote fue otra vez y le llevó al Señor; sin embargo Jesús me dijo: Entro en ese corazón con renuencia; recibiste dos Hostias, porque demoro en llegar a esa alma que se opone a Mi gracia. No me agrada ser huésped de tal alma. En aquel momento mi alma fue atraída a su cercanía y recibí una profunda luz interior que me permitió comprender profundamente toda [la obra] de la misericordia. Fue un relámpago, pero más evidente que si lo hubiera observado durante horas enteras con los ojos del cuerpo.

1663 Jueves Santo [406]. Hoy me he sentido bastante fuerte para poder participar en las ceremonias en la iglesia. Durante la Santa Misa se presentó [Jesús] y me dijo: Mira Mi Corazón lleno de amor y de misericordia que tengo por los hombres y especialmente por los pecadores. Mira y medita sobre Mi Pasión. En un instante experimenté y viví toda la Pasión de Jesús en mi corazón extrañándome de que estas torturas no me hubieran quitado la vida.

1664. Durante la adoración Jesús me dijo: Hija Mía, has de saber que tu amor vivo y tu compasión que tienes de Mi, Me fueron un consuelo en el Huerto de los Olivos.

1670. (51) Pascua. Durante la Santa Misa agradecí al Señor Jesús por haberse dignado redimirnos y por este don mas grande, es decir por haberse dignado ofrecernos su amor en la Santa Comunión, o sea a Si Mismo. En aquel mismo instante fui atraída al seno de la Santísima Trinidad y fui sumergida en el amor del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Es difícil describir estos momentos.

1681 En aquel momento me penetró la luz divina y me sentí la propiedad exclusiva de Dios y sentí la máxima libertad de espíritu de la que antes no tenia ni idea; y en aquel mismo instante vi la gloria de la Divina Misericordia y la muchedumbre inconcebible de almas que glorificaban su bondad Mi alma se sumergió totalmente en Dios y oí estas palabras: Tu eres Mi hija muy querida. La viva presencia de Dios duró todo el día.

1682 (59) + 1 V [1938]. Esta noche Jesús me dijo: Hija Mía, ¿no te falta nada? Contesté: Oh Amor mío, cuando te tengo a Ti, tengo todo. Y el Señor a su vez contestó: Si las almas se abandonaron totalmente a Mí, Yo Mismo Me encargaría de santificarlas y las colmaría de gracias aun mayores. Hay almas que frustran Mis esfuerzos, pero no Me desanimo; siempre que se dirigen a Mí, Me apresuro a ayudarlas, protegiéndolas con Mi misericordia y les doy el primer lugar en Mi compasivo Corazón.

1683 Escribe para las almas de los religiosos que es Mi deleite venir a sus corazones en la Santa Comunión, pero si en sus corazones está alguien. Yo no puedo soportarlo y salgo de ellos cuanto antes llevándome todos los dones y las gracias que les he preparado y tal alma ni siquiera se da cuenta de Mi salida. Después de algún tiempo, el vacío interior y el descontento le llamarán la atención. Oh, si entonces se dirigiera a Mí, (60) la ayudaría a limpiar el corazón, realizaría todo en su alma, pero sin su conocimiento y consentimiento no puedo administrar en su corazón.

1684. Me relaciono a menudo con almas agonizantes impetrando para ellas la misericordia de Dios. Oh, qué grande es la bondad de Dios, mas grande de lo que nosotros podemos comprender. Hay momentos y misterios de la Divina Misericordia de los cuales se asombran los cielos. Que callen nuestros juicios sobre las almas, porque la Divina Misericordia es admirable para con ellas.

1685. Jesús me contestó: Hija Mía, observa fielmente las palabras que te voy a decir: no valores demasiado ninguna cosa exterior, aunque te parezca muy preciosa. Olvídate de ti misma y permanece continuamente Conmigo. Confíame todo y no hagas nada por tu cuenta y tendrás siempre una gran libertad de espíritu; ninguna circunstancia ni acontecimiento llegará a turbártela. No prestes mucha atención a lo que dice la gente, deja que cada uno te juzgue según le guste. No te justifiques, eso no te causará daño. Dalo todo a la primera alusión de petición, aunque fueran las cosas más necesarias; no pidas nada sin consultarme. Deja que te quiten incluso lo que te mereces; la estima, el buen nombre; que tu espíritu esté por encima de todo esto. Y así liberada de todo, descansa junto a Mi Corazón, no permitas que nada turbe tu paz. Discípula, analiza (62) las palabras que te he dicho.

1693 Mientras escribía las palabras antedichas, vi al Señor Jesús inclinado sobre mí, y me preguntó: Hija Mía, ¿qué estás escribiendo? Contesté: Escribo sobre Ti, oh Jesús, sobre Tu presencia oculta en el Santísimo Sacramento, sobre Tu amor inconcebible y Tu misericordia hacia los hombres. Y Jesús me dijo: Secretaria de Mi más profundo misterio, has de saber que estás en confidencia exclusiva Conmigo; tu misión es la de escribir todo lo que te hago conocer sobre Mi misericordia para el provecho de aquellos que leyendo (67) estos escritos, encontrarán en sus almas consuelo y adquirirán valor para acercarse a Mi. Así, pues, deseo que todos los momentos libres los dediques a escribir. Oh Señor, ¿tendré siempre al menos un breve momento para anotar algo? Y Jesús me contestó: No es cosa tuya pensar en esto, haz solamente lo que puedas; Yo dispondré siempre las circunstancias de tal modo que cumplas fácilmente lo que exijo……

1694 Hoy me visitó una persona seglar a causa de la cual tuve grandes disgustos, que abusó de mi bondad mintiendo mucho. En un primer momento, apenas la vi se me heló la sangre en las venas, puesto que se me presentó ante los ojos lo que había sufrido por su culpa, aunque con una sola palabra hubiera podido librarme de esto. Y me pasó por la cabeza la idea de hacerle conocer la verdad de modo decidido e inmediato. Pero en seguida se me presentó antes los ojos (68) la Divina Misericordia y decidí comportarme como se hubiera comportado Jesús en mi lugar. Comencé a hablar con ella dulcemente y, como quiso conversar conmigo a solas, le hice conocer claramente y de manera muy delicada, el triste estado de su alma. Vi su profunda conmoción, a pesar de que trató de ocultarla. En aquel momento entró la tercera persona y nuestra conversación íntima terminó. Esa persona me pidió un vaso de agua y dos otras cosas y la atendí con agrado. Pero, si no fuera por la gracia de Dios, no sería capaz de portarme así con ella. Cuando se fueron agradecí a Dios por la gracia que me sostuvo en ese tiempo.

1695 Entonces escuché estas palabras: Me alegro de que te hayas comportado como Mi verdadera hija. Sé siempre misericordiosa como Yo soy misericordioso. Ama a todos por amor a Mí, también a tus más grandes enemigos, para que (69) Mi misericordia pueda reflejarse plenamente en tu corazón.

1698 (70) Acompaño frecuentemente a las almas agonizantes [415] e impetro para ellas la confianza en la Divina Misericordia y suplico a Dios la magnanimidad de la gracia de Dios que siempre triunfa. La Divina Misericordia alcanza al pecador a veces en el último momento, de modo particular y misterioso. Por fuera parece como si todo estuviera perdido, pero no es así; el alma iluminada por un rayo de la fuerte, y ultima, gracia divina, se dirige a Dios en el último momento con tanta fuerza de amor que en ese ultimo momento obtiene de Dios [el perdón] de las culpas y de las penas, sin darnos, por fuera, alguna señal de arrepentimiento o de contrición, porque ya no reacciona a las cosas exteriores. Oh qué insondable es la Divina Misericordia. Pero, ¡qué horror! También hay almas que rechazan voluntaria y conscientemente esta gracia y la desprecian. Aun ya en la agonía misma Dios misericordioso de al alma un momento de lucidez interior y si el alma quiere, tiene la posibilidad de volver a Dios. Pero a veces, en las almas hay una dureza (71) tan grande que conscientemente eligen el infierno; frustran todas las oraciones que otras almas elevan a Dios por ellas e incluso los mismos esfuerzos de Dios….

1701 Hoy pedí al Señor que se dignara instruirme sobre la vida interior, porque de por mi no alcanzo a comprender nada ni pensar en nada perfecto. Y el Señor me contestó: He sido tu Maestro; lo soy lo seré. Procura que tu corazón se asemeje a Mi Corazón manso y humilde. No reclames nunca tus derechos. Soporta con gran calma y paciencia todo lo que te pase; no te defiendas cuando toda la vergüenza recaiga sobre ti injustamente; deja que triunfen los demás. No dejes de (73) ser buena si adviertes que abusan de tu bondad; cuando sea necesario Yo Mismo intervendré a favor de ti. Agradece por la más pequeña gracia mía, porque esta gratitud Me obliga a concederte nuevas gracias…

1702 Al final del Vía Crucis que yo estaba haciendo, el Señor Jesús empezó a quejarse de las almas de los religiosos y de los sacerdotes, de la falta de amor en las almas elegidas. Permitiré destruir los conventos y las iglesias. Contesté: Jesús, pero son tan numerosas las almas que Te alaban en los conventos. El Señor contestó: Esta alabanza hiere Mi Corazón, porque el amor ha sido expulsado de los conventos. Almas sin amor y sin devoción, almas llenas de egoísmo y de amor propio, almas soberbias y arrogantes, almas llenas de engaños e hipocresía, almas tibias que apenas tienen el calor suficiente para mantenerse vivas. Mi Corazón no puede soportarlo. (74) Todas las gracias que derramo sobre ellas cada día, se resbalan como sobre una roca. No puedo soportarlas, porque no son ni buenas ni malas. He instituido conventos para santificar el mundo a través de ellos. De ellos ha de brotan una potente llama de amor y de sacrificio. Y si no se convierten y no se inflaman de su amor inicial, las entregaré al exterminio de este mundo…

¿Cómo podrán sentarse en el trono prometido, a juzgar el mundo, si sus culpas pesan más que las del mundo? Ni penitencia ni reparación…. Oh corazón que Me has recibido por la mañana y al mediodía ardes de odio contra Mi bajo las formas mas variadas. Oh corazón, ¿habrás sido elegido especialmente por Mí para hacerme sufrir más? Los grandes pecados del mundo hieren Mi Corazón algo superficialmente, pero los pecados de un alma elegida traspasan Mi Corazón por completo…

1703 Cuando traté de intervenir a favor de ellas no pude encontrar nada para (75) justificarlas y sin poder imaginar nada en aquel momento en su defensa, se me partió el corazón de dolor y lloré amargamente. Entonces, el Señor me miró amablemente y me consoló con estas palabras: No llores, todavía hay un gran número de almas que Me aman mucho, pero Mi Corazón desea ser amado de todos y, debido a que Mi amor es grande, los amenazo y los castigo.

1705 (77) Una vez, después de la Santa Misa Salí al jardín para hacer la meditación; como a esa hora todavía no había pacientes, estaba relajada. Cuando meditaba sobre los beneficios de Dios, mi corazón se inflamó de un amor tan fuerte que me parecía que me reventaría el pecho. De repente Jesús se puso a mi lado y dijo: ¿Qué haces por aquí tan temprano? Contesté: Medito sobre Ti, sobre Tu misericordia y sobre la bondad hacia nosotros. Y Tu, Jesús, ¿qué haces aquí? He salido a tu encuentro para colmarte de nuevas gracias. Busco las almas que quieran aceptar Mi gracia.

1706 Hoy, durante las vísperas, el Señor me hizo saber cuánto le agrada el corazón puro y libre. Sentí que es una delicia para Dios mirar tal corazón… Pero tales corazones son los corazones de guerreros, su vida es una continua batalla…

1710 (80) 26 V (1838). Hoy acompañaba a Jesús mientras ascendía al cielo [416]. Pasado el mediodía, se apoderó de mí una grandísima añoranza de Dios. Una cosa extraña, cuanto más sentía la presencia de Dios, tanto mas ardientemente lo deseaba. Luego me vi entre una gran multitud de discípulos y apóstoles y la Madre de Dios. Jesús dijo que fueran por el mundo entero y enseñaran en Mi [su] nombre extendió los brazos, los bendijo y desapareció en una nube. Vi la nostalgia de la Santísima Virgen. Su alma añoró a Jesús con toda la fuerza del amor, pero estaba tan tranquila y abandonada a dios que en su corazón no había ni un solo destello contrario a la voluntad de Dios.

1711 Cuando me quedé a solas con la Santísima Virgen, me instruyó sobre la vida interior. Me dijo: La verdadera grandeza del alma consiste en amar a Dios y humillarse en su presencia, olvidarse por completo a si mismo y tenerse por nada, porque el Señor es grande, pero se complace sólo en los humildes mientras rechaza siempre a los soberbios.

1715 Una fuerte tentación. Cuando el Señor me hizo saber cuánto le es agradable el corazón puro, conocí más profundamente mi propia miseria; y cuando comencé a prepararme a la confesión me asaltaron fuertes tentaciones contra los confesores. Yo no veía a Satanás, pero si lo sentía a él y su tremenda maldad. Si, es un hombre como los demás. No es como los demás, porque tiene el poder de Dios. Si, (83) acusarse de los pecados no es difícil, pero descubrir los mas escondidos secretos del corazón, rendir cuenta de la actuación de la gracia de Dios, hablar de cada deseo de Dios, de todo lo que pasa entre yo y Dios decir esto a un hombre, eso está por encima de las fuerzas. Y sentía que luchaba contra fuerzas poderosas y exclamé: Oh Cristo, Tú y el sacerdote son uno, me acercaré a la confesión como a Ti y no a un hombre. Al acercarme a la rejilla, descubrí primero mis dificultades. El sacerdote dijo que no había podido hacer mejor que revelar en primer lugar esas fuertes tentaciones. Y después de la confesión se dispersaron todas quién sabe dónde; mi alma disfruta de la paz.

1717 (84) Hoy hablé con el Señor que me dijo: Hay almas en las cuales no puedo hacer nada; son las almas que investigan continuamente a los demás sin ver lo que pasa en su propio interior. No dejan de hablar de los demás hasta durante el silencio riguroso que está dedicado para hablar Conmigo. Pobres almas, no oyen Mis palabras, quedan vacías en su interior, no Me buscan dentro de sus corazones sino en las habladurías donde Yo nunca estoy. Sienten su vacío, pero no reconocen su culpa y las almas en las cuales Yo reino con plenitud son su continuo remordimiento de conciencia. En vez de enmendar tienen los corazones donde crece la envidia y si no se arrepienten, se hunden más. El corazón, hasta ahora envidioso, empieza a cultivar el odio. Y ya están cerca del abismo, envidian a otras almas Mis dones, pero ellas mismas no saben y no quieren aceptarlos.

1719. Durante la Santa misa conocí que cierto sacerdote no obraba mucho en las almas, porque pensaba en si mismo, por lo tanto estaba solo, la gracia de Dios huía de él. Se basaba sobre bagatelas, cosas exteriores que a los ojos de Dios no tienen ninguna importancia; y tan soberbio que sacaba del vacío y vertía en el vacío, fatigándose inútilmente.

1722 Oí estas palabras: Si no Me ataras las manos, enviaría muchos castigos sobre la tierra. Hija Mía, tu mirada desarma Mi ira; aunque tu boca calle, Me llamas con tal fuerza que todo el cielo se estremece. No puedo regir tu súplica, porque no Me persigues a mucha distancia sino en tu propio corazón.

1723 (88) Una noche vino a verme el alma de cierta jovencita y me hizo sentir su presencia dándome a conocer que necesitaba mi oración. Recé un momento, pero su espíritu no se alejó de mí. Entonces dije dentro de mí: si eres un espíritu bueno, déjame en paz y las indulgencias de mañana serán para ti. En aquel momento, ese espíritu abandonó mi habitación; conocí que estaba en el purgatorio.

1725 Hoy, el Señor volvió a instruirme cómo debo acercarme al sacramento de la penitencia: Hija Mía, como te preparas en Mi presencia, así te confiesas ante Mí; el sacerdote es para Mí sólo una pantalla. No analices nunca de qué clase de sacerdote (89) Me estoy valiendo y abre el alma al confesarte como lo harías Conmigo, y Yo llenaré tu alma con Mi luz.

1728 (90) Escribe: Soy santo, tres veces santo y siento aversión por el menor pecado. No puedo amar al alma manchada por un pecado, pero cuando se arrepiente, entonces Mi generosidad para ella no conoce límites. Mi misericordia la abraza y justifica. Persigo a los pecadores con Mi misericordia en todos sus caminos y Mi Corazón se alegra cuando ellos vuelven a Mí. Olvido las amarguras que dieron a beber a Mi Corazón y Me alegro de su retorno. Di a los pecadores que ninguna escapará de Mis manos. Si huyen de Mi Corazón misericordioso, caerán en Mis manos justas. Di a los pecadores que siempre los espero, escucho atentamente el latir de sus corazones [para saber] cuándo latirán para Mí. Escribe que les hablo a través de los remordimientos de conciencia, a través de los fracasos y los sufrimientos, a través de las tormentas y los rayos, hablo con la voz de la Iglesia y si frustran todas Mis gracias, Me molesto con ellos dejándoles a si mismos y les doy lo que desean.

1730. (…) desde tiempo inmemorial nunca se ha oído, ni el cielo ni la tierra recuerdan que un alma confiada en Tu misericordia haya quedado decepcionada.

1739. Escribe, hija Mía, que para un alma arrepentida soy la misericordia misma. La más grande miseria de un alma no enciende Mi ira, sino que Mi Corazón siente una gran misericordia por ella.

1741. (99) La infinita bondad de Dios en la creación de los ángeles.

Oh Dios, que eres la felicidad en ti Mismo y para esta felicidad no necesitas a ninguna criatura, ya que eres en Ti Mismo la plenitud del amor, pero por tu insondable misericordia llamas a las criaturas a la existencia y las haces participes de Tu felicidad eterna y de Tu eterna vida interior divina que vives Tu, Único Dios, Trinitario en Personas. En Tu insondable misericordia has creado los espíritus angélicos y los has admitido a Tu amor, a Tu familiaridad divina. Los has hecho capaces de amar eternamente; aunque los has colmado, oh Señor, tan generosamente del resplandor de belleza y de amor, no obstante no ha disminuido nada Tu plenitud, oh Dios, ni tampoco su belleza y amor Te han completado a Ti, porque Tu en Ti Mismo eres todo. Y si los has hecho participes de Tu felicidad y les permites existir y amarte, es únicamente gracias al abismo de Tu misericordia, a tu bondad insondable por la cual Te glorifican sin cesar (100), humillándose a los pies de Tu Majestad y cantando sus himnos eternos: Santo, Santo, Santo…

1752. (…) Por la noche, cuando fui al oficio, durante las letanías vi al Señor Jesús: Hija Mía, empezamos los ejercicios espirituales. Contesté: Jesús, mi amadísimo Maestro, discúlpame, pero no voy a hacerlos, porque no sé si la Madre Superiora me da su permiso o no. Quédate tranquila, hija Mía, la Superiora te ha dado su permiso, lo sabrás mañana por la mañana, pero comenzamos los ejercicios esta noche….

Y efectivamente, por la noche la Madre Superiora telefoneó a la hermana [419] que me asiste en esta enfermedad para que me dijera que me permitía hacer los ejercicios espirituales; sin embargo la hermana se olvidó decírmelo y me lo dijo sólo a la mañana del día siguiente (116) disculpándose mucho conmigo por no habérmelo dicho el día. Anterior. Le contesté: Esté tranquila, yo ya he empezado los ejercicios espirituales según el deseo de la Superiora.

1753. Primer día
Por la noche Jesús me dio el tema de la meditación. En el primer momento el temor y .la alegría penetraron mi corazón. Entonces me estreché a su Corazón y el temor desapareció y se quedó la alegría. Me sentí por completo como hija de Dios, y el Señor me dijo: No tengas miedo de nada, lo que está vedado a los demás, te está concedido a ti; las gracias que a otras almas no les está concedido ver ni siquiera desde lejos, te nutren a ti cada día como el pan cotidiano.

1754. Considera, hija Mía, quién es Aquél al cual tu corazón está estrechamente unido por los votos…. Antes de crear el mundo, te amaba con el amor que ahora experimenta tu corazón y por todos los siglos (117) Mi amor no cambiará jamás.

1755 Aplicación: Al solo recuerdo de Aquél con quien mi corazón estaba esposado, mi alma entró en un recogimiento mas profundo y una hora me pasó como un minuto. En este recogimiento conocí los atributos de Dios. Inflamada así interiormente de amor, Salí al jardín para refrescarme; al mirar al cielo, una nueva llama de amor me inundó el corazón. Luego oí estas palabras:

1756 Hija Mía, si has agotado el tema que te ha sido propuesto, te daré otro. Contesté: Oh Majestad infinita, no me bastará la eternidad para conocerte…. Sin embargo, mi amor hacia Ti ha crecido muchísimo. Como un acto de agradecimiento deposito mi corazón a Tus pies, como un capullo de rosa: que su perfume encante Tu Divino Corazón ahora y en la eternidad. Qué paraíso [hay] en el alma cuando el corazón siente ser tan amado por Dios….

1757 (118) Hoy vas a leer el capitulo quince [del] Evangelio de San Juan. Deseo que leas muy despacio.

1758 Hija mía, medita sobre la vida divina que se encuentra en la Iglesia para la salvación y la santificación de tu alma. Considera cómo aprovechas estos tesoros de gracias, estos esfuerzos de Mi amor.

1759 Aplicación: Oh Jesús tan compasivo, no siempre he sabido aprovechar estos dones inestimables, porque no reparaba en el don mismo sino que me fijaba demasiado en el recipiente, en el que me entregabas tus dones. Oh mi dulcísimo Maestro, a partir de ahora ya será de otro modo: aprovecharé Tu gracia según pueda mi alma. Me sostendrá la fe viva; la gracia que me enviarás bajo cualquier aspecto, la aceptaré directamente de Ti sin pensar en el recipiente en (119) el cual me la enviarás. Si no siempre está en mi poder de recibirla con alegría, lo haré siempre sometiéndome a Tu santa voluntad.


1760 + Conferencia sobre la lucha espiritual

Hija Mía, quiero instruirte sobre la lucha espiritual. Nunca confíes en ti misma, sino que abandónate totalmente a Mi voluntad. En el abandono, en las tinieblas y en diferentes dudas recurre a Mí y a tu director espiritual, él te responderá siempre en Mi nombre. No te pongas a discutir con ninguna tentación, enciérrate inmediatamente en Mi Corazón y a la primera oportunidad, revélala al confesor. Pon el amor propio en el último lugar para que no contamine tus acciones. Sopórtate a ti misma con gran paciencia. No descuides las mortificaciones interiores. Justifica siempre dentro de ti la opinión de las Superioras y del confesor. Aléjate de los murmuradores como de una peste. (120) Que todos se comporten como quieran, tu compórtate como Yo exijo de ti. Observa la regla con máxima fidelidad. Después de sufrir un disgusto, piensa qué cosa buena podrías hacer para la persona que te ha hecho sufrir. Evita la disipación. Calla cuando te amonestan; no preguntes la opinión de todos sino de tu director espiritual; con él sé sincera y sencilla como una niña. No te desanimes por la ingratitud; no examines con curiosidad los caminos por los cuales te conduzco. Cuando el aburrimiento y el desanimo llamen a tu corazón, huye de ti misma y escóndete en Mi Corazón. No tengas miedo de la lucha a menudo el solo valor atemoriza las tentaciones, y no se atreven a atacarnos. Lucha siempre con esta profunda convicción de que Yo estoy a tu lado. No te dejes guiar por el sentimiento, porque él no siempre está en tu poder, todo el merito está en la voluntad. Depende siempre de las Superioras en las cosas más pequeñas. No te hago ilusiones con la paz (121) y los consuelos, sino que prepárate a grandes batallas. Has de saber que ahora estas sobre un escenario donde te observan la tierra y todo el cielo, lucha como un guerrero para que pueda concederte el premio; no tengas mucho miedo, porque no estás sola.


Segundo día

1761 Hija Mía, hoy considera Mi dolorosa Pasión, toda su inmensidad; medítala como si hubiera sido emprendida exclusivamente por ti.

1765 Hoy, hija Mía, tomarás por lectura el capitulo diecinueve del Evangelio de San Juan y lee no sólo con los labios sino con el corazón….

1766 Durante esta lectura mi alma estaba colmada de una profunda tristeza. Conocí toda la ingratitud de las criaturas para con su Creador y Señor. Pedí que Dios me perseverara de la ceguera del intelecto.

1767 Conferencia sobre el sacrificio y la oración.

(123) Hija Mía, quiero enseñarte a salvar las almas con el sacrificio y la oración. Con la oración y el sacrificio salvarás mas almas que un misionero sólo a través de predicas y sermones. Quiero ver en ti una ofrenda de amor vivo, ya que sólo entonces tiene el poder frente a Mí. Tienes que ser aniquilada, destruida, vivir como si estuvieras muerta en tu esencia más secreta. Tienes que ser destruida en este rinconcito secreto donde el ojo humano no llega nunca y entonces serás para Mi una ofrenda agradable, un holocausto, lleno de dulzura y perfume y tu fuerza será potente cuando intercedas por alguien. Por fuera tu sacrificio debe ser: escondido, silencioso, impregnado de amor, saturado de oración. Exijo de ti, hija Mía, que tu sacrificio sea puro y lleno de humildad para que pueda complacerme en él. No te escatimaré Mi gracia para que puedas cumplir lo que exijo de ti. Ahora te instruiré (124) en qué consistirá este holocausto en la vida cotidiana para preservarte de las ilusiones. Aceptarás con amor todos los sufrimientos; no te aflijas si muchas veces tu corazón siente repugnancia y aversión por este sacrificio. Todo su poder está encerrado en la voluntad, por lo tanto los sentimientos contrarios no sólo no disminuyen este sacrificio a Mis ojos, sino que lo hacen más grande. Has de saber que tu cuerpo y tu alma estarán a menudo en el fuego. Aunque en algunas horas no Me sientas, pero Yo estaré junto a ti. No tengas miedo, Mi gracia estará contigo….

Tercer día

1768 Hija Mía, en esta meditación considera el amor al prójimo: ¿es Mi amor lo que te guía en el amor al prójimo?, ¿rezas por los enemigos?, ¿deseas el bien a quienes te han entristecido o te han ofendido de cualquier modo?

Has de saber que cualquier (125) cosa buena que hagas a cualquier alma, la acojo como si la hubieras hecho a Mi Mismo.


Segunda meditación

1770 Ahora vas a meditar sobre Mi amor en el Santísimo Sacramento. Aquí estoy entero para ti, con el cuerpo, el alma y la divinidad, como tu Esposo. Tú sabes lo que exige el amor, una sola cosa, es decir, la reciprocidad….

1772 Jesús me dijo: Hija Mía, ¿tienes alguna dificultad en estos ejercicios espirituales? Contesté que no tenía. Durante estos ejercicios espirituales mi mente es como un relámpago. Con gran facilidad penetro todos los misterios de la fe, Maestro mío y Guía. Bajo el rayo de tu luz toda la oscuridad desaparece de mi mente.

1773 Hoy, como lectura tomarás el santo Evangelio escrito por San Juan, capitulo 21. Vívelo más con el corazón que con la mente.


1777. (128) Conferencia sobre la misericordia

Has de saber, hija Mía, que Mi Corazón es la Misericordia Misma. De este mar de misericordia las gracias se derraman sobre el mundo entero. Ningún alma que se haya acercado a Mi, se ha retirado sin consuelo. Toda miseria se hunde [en] Mi misericordia y de este manantial brota toda gracia, salvadora y santificante. Hija Mía, deseo que tu corazón sea la sede de Mi misericordia. Deseo que esta misericordia se derrame sobre el mundo entero a través de tu corazón. Cualquiera que se acerque a ti, no puede retirarse sin confiar en esta misericordia mía que tanto deseo para las almas. Reza, cuanto puedas, por los agonizantes, impetra para ellos la confianza en Mi misericordia, porque son ellos los que mas necesitan la confianza quienes la tienen muy poca. Has de saber que la gracia de la salvación eterna de algunas almas en el último momento dependió de tu oración. Tu conoces todo el abismo de Mi misericordia, (129) entonces recoge de ella para ti y especialmente para los pobres pecadores. Antes el cielo y la tierra se vuelven a la nada, que Mi misericordia deje de abrazar a un alma confiada.

1779. Fin de los ejercicios espirituales; última conversación con el Señor.

Te agradezco, Amor eterno, por Tu inconcebible benevolencia para mí, por ocuparte Tu Mismo directamente de Mi santificación. Hija Mía, que te adornen especialmente tres virtudes; humildad, pureza de intención [y] amor. No hagas nada mas, sino lo que exijo de ti y acepta todo lo que te dé Mi mano. Procura vivir en el recogimiento para oír Mi voz que es tan bajita que solo la pueden oír las almas recogidas…

1782 (131) Hoy, cuando salí al jardín, el Señor me dijo: Vuelve a tu habitación aislada, porque te esperaré allí. Al volver, vi inmediatamente al Señor Jesús que estaba sentado a la mesa y me esperaba. Mirándome bondadosamente me dijo: Hija Mía, deseo que ahora escribas, porque ese paseo no habría sido conforme a Mi voluntad. Me he quedado sola y en seguida me he puesto a escribir.

1784 Hoy, durante una conversación más larga, el Señor me dijo: Cuánto deseo la salvación de las almas. Mi queridísima secretaria, escribe que deseo derramar Mi vida divina en las almas humanas y santificarlas, con tal de que quieran acoger Mi gracia. Los más grandes pecadores llegarían a una gran santidad si confiaran en Mi misericordia. Mis entrañas están colmadas de misericordia que está derramada sobre todo lo que he creado. Mi deleite es obrar en el alma humana, llenarla de Mi misericordia (133) y justificarla. Mi reino en la tierra es Mi vida en las almas de los hombres. Escribe, secretaria mía, que el director de las almas lo soy Yo Mismo directamente, mientras indirectamente las guío por medio de los sacerdotes y conduzco a cada una a la santidad por el camino que conozco solamente Yo.

1789 (136) Hoy [423] he visto la gloria de Dios que fluye de esta imagen. Muchas almas reciben gracias aunque no lo digan abiertamente. Aunque su suerte varia, Dios recibe gloria a través de ella y los esfuerzos de Satanás y de la gente mala se estrellan y vuelven a la nada. A pesar de la maldad de Satanás, la Divina Misericordia triunfará en el mundo entero y recibirá el culto de todas las almas.

1790 He aprendido que para que Dios pueda obrar en un alma, ésta tiene que renunciar a actuar por su propia cuenta, ya que en el caso contrario Dios no realizará en ella su voluntad.

1793 Mis momentos más gratos son aquellos cuando estoy conversando con el Señor dentro de mí. Procuro, según está en mi poder, que no esté solo; a Él le gusta estar siempre con nosotros…

1797 Hoy el Señor entro en mi [habitación] y me dijo: Hija Mía, ayúdame a salvar las almas. Irás a casa de un pecador agonizante y rezarás esta coronilla con lo cual obtendrás para él la confianza en Mi misericordia, porque ya está en la desesperación.

1798 De repente me encontré en una cabaña desconocida donde, entre terribles tormentos, agonizaba un hombre ya avanzado en años. Alrededor de la cama había una multitud de demonios y la familia estaba llorando. Cuando empecé a rezar, los espíritus de las tinieblas se dispersaron con silbidos y amenazas dirigidas a mí. Esa alma se tranquilizó y llena de confianza descansó en el Señor.

En el mismo instante me encontré en mi habitación. Cómo esto sucede, no lo sé.


1801 Un día, durante la Santa Misa, el Señor me hizo conocer mas profundamente su santidad y su Majestad y al mismo tiempo conocí mi miseria. Me regocijé de ese conocimiento y toda mi alma se sumergió en su misericordia; me siento sumamente (141) feliz.


1802 Al día siguiente sentí evidentemente las palabras: Ves, Dios es tan santo y tú eres pecadora. No te acerques a Él y confiésate cada día. Y efectivamente, cada cosa en que pensé me pareció pecado. Sin embargo, no abandoné la Santa Comunión y decidí ir a confesarme a su debido tiempo, no teniendo un impedimento evidente. No obstante, cuando se acercó el día de la confesión, preparé una gran cantidad de pecados para acusarme de ellos.

Pero al acercarme a la rejilla, Dios me permitió acusarme de dos imperfecciones, a pesar de que me esforzaba por confesarme según me había preparado. Cuando me alejé del confesionario, el Señor me dijo: Hija Mía, todos los pecados que quisiste confesar no son pecados a [142] Mis ojos, por lo tanto te he quitado la posibilidad de decirlos. Conocí que Satanás, queriendo turbar mi paz, me sugiere pensamientos exagerados. Oh Salvador, qué grande es Tu bondad.

1804. (2) El momento más solemne de mi vida es cuando recibo la Santa Comunión. Anhelo cada Santa Comunión y agradezco a la Santísima Trinidad por cada Santa Comunión.

Si los ángeles pudieran envidiar, nos envidiarían dos cosas: primero, La Santa Comunión y segundo, el sufrimiento.



1810. (5) 4. Hoy me preparo para la venida del Rey.

Qué soy yo y qué eres Tú, Señor, Rey de la gloria, gloria inmortal. Oh corazón mío, ¿te das cuenta de quién viene a visitarte hoy? Sí, lo sé, pero es curioso que no puedo comprenderlo. Oh, si fuera solamente un rey, pero éste es el Rey de reyes, Señor de los señores. Antes Él tiembla todo poder y autoridad. Hoy Él viene a mi corazón. Lo oigo acercarse, salgo a su encuentro y lo invito. Cuando entró en la morada de mi corazón, mi alma se llenó de un respeto tan grande que se desmayó atemorizada, cayendo a sus pies. Jesús le dio su mano y le permitió bondadosamente sentarse a su lado. La tranquilizó: Ves, he dejado el trono de los cielos para unirme a ti. Lo que estás viendo es apenas una pequeña muestra y tu alma se desmaya de amor. ¡Cuánto se asombrará tu corazón cuando Me veas en toda la plenitud de la gloria! Quiero decirte, sin embargo, que la vida eterna debe iniciarse ya aquí en la tierra a través de la Santa Comunión. Cada Santa Comunión te hace más capaz para la comunión con Dios por toda la eternidad.



1823. (…) Jesús, Salvador que Te dignaste (10) venir a mi corazón, aleja estas distracciones que me impiden hablar Contigo.

Jesús me contestó: Quiero que seas como un oficial entrenado en la lucha que, entre el estruendo de las balas, sabe dar órdenes a los demás. Igualmente tu, hija Mía, entre las mas grandes dificultades, has de saber dominarte y que nada te aleje de Mi, ni siquiera tus caídas.



FIN









Grupo Divina Misericordia

Para la propagación de la Devoción a la Divina Misericordia.

Deseo que el mundo entero conozca Mi misericordia; deseo conceder gracias inimaginables a las almas que confían en Mi misericordia. (Diario, 687)

A las almas que propagan la devoción a Mi misericordia, las protejo durante toda su vida como una madre cariñosa a su niño recién nacido y a la hora de la muerte no seré para ellas el Juez, sino el Salvador Misericordioso (Diario, 1075).

¡Jesús, en Ti confío!

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¡Jesús, en Ti confío!